Doña Francisquita LA ASOMBROSA HISTORIA DE LA PELÍCULA CREADA POR JUDÍOS QUE HUYERON DEL NAZISMO, por Javier Zurra

La zarzuela se convirtió rápido en uno de los géneros favoritos de la gente. Su mezcla de historias costumbristas y música la hacían irresistible, y tanto en Madrid como Barcelona fue un auténtico fenómeno. Entre las obras que destacaron se encuentra Doña Francisquita, una comedia lírica en tres actos escrita por Federico Romero Sarachaga y Guillermo Fernández-Shaw Iturralde, y basada en La discreta enamorada de Lope de Vega, que a su vez tomaba personajes del Decamerón. Una obra que que se estrenó en el Teatro Apolo de Madrid el 17 de octubre de 1923.

El éxito de la zarzuela hizo que el recién nacido cine pusiera su mirada en ella para realizar adaptaciones. Muchas son conocidas para el gran público, por ejemplo la versión de Doña Francisquita realizada por Ladislao Vajda en 1952. Lo que pocos saben es que mucho antes, en 1934, ya hubo una versión que ahora ha restaurado Filmoteca Española, en colaboración con el Teatro de la Zarzuela y que, según Fernando González García, profesor en la Universidad de Salamanca, su versión restaurada permite comprender tanto las buenas críticas que recibió en el momento de su estreno, como el éxito de público del que gozó, siendo la tercera película española de ese año que más días permaneció en cartel en España”.

La historia de esa primera versión de Doña Francisquita parece sacada de una película, ya que la produjo Ibérica Films, empresa en la que se refugiaron decenas de judíos que huyeron de Alemania para escapar del nazismo. Vinieron a una España en la que la república parecía un lugar seguro sin temer que una guerra contra el fascismo asolaría el país poco tiempo después. Recayeron en Barcelona, y desde allí trabajaron en el incipiente mundo del cine.

Sólo hay que mirar a los créditos de la película para sorprenderse. Dirigida por Hans Behrendt y con Heinrich Gärtner como director de fotografía. El género más castizo vivió una de sus primeras adaptaciones de la mano de extranjeros, lo que, como explica el director de la Filmoteca, Josetxo Cerdán, “nos enseña en la actualidad que la colaboración entre diferentesculturas puede resultar en la creación de algo maravilloso”.

Valeria Camporesi, historiadora de cine y profesora de la Universidad Autónoma de Madrid, cree que esta adaptación es interesante por sus valores estéticos y por su “recreación mítica de un Madrid castizo y premoderno que aporta una visión actualizada de las tradiciones locales”. Camporesi explica que el hijo de Amadeo Vives, el maestro que compuso la música de la zarzuela original, tuvo claro que quería una adaptación al cine al ver “el éxito mundial en España y América Latina, con la curiosidad de que en Barcelona funcionó mejor que en Madrid”.

Lo consigue “cuando llegan a España judíos expulsados de Europa central. Eran cineastas, productores y otros profesionales judíos que habían estado en la sociedad húngara y alemana y que huyen de las persecuciones”. Recaen en Barcelona, que mostraba más atractivo por tener más estudios construidos y porque presenta “más atractivo para su expansión internacional”.

“Damos otro paso en la cuestión del mestizaje. Lo curioso es que es una película clasificada como española, porque la productora está instalada en España y apoyada por el mundo financiero catalán, pero a su vez tiene este componente internacional muy fuerte. Los que participan en la producción son judíos, como el director de fotografía Heinrich Gärtner que luego sería conocido como Enrique Guerner. Eso es un germen que se va a asentar en la cultura española, y de hecho la propia Doña Francisquita de los años 50 viene de la misma experiencia, es el hijo de un judío expulsado de Hungría el que la rueda”, cuenta la historiadora a EL ESPAÑOL.

Fotograma de Doña Francisquita.
Fotograma de Doña Francisquita.

Una de las cosas más atractivas es que son dos personajes femeninos los que llevan las riendas, pero la novedad llega en la estética. No se sabe exactamente la taquilla de la película, porque no había control de venta de entradas, pero duró muchísimas semanas en cartel y fue un éxito a pesar de alguna crítica que “consideraba inoportuna que una empresa tan extranjera se apropiara de contenidos españoles”.

Eran años de progresismo, de aperturismo, pero que duraron poco. Por eso, y por catástrofes del azar, la vida de Ibérica Films fue corta. “Tenían también un patrimonio de películas para distribuir además de las que querían rodar y producir en España, pero en el verano de 1934 se incendia el estudio, no se sabe si fortuitamente o no, y pierden muchísimo material e infraestructura que tenían y que se habían traído y eso fue un golpe muy fuerte. Consiguen hacer otras tres películas, pero ninguna de extrema visibilidad. También contribuyó la fuerte competencia y la llegada de la guerra, el único que quedó después fue Enrique Guerner, que después volverá”, apunta Valeria Camporesi que subraya la necesidad de restaurar películas, pero también lo importante de que estas encuentren el público y que se estrenen para que la gente las pueda disfrutar.

Publicado originalmente en https://www.elespanol.com

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