Letras AQUEL 23 DE FEBRERO DE 1981

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Cercas revisa un momento decisivo en la construcción de la democracia española.

Un libro sorprendente y apasionante sobre un momento decisivo en la historia contemporánea de España, escrito por un hombre de quien conocemos mejor sus trabajos de ficción. Javier Cercas —El vientre de la ballena y Soldados de Salamina, entre otros títulos— confiesa que comenzó a redactar Anatomía de un instante como material inicial de una novela sobre los hechos fundamentales y los protagonistas del intento de golpe de Estado que aquel oscuro teniente coronel Tejero lideró contra la aún joven democracia española, exactamente a las 6 y 23 minutos de la tarde del 23 de febrero de 1981. Pero la desconcertante data de la realidad se impuso sobre la ficción y adquirió el formato del ensayo para desentrañar las claves políticas de una asonada militar que tuvo complicidades civiles. El instante de marras es aquel que quedó plasmado para la historia —gracias a las cámaras de video que grababan las sesiones del Congreso de los Diputados— cuando Leopoldo Calvo Sotelo estaba a punto de ser elegido presidente del gobierno en sustitución de Adolfo Suárez —el hombre de la transición a la democracia desde la muerte de Francisco Franco— y un grupo de militares irrumpió en el hemiciclo disparando. Los ministros y parlamentarios presentes se echaron al piso. Sólo tres hombres se negaron a hacerlo: el presidente saliente Suárez, el legendario líder comunista Santiago Carrillo —entonces con 66 años a cuestas—  y el también anciano general Manuel Gutiérrez Mellado, vicepresidente aún en funciones y antiguo camarada de armas de Franco. Eran Tejero, Suárez, Carrillo y Gutiérrez Mellado. Cuatro personajes principales en una misma situación dramática. Hubo un quinto personaje decisivo: el rey Juan Carlos I. Al día siguiente, al fracasar la intentona, se consolidó la democracia española.

El escritor de 48 años, oriundo de Cáceres, aborda el ensayo con herramientas literarias y aun cinematográficas que dotan a su relato de un tono casi novelesco que no desdice de su carácter profundamente arraigado en la documentación de aquel episodio. La profusión de datos revela un trabajo de investigación que puso de relieve la mayor parte de las piezas de un rompecabezas con muchas implicaciones. De entrada, Cercas propone al lector una visión compleja del momento histórico de la España del destape y de la notoria crisis política que amenazaba la estabilidad democrática. Cinco años y algunos meses habían transcurridos desde la muerte de Franco el 20 de noviembre de 1975 y aún persistía la tentación dictatorial y militarista del hombre que gobernó con mano firme y con el respaldo de los sectores más conservadores y del ala más rancia del catolicismo. Tejero, de varias maneras, constituyó su última expresión pública pero no la única escondida en los pliegues de la sociedad española de entonces.

A partir de las imágenes grabadas en video, Anatomía de un instante establece la participación de cada uno de los tres hombres que se negaron a echarse al piso. En un monitor imaginario Cercas registra por separado las imágenes del video que exponen las actuaciones de Suárez, primero, Carrillo, después, y Gutiérrez Mellado, en tercer lugar, para ofrecer una mirada múltiple pero integrada del dramatismo de aquellos momentos. Cada uno de estos personaje motiva un conjunto de reflexiones sobre sus conductas y sus vínculos con el el momento político, fundamentadas en una amplísima compilación de datos. El escritor cubre desde tres ángulos distintos lo que pasó en el Congreso de los Diputados para proponer un cuarto ángulo —externo a ese recinto— desde la perspectiva del Rey.

Resulta curioso observar a los tres hombres que resistieron el embate de Tejero y sus secuaces. En primer lugar, el aún joven Suárez gozaba del prestigio de haber conducido la transición española a la democracia pero, al mismo tiempo, padecía del desgaste político producto del reacomodo de partidos políticos  —nuevos y viejos— y de organizaciones sociales como sindicatos y gremios. Aquel 23 de febrero de 1981 le brindó la oportunidad de reivindicarse ante su país. No se echó al piso. Estuvo dispuesto a morir. Un gesto de dignidad de un hombre contra quien todos conspiraron. Cercas lo elogia como un político puro, de firme personalidad, que se la jugó esa tarde en Madrid. Y ganó.

En segundo término, Carrillo había andado una de las trayectorias políticas más largas y rocambolescas de la política española. Secretario general del PCE para la fecha, había dado un giro significativo desde sus primeras posiciones como militante marxista —que lo condujo a liderar una abortada rebelión obrera en 1934— que implicaba la toma del poder por la vía de las armas, hasta una madura conciencia democrática —después de casi 40 años de dictadura franquista— que le exigía la defensa de ese sistema político y social que colocó a España en el camino del desarrollo y del primer mundo.

Finalmente, Gutiérrez Mellado también había dado un giro de importancia a favor de la democracia, a pesar de haber sido uno de los protagonistas principales del alzamiento de los nacionales contra la República en 1936. Toda una vida al lado de Franco también lo condujo a revisar sus posiciones y a optar por la modernidad que el país reclamaba. Actitud que compartió con su enemigo de toda la vida —Carrillo— y con el hombre que todo el mundo quería sacar del poder —Suárez— en una situación signada por las conspiraciones pero también por el azar.

Un militar de derecha, un militante de izquierda y un hombre de centro. Vaya combinación.

Cercas pone muy en claro que fue el Rey quien paró todo aquello y que «si hubiese deseado su triunfo, el golpe hubiese sin la menor duda triunfado». Se apunta también que «apenas hubo un gesto de rechazo público al golpe en toda España hasta que ya de madrugada el Rey compareció en televisión condenando el asalto». El hombre que quería ser rey —como se afirmaba entonces— se convirtió en el hombre que decidió el destino de la democracia.

ANATOMÍA DE UN INSTANTE, de Javier Cercas. Literatura Mondadori, editorial Ramdon House Mondadori, Barcelona, 2009. 463 páginas.

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