El amor en los tiempos del cólera EL LARGO VIAJE HACIA EL AMOR DE FERMINA DAZA Y FLORENTINO ARIZA, por Alfonso Molina

el-amor-en-los-tiempos-del-colera-1.jpgHe leído y escuchado tantas críticas negativas sobre El amor en los tiempos del cólera que fui a verla con cierta desconfianza, más como un deber de crítico que como un placer de espectador. Debo confesar que hace unos tres años volví a leer la novela de Gabriel García Márquez, tal vez la que más me gusta de este autor colombiano y universal, y me preguntaba por qué no se había hecho una película sobre ella. Por eso mi desdén fue abriendo paso a la sorpresa en la medida en que encontré en las imágenes, las atmósferas y los personajes del film de Mike Newell la esencia exuberante y fantástica de la novela. Aquel amor que tardó un poco más de 53 años en realizarse, contra viento y marea, estaba allí en la pantalla, con la morbidez de la pasión y el absurdo. En esta oportunidad no estoy de acuerdo con la mayoría de los críticos que en Estados Unidos, España y Colombia la han destrozado de forma impía. Ya les explico por qué.

Se afirma con demasiada frecuencia que García Márquez no ha tenido suerte con el cine, lo cual es cierto sólo parcialmente. Se cuentan 38 producciones para cine y televisión que se han inspirado en sus novelas y cuentos o en guiones escritos directamente por el Gabo. Realizadores latinoamericanos de la talla de Luis Alcoriza (Presagio, 1975), Arturo Ripstein (Tiempo de morir, 1966, El coronel no tiene quien le escriba, 1999), Miguel Littín (La viuda de Montiel, 1979), Tomás Gutiérrez Alea (Cartas desde el parque, 1989), Ruy Guerra (Eréndira, 1983, Fábula de la bella palomera, 1988), Jorge Alí Triana (Tiempo de morir, 1985) y Jaime Humberto Hermosillo (El verano de la señora Forbes, 1988) han adaptado sus textos a la gran pantalla, con resultados desiguales, la verdad. El prestigioso regista italiano Francesco Rosi dirigió Crónica de una muerte anunciada sin mucha suerte. Se cuenta, incluso, que el maestro japonés Akira Kurosawa intentó realizar El otoño del patriarca pero su avanzada edad le impidió llevarla acabo. Ahora le tocó a un inglés, Mike Newell, enfrentar el reto y las adversidades de El amor en los tiempos del cólera.

Lo primero que deseo destacar es que el film de Newell atrapa el planteamiento medular de la novela y lo expresa fielmente en un lenguaje diferente y bajo condiciones distintas, sin incurrir en el servilismo. En esa desigual lucha que libran la literatura y el cine —casi siempre a favor de las letras— se pone de relieve la especificidad de cada lenguaje. Son dos formas narrativas distintas. La obra literaria precede al film y de varias maneras lo condiciona. En este sentido, el trabajo guionístico de Ronald Harwood —Oscar por El pianista hace 5 años— no intenta reproducir mecánicamente la novela del Gabo sino propone su recreación fundamental sobre la base de ciertos ideas ceñeras. Las relaciones entre el amor y la muerte, entre la permanencia de un sentimiento y la esperanza casi ciega fluyen de manera precisa para generar el encuentro tardío pero inevitable.

La trama del film sigue al estructura de la novela, aunque sintetiza ciertas situaciones y elimina algunos personajes secundarios. Desde las campanadas de Pentecostés que anuncian la muerte de Juvenal Urbino —esposo de Fermina Daza— hasta la escueta frase que profiere Florentino Ariza como la respuesta que ha preparado desde hace cincuenta y tres años, siete meses y once días con sus noches: «toda la vida». El sentido de lo absoluto, de lo determinante y de lo inevitable que atraviesa la novela del Gabo —publicada en 1985, tres años después de obtener el Nobel— se expresa cabalmente en el film.

En el plano de la puesta en escena, Newell desarrolló un estilo visual que recoge la calidez y la exuberancia del trópico como escenario de esta historia de amor incansable que va del siglo XIX al XX marcando el paso de una sociedad donde imperan valores sociales y morales muy conservadores, pero absolutamente incapaces de frenar la sensualidad y el goce de sus personajes. El director inglés ciertamente no hizo una película tipo Hollywood ni acuñó los estereotipos tradicionales con que nos miran usualmente desde el Norte. La fotografía del brasileño Affonso Beato —habitual colaborador de Pedro Almodóvar, Walter Salles y Stephen Frears— escudriña en la luz que se desplaza del Caribe hacia la selva. El montaje de Mick Audsley establece un ritmo pertinente con la vida de la costa colombiana. La música del brasileño Antonio Pinto —autor de la banda musical de Ciudad de Dios— expresa la intensidad afectiva o la alegría del placer de manera precisa y a la vez fluida. La producción es impecable sin incurrir en efectos especiales. Lo único que me molestó es oír a Florentino Ariza y Fermina Daza hablando en inglés. Una película como ésta exigía hablarse con acento costeño.

También se ha criticado mucho las actuaciones de Javier Bardem y Giovanna Mezzogiorno. Se les señala de interpretaciones frías y distantes. Tampoco estoy de acuerdo. La actriz italiana se afianza en su personaje que va de la ingenuidad a la ira, del amor a la desesperanza. Ella «envejece» con Fermina Daza no sólo físicamente sino también en el plano afectivo en una actuación más bien serena. El gran Bardem, el mayor actor español vivo, también evoluciona con un rol que roza el absurdo pero se nutre de lo fantástico. Un hombre que ha buscado olvidar a su amada en la carne de 622 mujeres pero que a su manera permanece leal a sus votos de fidelidad. El resto del elenco corre parejo, sin sobresaltos, con el trabajo a destacar de la brasileña Fernanda Montenegro y la colombiana Catalina Sandino Moreno junto a los norteamericanos de origen latino John Leguizamo, Benjamin Bratt y Héctor Elizondo. También actúa en un brevísimo papel Indhira Serrano, la chica que hace años filmó Piel a las órdenes del venezolano Oscar Lucien.

EL AMOR EN LOS TIEMPOS DEL CÓLERA («Love in the time of cholera»), EEUU, 2007. Dirección: Mike Newell. Guión: Ronald Harwood. Producción: Brantley M. Dunaway, Scott LaStaiti, Dylan Russell, Scott Steindorff. Fotografía: Affonso Beato. Montaje: Mick Audsley. Música: Antonio Pinto. Vestuario: Marit Allen. Elenco: Javier Bardem, Giovanna Mezzogiorno, Benjamin Bratt, Fernanda Montenegro, Catalina Sandino Moreno, Hector Elizondo, Laura Harring, Ana Claudia Talacon, John Leguizamo, Unax Ugalde. Indhira Serrano y Liev Schreiber, entre otros. Distribución: 20th Century Fox.

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