La Cocinera ESE ESPEJO EN EL QUE NO QUEREMOS VERNOS, por Alejandro Celedón Mendoza

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Destaca el trabajo de Layla Vargas en su papel de la cocinera Gladys, valiente y entrañable. Foto cortesía de La Caja de Fósforos.

El Espacio Plural del Trasnocho Cultural sirve de escenario a La cocinera, un drama que a través de una historia humana y conmovedora muestra las distintas visiones de un mismo país.

Las voces de la Guarachera de Cuba, la inolvidable Celia Cruz, y Willy Chirnos reciben a los espectadores; entonan loas a esa tierra de palmeras y mucho swing que los vio nacer pero a la que no podrían regresar. Al encenderse las luces del escenario ya Gladys está allí, dueña y señora de su cocina, ese espacio en el que a punta de sofritos, tamales, pollos rellenos bañados en jugo de naranja, y claras de huevo batidas a punto de nieve transcurrirán 40 años de su vida dedicados a cumplir una promesa: defender la casa de sus patronos de los estragos de la Revolución comandada por Fidel Castro.

La historia

Los esposos Santana, cercanos a Fulgencio Batista, ofrecen en su mansión de La Habana una gran fiesta para dar la bienvenida al nuevo año. Entre copas de champaña y bandejas de deliciosos pasapalos preparados por la virtuosa Gladys, se cuela el temor ante el acecho de los barbudos que amenazan con derrocar al dictador, amparados en la promesa de un ideal construido sobre los principios de igualdad de clases, reparto de bienes y justicia social.

El año 1959 llega y con él la amenaza se cumple. Al igual que Batista, los patrones de Gladys deciden huir dejando en manos de su fiel cocinera el cuidado de la casa. Ella, a pesar de las vicisitudes, se mantendrá firme en su tarea siempre con la esperanza del regreso de sus jefes, en especial de la señora Adria a quien le profesa un profundo cariño y total agradecimiento, no ajena a los profundos cambios que con la llegada de los Castro al poder afectarán la vida del pueblo cubano: la división ideológica y socioeconómica, el embargo estadounidense, el apoyo y posterior abandono soviético, la libreta de racionamiento, el exilio, la persecución. La otrora mansión de los Santana terminará convertida en un paladar, esos restaurantes para turistas establecidos en una casa de familia y atendidos por esta.

El montaje

El éxito de esta pieza, escrita por el reconocido dramaturgo cubano-estadounidense Eduardo Machado, radica en mostrar mediante una historia humana y conmovedora, con acertados toques de humor, las distintas visiones de un mismo país: la de quienes aman a Fidel por encima de todas las cosas, la de quienes lo rechazan pero han tenido que lidiar por tantos y tantos años con la Revolución, y la de quienes se fueron del país y desde el exilio se sienten hondamente traicionados y cargados de añoranzas. También se reflejan las fuertes implicaciones de vivir en una sociedad polarizada.

Este montaje fue seleccionado en el Taller Superior de Dirección y presentado luego en el marco del I Festival de Teatro Contemporáneo Estadounidense, ambos producidos por La Caja de Fósforos, excelente iniciativa encabezada por el director y docente Orlando Arocha, el actor y director Ricardo Nortier y la primera actriz, directora y docente Diana Volpe, quienes se dieron a la tarea de abrir un espacio para la actividad artística, la experimentación, la pedagogía y la creación teatral. Gracias al apoyo de la Alcaldía de Baruta, esta propuesta funciona en una sala multiuso ubicada en la Concha Acústica de Bellomonte.

Con su temporada en la Caja de Fósforos La cocinera obtuvo cinco premios municipales de teatro y tres premios de la crítica teatral. En vista de tales reconocimientos y con la coproducción de la agrupación Deus Ex Machira, llega ahora al Espacio Plural del Trasnocho Cultural, bajo la acertada dirección de Rossana Hernández.

En cuanto a las actuaciones destaca el trabajo de Layla Vargas en su papel de la cocinera Gladys, valiente y entrañable; y el de Rubén León en el de Carlos, su esposo y fiel defensor de la Revolución Cubana. Ambos convencen con sus interpretaciones; el público los ve envejecer, los años se les van notando. Ernesto Campos, quien da vida a Julio, el alegre primo de Gladys que termina sus días en un campo de trabajo forzado por ser homosexual, si bien tiene el tipo perfecto para encarnar al personaje, luce un tanto sobreactuado en ocasiones con gestos excesivos. Bien lograda la ambientación de la obra, con todo lo que ello conlleva; detalles de la escenografía como la nevera, el teléfono, el televisor, la tostadora y hasta un diario Gramma, junto al vestuario y la música, ubican al espectador en la época.

El gran protagonista de esta historia es el pueblo cubano, ese que como bien dijo el cantautor panameño Rubén Blades en las dedicatorias de su disco Cantares del subdesarrollo, “ha sobrevivido al bloqueo imperialista y a la dictadura marxista sin perder su esencia solidaria, humor, amor y esperanza”.

La cocinera estará en cartelera en el Espacio Plural del Trasnocho Cultural hasta el 13 de septiembre con funciones viernes a las 8:00 pm y sábados y domingos a las 7:00 pm. Las entradas, a un precio de Bs. 350,00, están a la venta en las taquillas del teatro y en www.ticketmundo.com.

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