La máxima felicidad LA VUELTA DEL TEATRO DE AUTOR, por Yoyiana Ahumada L.

la maxima felicidadEn 1974 Acción Democrática se hacía con el poder por tercera vez en la historia democrática del país, Carlos Andrés Pérez, asumía la Presidencia de Venezuela y la iniciaba en la cultura del despilfarro producido por la exuberante renta petrolera. La riqueza era eterna, como la juventud. Aquel mito de El Dorado, regresaba con plena vigencia para no irse jamás.

La sociedad venezolana enfrentó como cuando el reventón de primer pozo petrolero, un sacudón en su sistema de valores —los de la llamada Venezuela Saudita— y el teatro se dispuso a dialogar con el país. Interpeló a la nación en distintos tonos: la revisión histórica desde el marxismo y un primer Brecht (César Rengifo), el realismo social de Román Chalbaud, hasta la propuesta de un teatro existencialista como el de Isaac Chocrón, pasando por la paradójica poética cabrujiana del desencanto; junto a Mariela Romero, Elisa Lerner, Xiomara Moreno entre tantas voces.

Estrenada en 1974, con gran éxito de crítica y público, La máxima felicidad de Isaac Chocrón (Maracay, 1930-2011) vino a convertirse en la reafirmación de la que será la temática obsesiva de este autor: el desarraigo —según Carmen Mannarino— que visto hacia adelante, y a lo largo de su obra, irá transformándose en la exploración de las relaciones no convencionales para crear lazos afectivos. Viene a ser esta pieza parte de la sexta década de su producción teatral, caracterizada por un mundo creativo profundamente intimista que comienza con Animales feroces (1963).

La historia de ¿amor? de un trío de personajes extraídos de distintos mundos, una suerte de veletas, que se encuentran para hacer un experimento: el de romper con toda forma afectiva heredada de la tradición, una apuesta por probar nuevas formas de crear lazos.

La obra regresa después de un cuarto de siglo a las tablas caraqueñas convertida en una invitación-desafío al espectador en la propuesta del productor Nelson Lehman, que se estrena con gran éxito en las lides de la dirección teatral. Representada en una de las salas del Teatro Santa Fe, la pieza abraza desde la entrada a la sala. La música del actor y músico Nacho Huett, hace de soundtrack del laberinto citadino donde estos tres seres: Pablo, un homosexual, productor y director de cine frustrado, Leo, un diletante que “quiere ser algo”, y una advenediza Perla, que casi funge de señora del hogar, intentan probar la premisa del mayor del grupo: el amor perfecto se compone de tres individuos.

Esa sensación de estar asistiendo a una ceremonia intima, no abandona al espectador hasta mucho después de terminada la función. El público se convierte en un voyeur de la vida de Perla, Pablo y Leo, en un trío donde los roles de amado-amante se intercambian y la familia es resultado del ejercicio de libre albedrio, una elección individual. La desolación de Leo, la sabiduría petulante de Pablo (Gonzalo Cubero), y la simpleza de Perla, se encuentran en una permanente danza de amor-odio en el claustro de ese mundo perfecto donde han decidido vivir.

En La máxima felicidad, la proposición de la felicidad como estado absoluto queda incumplida. Es más el camino, una búsqueda, un lance para descomponer acuerdos socialmente aceptados como el de la pareja monogámica, pero además un cuestionamiento a conceptos totalizantes de la cultura moderna como la sociedad, el país o la nacionalidad.

La necesidad de pertenecer a algo; la dicotomía entre la familia heredada, casi a manera de herencia “karmática”, y la familia elegida, esa que conformamos a partir de coincidencias y encuentros con la plena conciencia de la elección, la búsqueda del amor como único sentido de la vida y la fatalidad de la muerte, junto a un impecable uso de la palabra, hacen de esta obra una pieza de relojería. Redonda y lacerante, esta obra infaltable del repertorio venezolano, muestra a sus tres actores  —Mayte Paryas (Perla), Gonzalo Cubero (Pablo)y Jornell Ariza (Leo)— cómodos en sus roles y dueños de ese espacio que habitan. A momentos parecen fieras a punto de matarse, otras tres seres desnudos y al descampado.

Por eso estremecerse con esta pieza, llorar con ella, es un regalo.

Completan el equipo Raquel Ríos en el vestuario, Gerónimo Reyes en la iluminación y Nacho Huett, en la música. La producción general es de Gonzalo Irigoyen, de Proyectos en Ebullición, y la producción ejecutiva de Image Producciones. Todos bajo la dirección de Nelson Lehman.

Breve conversa con Nelson Lehman, director de La máxima felicidad.

—Reponer esta pieza era una obligación/placer de mí espíritu ansioso de buen teatro. En una de las últimas entrevistas hechas al maestro por la periodista Milagros Socorro, él hablaba que le hubiera gustado escribir sobre “El amor”… Es extraño su comentario ya que esta obra, habla precisamente del afecto sin tabúes, de una pasión combativa, de la necesidad de amar y ser amado. Todos sus conceptos acerca de la familia adquirida y esos personajes cargados de culpas y miedos son atractivos y están vigentes en cualquier lugar. Es muy atrayente ese planteamiento de un amor sin barreras, de un amor más amplio y sabio; los personajes lo expresan con claridad: Pablo, “Ah, el amor. Lo único que vale la pena”. También dice Perla, “La felicidad es… sentirse bien con alguien”. A lo que Pablo añade, “la felicidad es… no sentirse seguro sino estar seguro… no tener a alguien…sino ser de alguien… ser porque uno escogió comprometerse”. Hoy en día, como todos los días, el ser humano busca el amor, esa fórmula que nos ayude a continuar, a seguir. Por eso la vigencia eterna de esta pieza. El amor… algunos lo encuentran, otros como yo, lo seguimos buscando… ¿Será que ya paso por nuestras vidas y no nos dimos cuenta? Será el amor… será…

—Se ha declarado el 2014 como el año del jubileo del dramaturgo Isaac Chocrón; su obra se está llevando a escena en Buenos Aires, Madrid y en Caracas: Los navegaos, La máxima felicidad, Asia y el Lejano Oriente y Mesopotamia. Nos pertenece su palabra, esa oración perfecta, impecable sobre la que se construye su juego dramático. Nos enorgullece que el dramaturgo sea Doctor Honoris Causa de la Universidad Central de Venezuela, profesor fundador y exdirector de la Escuela de Artes. Sepamos que tantos hombres de teatro del siglo XX y el XXI habrán de formarse y continuarán como hombres de teatro gracias a su generosidad, desde el legado que encomendó a la Fundación Chocrón, conformada por varios miembros de esa familia a la que eligió: Javier Vidal, Luis Parada, Enrique Pérez Oramas, Garam Mata, Rafael Baquedano S.J., Martin Hanh y Michel Hausmann.

—Mientras se alce el telón con alguna de sus maravillosas piezas, Isaac está despierto, esperando por Sara, listo para el estreno. Y para orar junto a Teresa de Ávila, la Doctora de la Iglesia de quien era devoto confeso.

Esta producción se presentará los sábados a las 8:00 p.m. y los domingos a las 7:00 p.m. Estará en cartelera hasta el 27 de julio. Las entradas para las funciones pueden adquirirse a través de www.ticketmundo.com o en la taquilLa del teatro Santa Fé, ubicado en la, Torre del Colegio Médicos del Distrito Metropolitano de Caracas, Av. José María Vargas, Santa Fe Norte.

 

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