Insólito discurso LA CULPA LA TIENEN OTROS, por Pedro Luis Echeverria

Comparte en tus redes
Protestas ciudadanas
Aquí están miles de culpables.

El pasado domingo, en horas de la noche, cuando me disponía a escribir este artículo, se anunció una cadena nacional en la que el Presidente haría importantes reflexiones sobre el acontecer nacional. Creí, que debido a los difíciles momentos que vive el país, el alto gobierno se había avocado a estudiar la situación y se aprestaba a presentar algunas iniciativas para solventar los problemas. Craso error de mi parte. La alocución presidencial se dedicó a justificar lo injustificable, a diluir las ineludibles responsabilidades del gobierno por la vesania y abusos de sus descontrolados esbirros contra los jóvenes estudiantes, a “denunciar” supuestas conspiraciones e intentos de magnicidio, a amenazar radicalizar el proceso mediante el amparo y uso ilegal de las armas de la República, a ridiculizar a los líderes de la oposición, a burlarse de la valentía con que los manifestantes opositores se enfrentan desventajosamente a la represión gubernamental y a las desenfrenadas huestes de sus acólitos tarifados y, a presentarse ante el país como supuesta víctima de los excesos estudiantiles imbuidos por unas tenebrosas influencias. Es decir, fue una perorata desesperada que no trasuntaba autoridad y cuyo contenido y estilo estuvo muy distante de ser un discurso de un jefe de estado, de un estadista preocupado por la suerte de la Nación; se suponía que sus palabras deberían infundir tranquilidad y sosiego a una sociedad conmovida por la virulencia de los acontecimientos, pero causaron el efecto contrario, más angustia y desasosiego colectivos.

Pero no quedó allí. En la segunda parte del show, el Presidente, en comandita con Cabello, se dedicó a tratar de encontrar a los culpables de lo que ocurre en el país. Vano y fútil intento. Acusó, sin convencer a nadie, a líderes opositores, a Fedecámaras, a las universidades y hasta a los habitantes del este de Caracas, de formar parte de un siniestro plan para desestabilizar y derrocar al gobierno. Señaló, basado en una supuesta conversación entre un funcionario del Departamento de Estado y el Embajador de Venezuela ante la OEA, que el referido plan había sido urdido por los Estados Unidos con la colaboración del ex presidente Uribe y como ejecutores del mismo aparecían los “apátridas” opositores. En síntesis, a la usanza del que se fue y de los hermanos Castro, utilizó la misma conseja: el “imperialismo” nuevamente ataca a Venezuela y hay que prepararse y unirse para repeler la agresión a la soberanía nacional, pero sin hacer consideración como ésta ha venido siendo mancillada permanentemente por Cuba y sus funcionarios con la aquiescencia de su ineficiente gobierno.

La causa de todos los males que nos aquejan, según su “constructiva” visión, es de otros y no de su régimen. En su estólida arenga, no hizo anuncio alguno de cómo el país enfrentará las vicisitudes económicas que nos apremian, ni tampoco se refirió los planes de su gobierno para lograr la concordia y paz en un país dividido por el odio clasista y por tanto excluyente que se destila desde las esferas del gobierno, y, mucho menos, de cómo combatirá la inseguridad, la inflación y la escasez.

Causa profundo estupor y preocupación que la suerte de la República esté en las ineptas manos de ese advenedizo y que el futuro de todos nosotros sea tan oscuro e impredecible por la incapacidad de quiénes la desgobiernan. Maduro, así no se gobierna.

 

Deja un comentario