Los Clásicos / CARLOS GUINAND SANDOZ, por Manuel López

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Su carnet de arquitexto en 1936.

Hasta las 9 de la noche del jueves 28 de mayo de 1942, Carlos Guinand Sandoz (1889-1963) fue el arquitecto más importante de Venezuela.

Después de graduarse en la Escuela Técnica Superior de Múnich en 1913, Guinand regresó al país en 1915 y comenzó el ejercicio privado de la profesión en su natal Caracas. Durante los primeros años de su actividad como arquitecto, Guinand realizó una rigurosa pasantía dedicada al tema de la vivienda, a la clase de la vivienda unifamiliar y a la tipología de la vivienda unifamiliar aislada y rodeada de jardines. La mayoría de estas quintas se construyeron en la nueva urbanización extra-urbana, al sur de la ciudad y al otro lado del río Guaire, impulsada por el depuesto Presidente de la República Cipriano Castro para vacacionar: era El Paraíso.

La segunda etapa en la producción arquitectónica de Guinand se inició en 1930 con la realización de dos centros médicos, uno en Caracas y otro en Maracay: la Policlínica Caracas, en la esquina de Velázquez de la capital de la República, y la Clínica Maracay (hoy, Hospital de Maracay), en el lado oeste de la enorme plaza Bolívar de la capital del presidente Juan Vicente Gómez. La impresión que dejan estos dos grandes edificios, al revisar tanto su estructura planimétrica como su presentación formal, es que nuestro arquitecto estaba bien alejado de las búsquedas del moderno que acuciaban a sus colegas europeos por estas fechas y que, como diríamos por aquí, andaba a su aire, quizás más interesado, por un lado, en cuidar la inserción del edificio en entornos urbanos muy definidos y, por otro, en una recuperación y puesta al día de ciertos rasgos de la llamada arquitectura colonial, después denominada neocolonial. Y esta última intención pareciera confirmarse con la construcción y acabado por aquellos años del proyecto norteamericano para el caraqueño edificio del Country Club, mientras que la primera, la de atender especialmente la incorporación de la nueva edificación a una trama urbana existente, la muestra con creces el proyecto y construcción en la caraqueña esquina de Carmelitas de la sede del Ministerio de Fomento (hoy, Ministerio de Relaciones Interiores, o como los expertos del régimen en re-bautizados lo llamen) con su muro curvado hacia la venerable oficina de Correos.

La comparación con la obra de los otros dos arquitectos que conformaban la tríada más destacada a principios de la década de 1930 —Carlos Raúl Villanueva y Manuel Mujica— se torna interesante. Los dos habían ingresado al país en 1928, después de formarse y comenzar labores profesionales, como Guinand, lejos de Venezuela, y los tres compartían también el interés arquitectónico por el llamado neocolonial, como expresión del país en que establecerían su residencia: Mujica, en sus proyectos desde el demolido Hotel Majestic para Caracas, particularmente, para las quintas de las nuevas urbanizaciones del Este; Villanueva, en sus conocidas obras para Maracay, como el Hotel Jardín, la Plaza de Toros o la demolida sede que compartían el Banco Obrero y el Banco Agrícola y Pecuario; y Guinand, en las quintas y edificaciones en Caracas y Maracay que hemos mencionado. Las diferencias entre uno y otro están, más que en cada personal tratamiento estilístico de los detalles y soluciones decorativas, en sus externos acompañantes, pues mientras Guinand permanece encerrado en una sólida y eficiente arquitectura tradicional, que solo atiende al medio ambiente donde se ubica, tanto Villanueva como Mujica se abren al nuevo Estilo Internacional llegado de la vieja Europa, que mezclan sin reparo, tanto en La Florida como en Campo Alegre, con su renacido neocolonial.

El final de la dictadura gomecista y los nuevos aires del gobierno de López Contreras abrirán una nueva etapa, la más significativa históricamente, en la obra arquitectónica de Carlos Guinand. El primer capítulo de esa etapa tiene que ver con el Banco Obrero, y el último, en 1942, también. El reorganizado organismo del Estado para la construcción de viviendas, paralizado durante los últimos años del régimen anterior (los efectos del crack de 1929 también se sintieron en el país), reinicia sus actividades en gran escala y en 1937 se firman contratos para la urbanización de los terrenos adquiridos previamente en la periferia de algunas ciudades importantes: así surgirán la Bella Vista de Caracas, la Bella Vista de Maracaibo y la Valle Seco de Puerto Cabello. En los tres casos, la idea urbanística motora viene del otro lado del Atlántico y apunta a crear comunidades autónomas con los servicios colectivos indispensables, fuera del bullicio y los males metropolitanos que se avecinan, aquí ahogados por el ambiente campestre y la vida natural, en un cuadro idílico garantizado por la vivienda unifamiliar y la baja densidad: se trata de la teoría de una garden-city tropical.

La urbanización Valle Seco constituyó la primera expansión importante de Puerto Cabello, alcanzando las 80 hectáreas hacia el sur de la ciudad, más allá del cementerio. Guinand debía construir 400 viviendas (sería la mayor realización del Banco hasta la de El Silencio), a razón de Bs. 3.500 por unidad (!), sobre un terreno ya parcelado en forma de damero y en lotes rectangulares de 200 x 40 metros, teniendo que ocuparlos y dejarlos libres de manera alternada. Para resolver esas exigencias del programa, Guinand, ahora sí, tuvo que salir del voluntario encierro y revisar la arquitectura moderna que en los años anteriores habían realizado las ciudades alemanas donde se había educado, como la de Frankfurt. Y en Valle Seco encontramos, justamente, la aparición en Venezuela de las viviendas unifamiliares en banda y los elementos producidos en serie característicos de la arquitectura moderna alemana. A los barrios obreros de 1928 construidos por el Banco, como el de San Agustín del Sur o el de Agua Salud, aunque periféricos y con viviendas unifamiliares en línea, les faltaba el entorno ideal de la ciudad-jardín; y a la ciudad-jardín Bella Vista, también de 1937 (en donde Guinand construiría 20 casas), le sobraba su mayoritaria tipología de vivienda unifamiliar aislada, en medio de la parcela y rodeada de jardín. Y a las quintas de inicios de la década de Mujica en Campo Alegre y Villanueva en La Florida, sin la serie y sin entorno comunal, las engullía el International Style. Valle Seco fue la primera urbanización en Venezuela cuyas viviendas presentaron características fundamentales de la arquitectura moderna, aunque a la manera de Guinand, es decir, atendiendo al medio ambiente local y nacionalizando a los alemanes con un gran porche adelante y un buen corral atrás. Se trató de un ensayo general para la obra maestra de Guinand: la urbanización caraqueña Pro-Patria de 1939.

En el ínterin, a finales de la década, Guinand realizó el magistral Sanatorio Antituberculoso de El Algodonal. Ya desde el Ministerio de Obras Públicas, apoyado en sus previas construcciones médicas y con el decisivo empuje del Dr. José Ignacio Baldó, Guinand proyectó una gran edificación para 300 enfermos, atendiendo a las últimas innovaciones en las áreas hospitalaria y arquitectónica, y adecuando la moderna estructura del edificio principal (con seis alas de dos pisos y grandes terrazas y balcones partiendo de un núcleo de servicios central) a las condiciones de la topografía existente y al bosque de eucaliptos exterior, todo disciplinado por un orden simétrico tradicional. Esta joya arquitectónica, que aún espera su declaratoria como patrimonio nacional, fue masacrada durante la Cuarta República, convirtiéndola en un complejo hospitalario de distintas edificaciones amontonadas sin compasión, y abandonada a la ruina durante la Quinta, como la mayoría de los centros asistenciales de la nación. Y en esto incluimos, también comparables aunque de fecha posterior, el Antituberculoso de Mérida, proyectado por Villanueva, y el de Maracaibo, obra de Fernando Salvador.

A las exigencias del sindicato obrero Pro-Patria para una diversidad individualizada de sus viviendas y el mayor pintoresquismo formal, Guinand respondió con 317 casas idénticas en fila, la tipología de la vivienda unifamiliar en bandas que había ensayado dos años antes en Valle Seco para el mismo Banco Obrero (aquí, las casas cambian el porche por el jardín, y añaden zaguán y techo de tejas con chimenea de ventilación). Ante las tres Marías del proletariado de la época (la Ciudad Obrera, la Casa del Obrero y la Cooperativa de Consumo), la arbeiter-kolonie de Guinand se organiza mediante un riguroso sistema de recorridos en cuyos vértices se ubican la Casa del Señor (iglesia), la Casa del Saber (biblioteca) y la Casa del Obrero, con su pórtico columnado y disposición en torno a un patio central, como el edificio más destacado de la comunidad.

Del proyecto arquitectónico de Guinand en el concurso organizado por el Banco Obrero en 1942 para la Reurbanización de El Silencio, un concurso cerrado entre Guinand y Villanueva, solo conocemos un dibujo en perspectiva desde la avenida Bolívar, la escueta descripción del jurado y el relato de uno de sus miembros. Aunque el proyecto de Villanueva no cumplía la exigencia programática de adecuarse al Plan Regulador de Urbanismo de 1939 y Guinand esperaba, por tanto, la descalificación de su competidor, el jurado decidió declarar una suerte de empate y recomendar la elaboración de un tercer proyecto entre los dos. Guinand no podía aceptar esa decisión y solo Villanueva presentó el proyecto que recogía las observaciones del jurado y las mejores soluciones de ambos concursantes. El descartado proyecto de Guinand, por lo que se ve, presentaba 11 bloques (frente a los 7 perimetrales de Villanueva) de cuatro plantas, con locales comerciales en la planta baja pero sin arcadas y con grandes jardineras arboladas hacia la gran plaza y las avenidas, lo que llevaba al periodismo del momento a resaltar “su construcción sólida y tropical”. Pero el 28 de mayo de 1942, a las 9 de la noche, el jurado “se pronunció en pleno por el Proyecto Villanueva”.

Guinand trató de recuperarse de la decepción sufrida, entregándose de lleno a los trabajos habituales de su oficina de arquitectura durante los años siguientes: proyectos de casas unifamiliares y edificios multifamiliares, salas de cine, edificaciones religiosas o el Observatorio Cajigal, para una Caracas convertida en metrópoli a pasos agigantados ante su mirada profesional. A finales de la década de 1950 y hasta su muerte, Guinand encontró el refugio anti-metropolitano en un gran trabajo a su medida, al que se dedicaría con pasión juvenil y por el que será recordado posteriormente: la coordinación de las labores para la realización del Parque del Este (hoy, también re-bautizado sin mucho éxito por el régimen). Junto a los paisajistas contratados, el viejo Guinand (como cariñosamente le llamaban) se encargó de identificar las especies vegetales y animales para lagos, veredas y edificaciones del extraordinario Parque, y entre éstas, una de sus últimas obras como arquitecto: el Planetario Alejandro Humboldt. En ese medio ambiente, tan presente en su arquitectura y tan querido por él, Carlos Guinand falleció el 4 de mayo de 1963.

La monografía de José Luis Colmenares, Carlos Guinand Sandoz”(1989), realizó una catalogación exhaustiva de las principales obras del arquitecto.

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