Presentación y selección / POEMAS ERÓTICOS DE AGATHA DE LA FUENTE, por Rubén Monasterios

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Agatha de la Fuente una de las contadas escritoras venezolanas elegidas por Eros para transmitir su mensaje

Cierto día encuentro en mi correo un mensaje enviado por una remitente desconocida cuyo nombre, Agatha de la Fuente, de recia resonancia hispana, me llama la atención. Escribe que reconociéndome como “autor de literatura erótica y estudioso del tema” quisiera someter a mi consideración algunos textos de su autoría de dicho tenor.

Siendo esta práctica bastante común entre escritores, no me sorprende y de buena gana la animo a enviarme el material. Aunque no deja de pellizcarme la curiosidad el género femenino de la autora, porque no abundan entre los dedicados a la literatura erótica.

Poco después llegaría el primer lote de escritos, y con la primera lectura a vuelo de pájaro empiezan los asombros.

Anticipaba tal vez un par de cuentos y algo de poesía; sólo acerté en lo que a primera vista son poemas; parte del material literario llegado a mis manos son textos que siendo poéticos, corresponden a la idea de cartas, en el sentido de escritos expositivos de sensaciones, sentimientos y emociones dirigidos a una persona particular, a un hombre, evidentemente. Consultada la autora al respecto, confirma la impresión. Sí, son cartas; literatura epistolar pasional desbordante de poesía, o prosa poética erótica; porque Agatha de la Fuente cultiva este género elevado al refinamiento por Rubén Darío y hoy en día poco menos que olvidado.

No tuvo resultados satisfactorios mi fisgoneo en lo concerniente al receptor de esas cartas, quiero decir, si dicha correspondencia fue dirigida a un hombre real intensamente amado, o a un ser de su fantasía. La respuesta de Agatha fue elusiva; entrelíneas, creo entender que el personaje incógnito es una mezcla de ambas cosas: un ente sustantivo transfigurado en motivo poético; o quizá un hombre real idealizado; o un varón, sea real o producto de la fantasía, enriquecido con las cualidades eróticas, emocionales e intelectuales deseadas en un hombre por la autora. Puede ser cualquiera de esas entidades, o tal vez, alguna otra, porque la poesía, ya se sabe, es un sortilegio.

Y a la sorpresa debida a esas incógnitas y a la singularidad de tener a mi vista literatura epistolar pasional escrita por una mujer contemporánea, se sumó otra, ahora entrelazada con un creciente sentimiento de admiración, al entrar en la esencia de los textos.

Buscando calificativos para dar una idea de la escritura de Agatha, diría que es eruptiva, visceral, orgánica; es como si uno de esos toros de lidia simbólicos de su lado hispánico, atravesara corriendo enfurecido sus entrañas llevándose en los cachos fibras y arterias. Es literatura erótica cristalina, refinada en su exposición por el hermoso lenguaje, sin que por ello eluda el ramalazo pornográfico (en su sentido de erotismo llevado a la inspección más íntima y descarada de la sexualidad) cuando se siente indispensable.

No me tengo por ser un estudioso formal de la literatura; he buceado por ella más con la avidez del diletante que con el rigor del académico; de aquí que mis apreciaciones en este punto estén sujetas a revisión a partir de datos más rigurosos; el hecho es que no recuerdo algo semejante a estos escritos en las letras venezolanas; particularmente en el aporte femenino, en el cual el aliento erótico se hace sentir con más fuerza en la narrativa que en la poética; viene a mi mente como el más acabado precedente en nuestras letras del género, el monumento literario al amor, tal como lo siente una mujer, representado por la obra de María Calcaño (1906-1956).

Siendo la “primera poetisa venezolana que asumió la modernidad a través de la libertad y el goce de la expresión” (Oriette D’Angelo), su poesía fue subversiva en su época; la calificaron de inmoral y solo logró el reconocimiento gracias a la publicación de una antología de su obra, en la década de los ochenta, de Cósimo Mandrillo; probablemente animado por el mismo espíritu que a mí me conduce a impedir que estas joyas de la literatura erótica queden perdidas en una gaveta.

He aquí un fragmento de uno de los poemas de María, Me ha de bastar la vida:

Crece sobre mi carne dolorosa / lamiéndome hacia adentro, /hoguera deliciosa. // ¡Quémame duro, hondo!… / ni en mi dolor reparocuando te pido / recia lastimadura.

Por  la misma razón expuesta supra, la de no ser un estudioso formal de la literatura, busqué contrastar mi punto de vista con alguien más faculto, uno de los Poetas Mayores de la lengua castellana, José Pulido, y la siguiente fue su opinión:

“Se llama clásicos a los libros que constituyen una riqueza para quien los ha leído y amado, pero que constituyen una riqueza no menor para quien se reserva la suerte de leerlos por primera vez en las mejores condiciones para saborearlos”.

“Eso dice Ítalo Calvino al abordar el tema de los clásicos. Lo coloco al comienzo de esta nota porque el poemario, el libro de poemas, el poema íntegro y completo que me has enviado, es un auténtico clásico. Y se trata de un clásico totalmente original porque nunca ha sido publicado y creo que muy pocas personas lo habrán leído. Vaya: es la declaración de amor al amor más hermosa y dramática que he leído desde que tuve el placer de encontrarme con Romeo y Julieta.”

“Es la sinceridad adornada con los ornamentos abismales de la pasión. Nunca sabes dónde termina el alma y dónde comienza la carne.”

“Es poesía escrita por alguien que conoce como nadie a la mujer, al alma femenina, al cuerpo femenino, a las miradas perdidas de los ojos femeninos. Y también conoce profundamente los deseos y anhelos masculinos. El instinto que nos hace oler las pisadas de ellas y seguir sus huellas hasta el abismo que dispongan. Es de una belleza tan vívida que podría escenificarse. Es como el destello grandioso de unas almas que se van a apagar. Y eso no tiene comparación con nada”… “Esa es la obra maestra de un espíritu semejante a un tigre enjaulado que tiene cómo salir de cualquier encierro, pero no le importa”.

De modo que viene ser Agatha de la Fuente una de las contadas escritoras venezolanas elegidas por Eros para transmitir su mensaje; y la única que lo ha hecho en la forma de literatura epistolar pasional. De esta faceta de su creatividad solo daremos una muestra.

En otra vertiente de su quehacer intelectual, la autora es una aguda y sensitiva analista literaria; es suyo el artículo Teatro del Apocalipsis, publicado en Ideas de Babel; este escrito condujo a fijar la atención en Hambre en el Trópico, tragedia surrealista de Edilio Peña, despertando el interés por leer la obra y dando lugar a varios comentarios; incluso, a un dibujo alusivo del maestro Villasmil. Digamos al desgaire, a manera de otra curiosidad, que como efecto de esa reacción del público y la crítica, la obra de Peña quizá se haya convertido en la pieza teatral venezolana más comentada sin haber sido estrenada ni publicada.

Agatha de la Fuente es una escritora hispano venezolana actualmente residenciada en España como efecto de la diáspora; hispana, por su ascendencia familiar; venezolana de corazón, de nacimiento y educación (estudió en la UCV), y por haber vivido en este país toda su vida, hasta que la barbarie narcocomunista la corrió de su patria.

R.M.

 

Selección de poemas

Respondo a un comentario sobre mi nombre

Agatha no es misteriosa, / sólida ni perversa. / En todo caso, es miel cristalizada; / savia solidificada que renace ámbar. / Pieza restaurada después de haber sido quebrada. / Versión madurada de su esencia volcánica.

La creación voluntaria: / una segunda oportunidad para sanar inspirada, / por el amor del único hombre que la salva.

 

¡Ay, de aquellos que se van!

¡Ay, de aquellos que se van! / sin recoger las lágrimas que les pertenecen. / El viento las atrapa y enreda, en invisible pirueta, / y una tarde cualquier el rocío su dolor vacía 7 como borrasca, tifón o tormenta / arrasando con cada hora de indiferencia.

El viento sostiene verdades, que revuelve / cuando le apetece, cuando nadie sabe. / ¡Mírame!, de tanto amarte soy adicta: / a tu fuerza cimbrándome el alma, / a tus manos pulsando mi intimidad, / a tu cuerpo rastreando todos mis espacios donde puedes acoplar.

Hasta el último minuto de luz te voy a hacer mío; / no hay misterio, / el amor de ser cierto, acaricia todos los pliegues de la vida / y la sabiduría que en ellos habita; / me voy a beber tu esencia hasta que decida tu cuerpo liberarte; / entonces, / te seguiré con mis pensamientos; / te reconoceré en el viento, cuando me arrebate la ropa, / o impulsivo, contra  pared me retenga; / estarás en el sol sediento de piel y en el canto de nuestras aves nocturnas… seduciéndome como siempre, bajo luna llena o sin luna.

Eternamente enamorada de ti, / de lo que construimos juntos, de nuestra historia.

 

Enamórame…

Como cosa tuya; guíame hasta que encuentre la humedad en mis entrañas. / Ruge hasta dejarme sorda, hasta que reaccione de miedo, de rabia, / o ganas de retarte. / Sálvame de ser una pira; quiero vivir, quiero ser para ti hoguera eterna.

Despiértame la piel. Insiste. / Acorrálame, acósame, arrástrame con lujuria. / Haz lo que consideres, pero avívame. / Rescátame de mi misma. / Acércate convertido en voraz lengua de fuego, rompe la hipnosis maligna / de estas auroras boreales / insidiosas mientras observo, me van helando por dentro.

Tómame como siempre

 

Dualidad

Ya no soy toda luz a todas horas. / Ya lo ves, soy también una densa sombra. / Soy un dolor que no se volvió rencor, / una espera que no terminó en locura, / una injusticia que no se hizo venganza.

¿Por qué voy a sentir vergüenza cuando mi mundo interior colapsa? / ¡Sí!, soy un violento sismo sacudiendo los recuerdos, / desordenándolo todo: amor, dolor y miedos.

No me resulta motivo de orgullo, tampoco de vergüenza. / No tengo duda de tu entrega a mí, puede que te sorprenda a ti mismo, / pero eso no te libera de tu naturaleza.

Eres como el niño a quien a orillas del mar se le advierte: te mojarás; y llega, … y ocurre; a lo que responde: no he sido yo, han sido las olas que vinieron a romperse en la orilla donde yo estaba.

 

Por tu partida…

Soy un aguacero, / descargando sobre tu recuerdo. / Un relámpago desesperado, / iluminando para hallarte.

Un rayo iracundo / reclamando tu presencia.

Y soy del trueno, el estruendo, / por ver si me contestas.

Agotada y sin resignación … / Una ráfaga de viento a la deriva, / buscando estar contigo, allá, / donde quiera hayas ido.

 

Desolada

Soy otra tan diferente sin ti. / Un boceto de mujer desintegrada: / Silueta hueca de emoción, / hoguera extinta, / luz menguante, / piel sin humedad.

Frágil escultura de hielo / contradiciendo a la memoria / haber sido fuego.

Soy en especial, / mirada de fiera desahuciada, / …un alma vendida a la tristeza. / Infortunio el mío, / no saber borrarme las huellas / que me delatan tuya.

Soy la tierra, ¡ven! / y fecunda tu raíz / creadora de vida, en mí.

Seamos como Ask & Embla / en un abrazo eternos.

¡Ven!, vamos a transformarnos / en árbol sagrado.

 

Orgasmo

Un orgasmo es semejante a la fuerza / de todas las aguas replegándose con angustia / sobre sí misma. / Imponente ola embravecida / decidida a quebrarse en millones de gotas enfebrecidas, / dispuestas a permanecer serenas / sobre la espuma que crean y / desvanecerse con ella.

Rayo que descarga de emergencia / nubla la conciencia / y activa la materia. / Es llama que serpentea, / crepitar de la intimidad / disfrutando su estallido final.

Es ser lo indomable en un instante: / Movimiento telúrico, erupción volcánica, / huracán, tsunami. / Es la mordida del felino / y es también, / estampida de luciérnagas. / Es alumbrar en un sollozo, / vida y muerte entrelazados.

Es… / segundos de gracia divina concedido a todo mortal, peregrino infatigable / en busca de libertad. / A mí me apetece decirte: / ¡Ven! Te dedico un orgasmo. / O podría decir también…. / Ven amor, vivamos la petite morte.

 

Espiral

Juntos somos un espiral de pasión apuntando al infinito. / Te recibo siempre con serenidad porque soy tuya…

Una vez en tus brazos te correspondo con la misma furia con que entrenaste mis caderas para ejecutar la danza de las mareas.

Embravecida, perturbada, enloquecida, dispuesta a complacerte hasta que me dejes ungida de tu esencia… no me sueltes. / Exhausta y aferrada a tu cuello, espero…

Por favor, comencemos de nuevo, que yo te cumplo / tus más extravagantes deseos.

Me tienes loca de amor y pasión. Y aunque no te des cuenta, sigo siendo la misma que nada te niega.

 

Entrega

Disfruto de la certeza de saber que eres mi gran e irrepetible amor. / Lo fuiste siempre. Nunca pudiste contenerte; disimular lo mucho que me amabas.

Lo mismo me ocurría a mí.

Ha pasado el tiempo, pero no la emoción, y llegas hoy y me dices con esa voz rasgada por la verdad del corazón, que ya no te es suficiente, me necesitas contigo, que deseas mi calor, mi piel, mi presencia… / y me abres de nuevo el alma para fluir en ternura y entrega.

Pensé que era sola mía esa urgencia. / Te amo mi amor, puedo asegurarte:  si me concedieran un deseo, / ese sería vivir a tu lado todo este potencial sentimental / que me inspira el amor que siento gracias a ti.

Hasta mañana mi vida, voy a dormirme en tus brazos.

 

Toma posesión

Cubierto de laureles / avanzas a la conquista / de la tierra que soy.

Aguerrido forastero / que sobre valles y colinas, / prosperas dejando huellas…

Temerario e irrefrenable / proclamas tu victoria 7 sumergido en turbulentos ríos / y misteriosas oquedades.

Adorable poseedor… / esta tierra te admite, / celebra tu valor.

 

Tu sabor

Me sabes a guindilla … / a jengibre, a chocolate y cereza, / al más puro cacao de nuestra tierra. / Eres coñac, y a ratos, menta fresca.

Me hueles a cedro, / a regaliz, sándalo, a canela.

A tu estímulo, / cascada de jazmines; / el abrazo de la hiedra.       

               

                                                   Una carta de amor

Una carta de amor / es un latido que queda impreso / un suspiro de energía soñadora / una certeza clamando eternidad / y un testimonio desafiando la memoria.

Es, ante todo, acto de valentía / exhibición de nudismo integral, / es ofrendar la privacidad / sin acuerdos, garantías ni seguridad.

La escribe un convencido / que no teme al destino, / aun no siendo correspondido / nada impide lo sentido.

La declaración es inmortal, / siempre vigente / en los ojos que leen…

Una carta de amor, / es esencia vital / manando de la intimidad / donde mora un corazón / que en libertad, / elige a quién y cómo amar.

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