Hambre en el trópico / TEATRO DEL APOCALIPSIS, por Agatha de la Fuente

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Edilio Peña: un artista con el peculiar honor, el de haber convertido en una pieza ejemplar del teatro de la crueldad, una tragedia real, viva y activa.

Como un trago ácido que estremece el cuerpo y arde por dentro, así es esta obra de Edilio Peña, difícil de sostenerle la lectura, será por encontrar en cada palabra una herida sangrante. Un texto que se desearía imaginario para dejar el dolor enterrado en la última letra. Nada más lacerante que encontrar la metáfora de la muerte en una tierra de suelo fértil.

Una obra nacida de una instancia excedida, donde agotadas las denuncias y protestas, se exhibe sin censura la desgracia creada por la miseria humana de aquellos que a cara descubierta, muestran desprecio por todo lo que significa vida.

Hambre en el trópico es una agonía sin desenlace plagada de corrupción, demagogia, ineptitud, ignorancia y sufrimiento; tanto de todo, que termina evidenciando que existen cosas peores que la muerte. Es un viaje directo al dolor, turbulento y desgarrado en respuesta a una descomposición social manipulada con extrema inmoralidad. Cruel y devastadora, se convierte en un testimonio histórico sobre una historia no finalizada; está lista para ser llevada al escenario del futuro e impedir que el olvido sea otra forma de injusticia. En la actualidad, una narración exacta del rastro de la nada que deja por donde pasa una tiranía.

Su lectura revuelve, irrita, incita a clamar amnesia; los personajes no dan tregua, sus cuerpos insisten en resistir sin olvido ni locura; ahí la auténtica tragedia, la irrupción de una palabra antes poco necesaria, resiliencia.

Con el sufrimiento añejado está concebida esta obra; desde la caverna subterránea del dolor más intenso, el que ya no quiere hacer ruido sino dejarlo con sangre escrito. Respetable que no tiemblen de ira las palabras por exhibir el dolor que carcome y no mata. Testimonio posterior al periodo de resistencia que nada tiene de resignación.

Es la realidad que jamás se soñó; el estruendo que ha dejado aturdida a la memoria, incapaz de descifrar si está atrapada en pesadillas,  o vive en un laberinto de realidades que exige renuncie lo que atesoró, por acoplarse a lo que ve, y ahora es.

Indefensión aprendida al ver diluida la esperanza como una acuarela bajo el llanto de cada malogrado intento de lucha.
Desaparecen los colores y el trópico poco a poco de tanto gris ya no brilla, más, si le vacían las tripas.

Exhibe la descomunal desgracia de hallar un presente roto, un pasado mancillado y el futuro robado.

Hambre en el trópico es una obra de teatro cuyo reconocimiento más que recibirlo con prolongado aplauso, lo recibe cuando arranca el llanto. Crueldad, atrocidad y vergüenza de reconocer a dónde es capaz de llegar el género humano.

Y están esos personajes extremos, reflejando el único ascenso permitido: el de la miseria; los que explican de cómo acumular pérdidas se pierde la identidad. Angustia al reflexionar que pese a los esfuerzos por retener lo que ya no existe igual, una grieta creada por la ignorancia y con extrema maldad, es tan profunda, que devora todo cuanto constituye la herencia a generaciones futuras

Es asistir sin elección al sacrificio inevitable de la consciencia en pos de la supervivencia, es ver la danza fúnebre del comportamiento civilizado; ciertamente el hambre puede más que la vergüenza, que cualquier acto más allá del escombro que se va volviendo sin querer, aquellos a quienes le raptaron la opción para elegir, decidir y ser.

En cada imagen, cada diálogo subyace la crítica feroz, necesaria y merecida; la exposición del repudio; ninguna sociedad merece ser disminuida en su progreso para ser esclavizada; en Venezuela la zancada de la opresión ha sido más osada, además de haber sembrado miseria, dolor, odio y robado el desarrollo; sus aberrantes creadores han aprendido a bailar con sorna sobre la muerte que le pertenece. La perversidad ejercida por esta tiranía es infinitamente injustificable; Hambre en el trópico es un golpe de sentencia, respaldado por cada ciudadano que ha celebrado en solitario su particular juicio; los corruptos opresores ya han sido condenados con algo más severo que la ley, con la negación del perdón de todo un pueblo. Hambre en el trópico es una muestra de cómo se crea una obra desde el amor cuando está dolido pero no vencido. Coraje el de su autor, valentía en su obra.

Un artista con el peculiar honor, el de haber convertido en una pieza ejemplar del teatro de la crueldad, una tragedia real, viva y activa.

Obra que hace confesar que se ha sufrido en el cuerpo el dolor que se ha leído, que se ha sentido el rugido del estómago vacío, el desvanecimiento; también la vergüenza que da no encontrarle solución a tal desventura.

¡Terrible cuando llorar, ya no alivia!

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