¿Talón de Aquiles? / LA EDUCACIÓN TEATRAL EN VENEZUELA, por Leonardo Azparren Giménez

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En este aspecto, algunas veces hacía a mis alumnos la siguiente pregunta: ¿cuál personaje es más importante para ti, Hamlet o Pío Miranda? Fueron muchas las caras de consternación y dudas.

La proliferación de anuncios de cursos teatrales a través de las redes sociales me ha reactualizado algunas preocupaciones sobre la educación teatral venezolana, porque nuestro teatro es poco dado a discutir sus problemas salvo el de la falta de políticas por parte del Estado. Los problemas internos, las contradicciones y la desorganización gremial, por ejemplo, no han sido discutidos suficientemente bien, incluyendo la formación profesional y artística.

En la Escuela de Artes de la Universidad Central de Venezuela, donde fui profesor por más de 30 años, tampoco; pero la actividad académica permitía que los problemas fueran vistos con algo más de claridad por las experiencias que surgían en los cursos y/o en las investigaciones para los trabajos de grado. En una ocasión fui tutor de una investigación sobre la ‘Presencia de la técnica de Stanislavski en la formación de actores en Caracas’. Los tesistas llegaron a varias conclusiones: sobre la aplicación fragmentaria de la técnica stanislavskiana, los docentes venezolanos no recibieron una formación sistemática, ninguna de las escuelas tenía un pensum escrito y ausencia de fundamentación teórica para elaborar los programas, frecuentes omisiones en los programas, Nunca ha existido una enseñanza rigurosa a partir del maestro ruso.

Sin ser Stanislavski un dogma, siempre me he preguntado cómo es posible ser profesor de actuación y desconocer al maestro ruso. Es como ser profesor de dramaturgia y desconocer a Shakespeare, a Chejov o a los mejores dramaturgos venezolanos; o de dirección sin haber leído, por ejemplo, a Peter Brook.

Una investigación pendiente es saber cuál el nivel de preparación de quienes actúan como docentes de actuación.

Lo anterior se me actualizó con la oferta de cursos y talleres a través de las redes sociales. Y lo relaciono con lo siguiente: hace algún tiempo le hice la misma pregunta a dos actrices amigas, porque quise saber si en sus años de aprendizaje y formación habían trabajado personajes venezolanos. Ambas respondieron no. Es decir, fueron formadas sin aproximarse a los problemas interpretativos que son propios de un actor venezolano. No creo que los actores ingleses sean formados sin trabajar a Shakespear, o los franceses sin Molière o los españoles sin Lope y Calderón.

No me extrañó la ignorancia de Stanislavski, en verdad, porque en mis años de docencia alguna vez me encontré con alumnos de postgrado que desconocía a Román Chalbaud y su obra. Es la expresión teatral de una manía venezolana secular: querer parecerse al otro. Cuando surgió la leyenda negra a comienzos del siglo XIX que culpó a los españoles de todos nuestros males, los dramaturgos que aparecieron en la naciente república se amoldaron a la dramaturgia francesa. En el teatro venezolano del siglo XIX no aparecen el indio, el negro y el campesino, salvo alguna excepción en el teatro costumbrista por pintorescos.

En este aspecto, algunas veces hacía a mis alumnos la siguiente pregunta: ¿cuál personaje es más importante para ti, Hamlet o Pío Miranda? Fueron muchas las caras de consternación y dudas. Me da la impresión de que los personajes venezolanos no han sido estudiados por los docentes de actuación o los consideran fáciles de interpretar; poco importantes para formar a un actor venezolano. En el fondo es una tradición. Cuando comenzó la formación moderna actoral, desde mediados de la década de los cuarenta del siglo XX, se trabajó con personajes de cualquier parte del mundo, menos con los venezolanos. Soy testigo directo de ello.

En fin, ¿qué pasa hoy en día? El Estado mantiene desde hace tiempo dos centros de formación teatral. La escuela César Rengifo, fundada a comienzos de la década de los ochenta, y la novísima Universidad de las Artes, síntesis apresurada de los institutos de arte creados décadas antes. Es decir, el Estado forma actores a nivel medio y a nivel universitario. Y surgen preguntas: ¿El actor formado a nivel medio no puede interpretar algunos personajes, reservados para el actor universitario? ¿Cuál es la diferencia cualitativa en la formación profesional y artística de ambos aspirantes a actores? ¿Hay profesores de actuación a nivel medio y otros a nivel universitario? Si en Unearte son cinco años de formación, ¿qué se enseña en el tercer año y qué en el quinto, por ejemplo? ¿La diferencia de los títulos académicos obtenidos limita o favorece en la búsqueda de puestos de trabajo? ¿Cuál es la relación de las dos academias del Estado con la Compañía Nacional de Teatro?

Quizás hay otros asuntos pendientes relacionados con nuestro teatro y la revolución, nuestro teatro y la pandemia, nuestro teatro y los repertorios en escena, la dramaturgia escrita en revolución. Tengo años sin ir al teatro, salvo alguna excepción. He leído algunas obras de los autores aparecidos en el último cuarto de siglo, pero no recuerdo que alguna me haya impresionado.

Publicado originalmente en https://pasionpais.net/

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