Mank / EL HOMBRE DETRÁS DE LA POLÉMICA, por Alfonso Molina

No era un hombre agradable, no parecía un héroe incomprendido sino un escritor genial acosado por sus prejuicios y su egolatría.

La nueva realización de David Fincher se ha convertido en la película del momento —qué duda cabe— a finales de este peculiar y duro año 2020. Como se sabe, esta producción de Netflix se presenta como la recreación del conflictivo proceso creativo de Ciudadano Kane (1941), ópera prima de Orson Welles que fue un fracaso comercial a la hora de su estreno pero que devino en un clásico de todos los tiempos.

Su personaje principal es Herman ‘Mank’ Mankiewicz (muy bien interpretado por Gary Oldman), legendario guionista de Hollywood que trabajó a distancia con el niño mimado de Hollywood, mientras se peleaba con el llamado ‘sistema de estudio’ en boga a mediados de los años treinta. Se ha intentado ‘vender’ el film como la disputa oculta entre Welles (Tom Burke) y Mankiewicz, pero es bastante más que eso. Lo más importante es la aproximación a la polémica personalidad de Mank —alcohólico, pendenciero, provocador, ludópata— cuando en 1934 comienza a enfrentarse a los ejecutivos de la ya poderosa MGM que lo había empleado. Mank se inicia en 1940, cuando su personaje central empieza a elaborar el guion para Welles, y se construye con largos flashbacks (excelente montaje de Kirk Baxter) que remontan al escritor a sus viejas y agrias relaciones con nombres fundamentales en la historia de la producción norteamericana: Louis B. Mayer, David O. Selznick, Irving Thalberg y Darryl F. Zanuck, sin contar al propio William Randolph Hearts —quien como se sabe inspiró la historia de Charles Foster Kane— y de su amante y actriz MarionDavies.

Fincher dirigió el guion escrito por su padre Jack Fincher, quien intentó sin éxito producirla  a finales del siglo pasado y murió en 2003. No sé si la palabra homenaje seria la más apropiada en este caso, pues la figura de Mank queda muy maltrecha. No era un hombre agradable, no parecía un héroe incomprendido sino un escritor genial acosado por sus prejuicios y su egolatría. Se sabía menospreciado por la industria y buscaba su revancha. Y lo logró. En 1942 fue a recoger el único Oscar para Ciudadano Kane por su guion original, cuyo crédito compartió con Welles.

También es historia que cuando los factores de poder de Hollywood se enteraron de que el Charles Foster Kane de la ficción se basaba en la figura del magnate de la prensa William Randolph Hearst (Charles Dance) trataron de persuadir a Mankiewicz de abandonar la escritura del célebre film. Allí estuvieron su esposa Sara (Tuppence Middleton), su hermano —y luego muy famoso director— Joseph (Tom Pelphrey) y la actriz Marion Davies (Amanda Seyfried), amante del propio Hearst. Citizen Kane fue saboteada por los estudios y los medios del poderoso empresario y fue un fracaso comercial.

Algo que llama la atención es que el personaje de Welles está muy poco desarrollado. Apenas unas pinceladas que lo muestran como un niño mimado —tenía apenas 24 años cuando debutó en el cine— que lleva mucha prisa para hacer su película. De hecho, la disputa entre el director y su guionista registra muy pocas escenas y casi no está presente. Por eso insisto en que no se trata de la relación problemática entre ambos sino de la conflictiva personalidad de Mankiewicz.

Desde su debut en 1984 David Fincher ha construido una trayectoria muy interesante aunque irregular que incluye muchos spots publicitarios y videoclips y películas como Alien 3 (1992), Seven (1995), El club de la pelea (1999), La habitación del pánico (2002), Zodíaco (2007), El curioso caso de Benjamin Button (2011), Red Social (2010), La chica del dragón tatuado (2011), Perdida (2014) y varios capítulos de la serie Mindhunter (2017-2019) con una probada capacidad autoral. Más allá del guion de su padre, todo indica que se inspiró en el famoso ensayo Raisin Kane (1971) de la célebre crítica neoyorquina Pauline Kael, quien entonces cuestionó la autoría de Welles sobre el guion de El ciudadano Kane.

Pero Mank no es la primera película que se inspira en Herman Mankiewicz. En 1999 Benjamin Ross dirigó RKO 281, un telefilm producido por Ridley Scott para HBO, con la actuación de John Malkovich como Herman Mankiewicz y Liev Schreiber como Orson Welles, que se centró en la conflictiva producción de Citizen Kane. Ganó el Globo de Oro en el año 2000 como mejor película para televisión. Lamentablemente no la he visto.

Filmada en blanco y negro por Erik Messerschmidt, Mank conforma una hermosa película sobre emblemas imprescindibles del cine estadouniense de los años treinta, la época dorada que consolidó su industria.Recrea aquellos años con una agilidad sorprendente y una fidelidad estética muy precisa, gracias al diseño de producción de Donald Graham Burt. Pero, sobre todo, expresa la necesidad de expresión de un creador que se sabe substimado. Mankowiecz murió en 1953, a los 55 años, por una falla renal. Nunca superó su alcoholismo.

Quizá la única falla notable del film es que aquellos que no estén familiarizados con la historia del cine norteamericano —mucha más gente de la que uno imagina— se quedan descolgados con el desarrollo de la trama. Es el riesgo que corrió Fincher. Lo cierto es que esta es su película más ambiciosa y se empleó a fondo para hacer una obra superior.

MANK (Mank), EEUU, 2020. Dirección: David Fincher. Guión: Jack Fincher. Producción: Ceán Chaffin, Douglas Urbanski, David Fincher y Eric Roth para Netflix. Fotografía: Erik Messerschmidt. Montaje: Kirk Baxter. Música: Trent Reznor. Diseño de producción: Donald Graham Burt. Elenco: Gary Oldman, Amanda Seyfried, Lily Collins, Tom Burke, Tuppence Middleton, Arliss Howard y Charles Dance, entre otros.

 

 

 

 

 

 

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