Vientos de agua / SABER AGUANTAR ES MEDIA VIDA, por María Fernanda Mujica Ricardo

Campanella cuenta una historia muy difícil y no hay arista que no toque.

En tiempos de cuarentena hemos tenido más tiempo para disfrutar el abanico de series que nos ofrece Netflix. Hay una de 2006 que es imperdible: Vientos de Agua. Fue dirigida y escrita (algunos capítulos) por el cineasta argentino Juan José Campanella, Óscar 2010 por El Secreto de sus Ojos, Goya 2013 a la Mejor Película de Animación con Metegol, y también director y guionista de El Hijo de La Novia, 2001, entre otras películas de gran factura.

Vientos de Agua logra adentrarse —con maestría— en temas como la inmigración, los prejuicios entre los mismos emigrantes, la Guerra Civil española sufrida por el que se fue, el peronismo, el anarquismo, las diferencias ideológicas, la amistad, el amor entre padres e hijos y entre parejas, la interculturalidad, la religión, la solidaridad, el reencuentro, la añoranza, etcétera. Campanella toca el prejuicio hacia los sudacas en España y contra los húngaros.

En una producción hispano-argentina, con actores españoles y argentinos como Héctor Alterio (Andrés), cuya vida es el hilo conductor de la historia que va desde su ida de Asturias en 1934 a la Argentina y el viaje de retorno que hace en 2006 a su pueblo natal. Son dos emigraciones que se muestran en paralelo, la del padre a Buenos Aires y la del hijo (Eduardo Blanco) a Madrid cuando la crisis económica del ‘corralito’ argentino lo obliga a buscar nuevos horizontes.  Allí es ayudado por una chica española (Marta Etura), abierta, sui géneris. Ernesto Alterio (hijo en la vida real del personaje central) hace el papel del emigrante joven que sale de un pueblo minero de Asturias en un barco donde se cruzan infinidad de nacionalidades en busca de un porvenir, con mucho miedo interno a lo desconocido, pero con una esperanza férrea que los ayuda a enfrentar la dureza del desarraigo e injusticias propias del emigrante sin dinero. Siempre, a pesar de la penuria, hay tiempo para el compañerismo, la alegría, la celebración y el amor, sentimientos que los ayudan a continuar.

Destaca la actuación de la actriz colombiana Angie Cepeda (Mara) que hace el papel de una estudiada emigrante ilegal colombiana muy guapa y alegre, la de Pablo Rago (Julius) que interpreta a un judío húngaro, hermoso ser humano, y el de la actriz Giulia Michelino (Gemma) ejemplo de resiliencia cuyo personaje fue de mis preferidos. Pero todos y cada uno del elenco son importantes: el anarquista, la madre de Andrés a la que le debemos el título de este escrito, la esposa judía francesa de Andrés que rompe paradigmas, su hermana que madura con los años y al final encuentra coherencia entre sus ideas y su trabajo al sur de la Argentina.

Telecinco en España sacó del aire esta producción en 2006. Evidentemente fue una equivocación que quizás influyó en que el capítulo final se muestre algo atropellado con pequeños errores de producción, y tampoco Teletrece argentina apreció la serie. La fotografía es impecable y la música de Emilio Kauderer acompaña cada cambio geográfico y cultural.

Campanella cuenta una historia muy difícil y no hay arista que no toque. También alerta sobre los prejuicios, injusticias y populismos que siempre han hecho mucho daño a la humanidad.

VIENTOS DE AGUA, Arfentina y España, 2005. Serie de televisión con 13 capítulos. Dirección: Juan José Campanella, Sebastián Pivotto, Bruno Stagnaro y Paula Hernández. Guion: Juan José Campanella, Juan Pablo Domenech, Aída Bortnik, Aurea Martínez y Alejo Flah. Fotografía: Félix Monti y Miguel Abal. Música: Emilio Kauderer. Elenco: Héctor Alterio, Ernesto Alterio, Eduardo Blanco, Silvia Abascal, Iván Hermés, Claudia Fontán, Pablo Rago, Giulia Michelini, Marta Etura, Angie Cepeda, Valeria Bertuccelli. Disponible en Netflix.

 

 

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