Dolor y gloria UN AUTOR SE REENCUENTRA CONSIGO MISMO, por Alfonso Molina

Almodovar y Banderas en Dolor y gloria
Almodóvar y Banderas: autor, personaje e intérprete convergen en una sola dimensión.

La crisis afectiva de un cineasta consagrado constituye el nervio central de la nueva obra de Pedro Almodóvar, concebida como una visión retrospectiva de varios capítulos de su vida amorosa. Dolor y gloria aborda el conflicto creador de un director que no se siente capaz de conducir un rodaje. Salvador Mallo (Antonio Banderas en la mejor interpretación de su carrera) no puede filmar por dos razones: la primera, el dolor físico que lo azota y, la segunda, las memorias del amor y el desamor que lo persiguen. Lo objetivo y lo subjetivo se combinan desde el principio hasta la última escena. Película redonda y compacta que marca un punto muy alto en la filmografía del realizador más debatido de España.

He leído una crítica que aprecia Dolor y gloria como el escaño final de una trilogía iniciada con La ley del deseo (1987) y continuada con La mala educación (2004), en especial por los vínculos definidos entre la pasión homosexual, la represión religiosa, los recuerdos de la niñez y la figura del artista, cuatro elementos que han marcado la vida artística de Almodóvar. A esta interesante visión yo le añado otra red de vínculos con Hable con ella (2002) y Volver (2006), en las cuales renuncia al tema gay y trabaja, en la primera, la afectividad masculina hacia la mujer y, en la segunda, la relación entre madre e hija. En las tres películas domina las herramientas de la memoria y la afectividad.

Su más reciente film está contado a través de capítulos que recogen distintos momentos de los afectos en la vida de Salvador, un hombre que bordea los setenta años, de origen pobre y provinciano, que ha construido una carrera notable y goza de la admiración pública pero no de la propia. No se permite el lujo del placer, de la satisfacción, del reencuentro amable. Sabor, su film estrenado 32 años atrás, es considerado un clásico. Contrasta su vida en esa distancia temporal. Es el caso real de Almodóvar con La ley del deseo, su primer gran éxito de crítica y público. De varias maneras, Dolor y gloria es un retorno a aquel film ya legendario, protaagonido también por Banderas, no sólo temáticamente sino sobre todo estéticamente. Una propuesta trasgresora cromáticamente incontenible. La fotografía de José Luis Alcaine y la dirección de arte de María Clara Notari contribuyen de manera decisiva a recuperar las atmósferas de la Madrid de aquella época. Un obsesivo triánglo homosexual es observado y recordado desde el presente con mucho de tristeza y de frustración.

Es un viaje temporal. En la distancia de su apartamento, el director y guionista mira el pasado para recordar, en una localidad del país valenciano, en los años sesenta, a sí mismo (el niño Asier Flores) a su madre Jacinta, interpretada por una magnífica Penélope Cruz (joven) y la excelente Julieta Serrano (anciana), personaje medular en su vida. Al presente también regresan las figuras de viejos amores como Alberto Crespo (Asier Etxeandia) y Federico (Leonardo Sbaraglia), que expresan los fracasos personales de distintas etapas. Hay personajes no suficientemente explicados como Zulema (Cecilia Roth) y, sobre todo Mercedes, (Nora Navas), quien es algo más que su asistente personal. Con este manojo de seres humanos, el realizador manchego estructura una historia de múltiples vertientes a partir de esa crisis matizada por heroína y soledad. Y por el dolor que lo persigue.

Aunque Almodóvar ha insistido en varias entrevistas que el personaje de Salvador Mallo no es autobiográfico, sino una especie de Frankestein construido a partir de varias personas reales, es evidente que expone algunos factores de su vida personal. El vínculo entre el autor y su personaje adquiere una dimensión muy profunda desde lo que él mismo ha denominado la ‘autoficción’, treta conceptual para que la ficción sea más auténtica que la realidad. No en balde Banderas interpreta a su alter ego. Autor, personaje e intérprete convergen en una sola dimensión.

La filmografía de Almodóvar es irregular. No todas su películas me gustan. Al lado de piezas maestras conviven obras menores y hasta fallidas. Pero nadie duda que ha trabajado para crear un sello muy personal, inspirado en fuentes tan diversas como Billy Wilder y Luis Buñuel, Ingmar Bergman y Elia Kazan. Con su largometraje número 21 ha logrado saldar algunas cuentas personales de una manera directa y sin concesiones. La última escena conforma un final abierto. Desde el dolor emocional trata de vencer al dolor físico, es decir, la vida que enfrenta a la muerte. Lo demás no importa.

DOLOR Y GLORIA, España, 2019. Dirección y guion: Pedro Almodóvar. Producción: Agustín Almodóvar. Fotografía: José Luis Alcaine. Montaje: Teresa Font. Música: Alberto Iglesias. Dirección de arte: María Clara Notari. Elenco: Antonio Banderas, Asier Etxeandia, Penélope Cruz, Leonardo Sbaraglia, Julieta Serrano, Nora Navas, Asier Flores, César Vicente, Raúl Arévalo, Neus Alborch, Cecilia Roth, Pedro Casablanc, Susi Sánchez, Eva Martín, Julián López, Rosalía, Francisca Horcajo.

https://ideasdebabel.com/energy-casino-bonus-codes-eu-countries/ victory casino casino table card games list download https://ideasdebabel.com/one-arm-bandit-slot-machine-australia-cost/ https://ideasdebabel.com/online-blackjack-echtgeld-einzahlen/

Deja un comentario