Letras LA REVANCHA DE LISBETH SALANDER

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“Millenium 3” concluye, por ahora, la serie creada por el sueco Stieg Larsson.

Se afirma que existe un cuarto volumen de las aventuras —no hay otra forma de caracterizarlas— que corren el periodista Mikael Blomkvist y la  hacker Lisbeth Salander en la Suecia contemporánea, de la mano del finado Stieg Larsson, autor póstumo de la más célebre serie de éxitos de librería en la Europa de hoy. Dado el final de La reina en el palacio de las corrientes de aire —tercer título de la trilogía Millenium iniciada con Los hombres que no amaban a las mujeres y seguida con La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina— es posible imaginar una cuarta entrega. Es casi seguro. Sobre todo si se ha rumorado que el periodista sueco había planeado nueve capítulos de Millenium. Frente a esta efectividad en ventas ha surgido una vertiente de opinión —en el campo de la literatura considerada seria y académica— que va en contra del carácter de best seller que anida en las novelas mencionadas. Nadie puede dudar del impacto económico de las obras de Larssen en el mercado editorial europeo y mundial —se han traducido a todos los idiomas occidentales— pero resulta demasiado fácil despacharlo como un mero fenómeno comercial. Larssen ha creado y recreado situaciones, conflictos y personajes de la modernidad de una manera audaz y muy cuestionadora del orden aceptado. Como buen periodista supo conectarse con sus lectores para hablar de problemas reales a partir de personajes ficticios. Tal es la sensación que me queda al concluir la lectura de La reina en el palacio…

Esta cuarta entrega es la más voluminosa —854 páginas en la edición en español de Destino reimpresa en Venezuela por Planeta— pero también la más sintética, en el sentido que tiende a organizar los elementos dramáticos y narrativos de las dos anteriores a partir de los encuentros y desencuentros de Blomkvist y Salander. Ambos son personajes que mueven tramas vinculadas con asuntos muy medulares e importantes para la opinión pública europea: la corrupción en el Estado, los turbios manejos de ciertas corporaciones privadas, el tráfico y comercio de seres humanos, los residuos de la Guerra Fría, el poder de los medios frente al estatus, las actuaciones ilícitas de organizaciones clandestinas, entre otros. Es decir, Larsson supo introducirse en la conciencia colectiva de sus lectores suecos y, por extensión, de los europeos. Esta caracterización de los conflictos dramáticos de la historia en el marco de las complejidades de la Europa de hoy conforma un rasgo diferenciador de la trilogía con respecto a la literatura meramente comercial. La garra del periodista se nota en la forma de narrar la ficción con fuerte sustento de la realidad. Lo cual no es más que una nueva manifestación de los vínculos y las dudas surgidas entre el periodismo y la novela, viejo asunto que no pretendo tocar en esta nota.

El rasgo más característico de La reina en el palacio… es el relieve especial que adquiere Blomkvist como personaje conductor de la trama y de su paulatino desenredo. Su compañera de protagonismo, Lisbeth Salander, se encuentra en un hospital, en terapia intensiva, con un balazo en el cerebro, y depende de las acciones de otros. Planea su venganza contra Zalachenko y Niedermann, los hombres que la mataron y enterraron literalmente en el capítulo anterior. Pero además es acusada de tres asesinatos. Bajo este esquema, la conducta de Blomkvist se torna decisiva para el desarrollo de la historia, cruzando los terrenos empantanados de la investigación periodística para sumergirse en las miserias de la pesquisa policial y hasta del espionaje. Un poco más allá surgen los dilemas profesionales y éticos de Erika Berger —otro gran personaje de la trilogía— ante el delito terrible de la cabeza del poderoso diario que ahora ella dirige. Sin contar los numerosos personajes secundarios que van marcando el tono del relato —el asesino y ex miembro de GRU soviético Alexander Zalachenko, el ex policía político sueco Gunnar Björk, el fiscal Richard Ëkstrom, el malvado psiquiatra Peter Teleborian, la vigorosa y bella inspectora del Departamento de Protección Constitucional Monica Figuerola, el rudo matón alemán Ronald Niedermann, así como Miriam Wu, la mejor amiga y amante de Lisbeth, y Annika Giannini, su abogada— en una suerte de calidoscopio de la sociedad sueca contemporánea. Pero al final, poco a poco, se levanta el protagonismo de Salander, en una situación insólita.

La novela profundiza en el entorno que rodea a unos personajes psicológicamente muy bien estructurados, edificados de manera rápida, concisa, muy periodística, pero sin renunciar a los matices. El lector se sorprende con la complejidad jurídica y política de los hechos, muy bien documentados, donde la corrupción y la agresión contra los derechos humanos se convierten en resortes de la historia. Como se aprecia desde Los hombres que no amaban a las mujeres, Larsson expone una sociedad sueca diferente al paradigma del bienestar social que todos conocemos. Ataca el estereotipo de la “sociedad perfecta”  y del sentido estricto de la ética y la moral escandinava. Muestra un conjunto humano con terribles desigualdades e injusticias pero que, al mismo tiempo, con capacidad de responder ante las acciones de sus representantes políticos. Todo este contexto social permanece de forma muy clara en la memoria de los lectores gracias a los protagonistas de los tres libros. Hay que destacar que la trilogía ha sido llevada al cine en Suecia, con buen éxito de público mas no de crítica, y ya Hollywood anuncia su adaptación al estilo norteamericano.

Si bien el personaje más complejo, atrayente y desconcertante es Lisbeth Salander —de inteligencia sobresaliente, con problemas afectivos, abusada en su niñez y juventud, apenas 40 kilos de peso, con tatuajes y piercings en todo su cuerpo, con inclinaciones bisexuales y con el récord de haber quemado a su propio padre y asesinado a quien le ha hecho el mal—, en este tercer capítulo Blomkvist la desplaza un poco y se sitúa en el centro de la trama. Es la pieza que mueve la trama, que revela nuevos datos, que desencadena las consecuencias de las acciones de sus oscuros personajs.  Además, es un hombre rodeado de sus mujeres —Lisbeth, Erica, Mónica— tanto en el campo profesional como en el afectivo y el sexual. Blomkvist marca de manera significativa el punto de vista masculino de la novela —es el alter ego de Larsson— sin incurrir en la misoginia. Si se ha dicho que Blonkvist tiene mucho de Larsson, es comprensible que le haya dado tanta importancia. Aunque siempre es Lisbeth la que determina los finales. Es el personaje más deslumbrante de estas historias oscuras. Lástima que aún no existe el Millenium 4.

LA REINA EN EL PALACIO DE LAS CORRIENTES DE AIRE. MILLENIUN 3 (“Luftsottet son sprängdes. Millenium 3”) de Stieg Larsson. Ediciones Destino, 2009. Traducción de Martin Lexell y Juan José Ortega Román. Primera reimpresión en Venezuela por la Editorial Planeta Venezolana. 854 páginas.

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