Porto PASIÓN Y DESCONSUELO, por Ángel Rafael Lombardi Boscán

Porto
En ‘Porto’, una película apadrinada por Jim Jarmusch, la melancolía etiqueta a sus dos protagonistas desde un amor instantáneo y febril pero que no conduce a esa felicidad sostenida en el tiempo.

Especial para Ideas de Babel. Dios, el Creador o la Naturaleza nos dan un suspiro de existencia. Luego sobreviene el aniquilamiento. Para un creyente que vive en la esperanza de la resurrección no hay tantos inconvenientes siempre y cuando su fe sea de verdad una auténtica fe y considere como un consuelo real la posibilidad de una perdurabilidad que la descomposición de la materia humana contradice. Peor lo tienen los que consideran que la vida se acaba y no hay nada más. Eso de que la muerte es algo natural no convence a la mayoría. ¿Si fuese algo tan natural y normal qué sentido tienen la existencia de las religiones más diversas?

Y con todo tenemos una existencia corta desde el misterio más grande que solo los destellos de una razón imperfecta contribuye a darle algún tipo de sentido. Aunque más fuerte que la razón están los sentimientos, las pasiones y las emociones, aún más incomprensibles y causantes de la desdicha democratizada y el triunfo de unos pocos elegidos cuya psicología superior o suerte les otorgan los premios.

En Porto, una película apadrinada por Jim Jarmusch, la melancolía etiqueta a sus dos protagonistas desde un amor instantáneo y febril pero que no conduce a esa felicidad sostenida en el tiempo. Vana aspiración de todos los mitos románticos. El amor apasionado es una manifestación de una insania sin control. Solo hay el Eros; una balbuciente Philia y un invisible Agape en el caso de esta pareja de solitarios extraviados en la bucólica ciudad de Oporto en Portugal.

Que el pasado sea un ancla es algo conque la humanidad no ha sabido lidiar adecuadamente. Otro escape es hacia un futuro impreciso cuyas metas siempre son cada vez más lejanas. Y nos olvidamos que sólo hay un tiempo que es el presente y que este o se aprovecha o se dilapida. El protagonista masculino de Porto fue inoculado con un veneno paralizante: el acercamiento esplendoroso de un erotismo brutal le hizo creer en un amor sin mentiras y consistente. Nunca se repuso. La protagonista femenina fue mucho más pragmática en eso de conseguir un paliativo o un efecto placebo a su caótica existencia arropada por la soledad y el sinsentido. Ella misma se autodefine como una loca. Quizás todos llevamos una forma de locura que logramos disimular en una poblada donde los locos somos mayoría y los cuerdos una muy rara especie en extinción.

En fin, la película de Gabe Klinger, parsimoniosamente bella, y con unos diálogos que te hacen pensar sobre las experiencias de una vida fugaz, logra interesar al espectador iconoclasta, porque estoy seguro, que al mundano, se habrá aburrido como ninguno.

PORTO (Porto), Portugal, Francia y EEUU, 2016. Dirección: Gabe Klinger. Guion: Larry Gross, Gabe Klinger. Fotografía: Wyatt Garfield. Música: Emahoy Tsegué, Maryam Guèbrou. Elenco: Anton Yelchin, Lucie Lucas, Paulo Calatré, Chantal Akerman, Florie Auclerc-Vialens, Françoise Lebrun, Aude Pépin, Filomena Gigante, Diana de Sousa, Rita Pinheiro.

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