El Amparo UNA MUESTRA DEL CINE QUE NECESITA REENCONTRARSE CON SU AUDIENCIA, por Luis Daniel de León

El Amparo 3
La realidad que expone El Amparo puede calificarse de incómoda, pero tristemente para nosotros representa una constante en casi todos los pueblos latinoamericanos a lo largo de los años.

Larga tuvo que ser la espera para que finalmente nuestras salas de cine proyectaran El Amparo, obra dirigida por Rober Calzadilla y escrita por Karin Valecillos, que tras una gira alrededor del mundo ha logrado una considerable cantidad de premios y reconocimientos en diversos festivales de cine de primera categoría, ahora finalmente puede ser propiamente diseccionada por el público para el que estaba destinada en primer lugar.

Lo primero que considero que beneficia a El Amparo como película es el hablar de un tema que es intrínsecamente político pero bajo un discurso sutil, existe una obvia intención de denuncia por el simple hecho de querer recrear y contextualizar el falso positivo del 88 en el Estado Apure, donde 14 pescadores fueron masacrados por miembros de la Guardia Nacional y esta misma se excusa de sus acciones haciendo creer que se trató de un enfrentamiento con un grupo guerrillero armado.

A pesar de esta clara muestra de abuso de poder y manipulación mediática del Gobierno Nacional, el principal foco de interés de la película es despertar en el espectador una relación entre el conflicto moral y el lado más humano de sus víctimas. Los únicos dos sobrevivientes de la masacre son Chumba y Pinillo, que son obligados por el estado a permanecer en un estado de reclusión ante una injusticia que en un principio ni ellos mismos parecen ser capaces de entender.

Cabe destacar que aquello que más logra enaltecerse en el film es una verdadera muestra de la idiosincrasia de nuestro pueblo, representado de una forma sumamente realista pero que no deja de ser en esencia cinematográfica, se debe felicitar que cada dialogo posee un propósito claro pero verosímil dentro del relato.

Puede decirse que su guión logra destacar de muchos otros en nuestro cine gracias a que sus escenas están construidas de una forma en que hay una constante tensión implícita y una creciente expectativa por algún tipo de resolución ante los hechos, en pocas palabras, existe una intención detrás de cada momento que lo hace más memorable gracias a un sólido uso y entendimiento del conflicto con todas sus posibles ramificaciones.

Existe un correcto tratamiento del entorno local como elemento protagonista, captura perfectamente como un escándalo de esta magnitud no se pierde dentro del bullicio rutinario y muy difícilmente pierde su vigencia al afectar de manera tan directa a toda una comunidad, es este el aspecto que nos permite conectar más rápidamente como audiencia, al no ser los inculpados meros nombres desprovistos de personalidad sino posibles vecinos, cuñados y compadres con un peso propio dentro de la comunidad expuesta.

La dirección de Calzadilla desde un principio es sobria, tiene una cierta sensibilidad por los detalles que emulan al cine europeo pero que al mismo tiempo logra conservar ese bullicio caótico y demás elementos propiamente autóctonos de la atmósfera criolla, además, las actuaciones son soberbias,  con voces llenas de carisma y melancolía que representan lo mejor de este cine minimalista con pocos de recursos pero hecho con un talento más que suficiente para hacerle justicia a una historia que conmocionó al país.

La realidad que expone El Amparo puede calificarse de incómoda, pero tristemente para nosotros representa una constante en casi todos los pueblos latinoamericanos a lo largo de los años. ¿Qué pasa cuando la versión oficial está mal y es esta la que busca pisotear al inocente? ¿En quiénes podemos confiar si son nuestros propios gobernantes los que obran mal? ¿Y qué nos queda a nosotros por hacer ante esta clase de escenario?

La película fácilmente logra trascender las barreras generacionales y permite dar con un sólido mensaje atemporal de reclamo por la verdad ante las más grandes adversidades, aun si se trata de ir en contra de la más alta autoridad. Me tomo una libertad al decir que quizás este sea el reflejo de cómo el silencio ante esta clase de situaciones forma un caldo de cultivo perfecto a crisis sociales como en la que nos vemos envueltos hoy en día.

Como todos podemos llegar ser víctimas de los errores de administraciones pasadas, y como este vergonzoso hecho en nuestra ya muy convulsionada historia política pudo ser un detonante para la clase de realidad a la que nos hemos ido acostumbrando como nación.

Por esta y muchas otras razones, ver esta película no implica una victoria al lograr un merecido y necesario reencuentro entre una audiencia y su propio cine, sino también una búsqueda por seguir diagnosticando la propia identidad nacional, un claro llamado a no olvidar los errores del pasado y mantener firme nuestras convicciones a cualquier costo.

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