Letras AMORES EN EL LABERINTO DEL TIEMPO Y EL ESPACIO

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El viajero del siglo.3
Es la ganadora del Premio Alfaguara de este año

El más reciente premio Alfaguara de novela se edifica sobre una propuesta que trasciende los límites del tiempo y del espacio. El viajero del siglo, del narrador, ensayista y poeta argentino Andrés Neuman, es una obra fantasiosa sobre un mundo inexistente pero atrapado en un período de la historia —la Restauración europea en el siglo XIX— y en un espacio demasiado amplio —en la ficticia Wanderburgo, Alemania, entre Sajonia y Prusia, en cualquier lugar— que permite el desarrollo de un romance entre Hans, un traductor viajero y misterioso que representa el universo exterior que ha sido transformado por la historia, y Sophie, la bella, encantadora y anticonvencional hija del señor Gottlieb, emblema del conservadurismo de la ciudad. Ambos constituyen el punto de partida de un relato que expresa la trascendencia de las ideas y las motivaciones íntimas o colectivas para los grandes cambios de la humanidad. Una novela ingeniosa, prolija, muy sensual, sobre una relación condenada desde el principio y sobre un tiempo que se desdibuja en la memoria.

Nunca había leído a Neuman, lo confieso, Para mí fue una sorpresa descubrir una narración tan precisa, casi quisquillosa, en este bonaerense de apenas 32 años —afincado en Granada desde 1991— que ha publicado las novelas Bariloche (Anagrama, Barcelona, 1998), La vida en las ventanas (Espasa Calpe, Madrid, 2002) y Una vez Argentina (Anagrama, Barcelona, 2003) además de varios volúmenes de cuentos, poesía y ensayo. No podría llamarlo un “nuevo escritor”, por lo tanto, sino un más bien un escritor que encuentra su punto de madurez en edad temprana.

El viajero del siglo se construye sobre el eje definido por la llegada y estancia de Hans en Wanderburgo, un lugar móvil y huidizo a donde los forasteros llegan sin poder marcharse. A su vera se incorporan primero el organillero y su caniche, como cálida bienvenida a ese espacio desconocido, pero luego irán subiéndose al tren de la novela el señor y la señora Zeit, su hija adolescente, el señor Gottlieb y su hija Sophie, el señor Mietter, el matrimonio Levin, la viuda Pietzine, el español Álvaro de Urquijo y el prometido de Sophie, Rudi Wilderhaus. El epicentro cognitivo es la mansión de los Gottlieb, donde cada viernes se realiza una velada intelectual, aunque buena parte de la trama se desdobla en la pensión donde duerme y ama Hans, en las riberas donde mora el organillero y en las tabernas frecuentadas por el traductor y el vasco-andaluz Álvaro que tampoco sabe por qué se ha quedado tanto tiempo en la ciudad. Se trata de una narración muy bien edificada, con un equilibrio poco usual, que justifica las quinientas y tantas páginas. No es lectura fácil pero sí muy gratificadora.

El nervio central de la narración se construye sobre la base del amor clandestino de Hans y Sophie, sus encuentros sexuales, sus complicidades literarias, sus pequeñas rebeliones, sus secretos atesorados. A los costados de esa relación se dibuja la vida de una ciudad agobiada por su incapacidad de cambiar y por sus prejuicios. El aislamiento ante la Europa del conocimiento se manifiesta en las soirées de los viernes, más atentas a las buenas maneras que a la vigencia de las ideas. Ese variopinto cuadro de personajes expresa la parálisis del pensamiento. En cambio, los encuentros eróticos y literarios de Hans y Sophie enarbolan las banderas de la trasgresión. La traducción revela su carácter de creación propia y de puente entre dos lenguas, es decir, entre dos mundos. Traducir es crear y crear es traspasar los límites de los aceptado.

He leído que la obra de Neuman aborda una historia del siglo XIX desde la perspectiva narrativa del siglo XXI, lo cual puede ser cierto pero no sé si es relevante para las posibilidades de la novela. Me parece difícil establecer las pretendidas relaciones entre la Europa del ochocientos y la de este inicio de milenio desde la plataforma de El viajero del siglo, más allá de las simbologías obvias del laberinto, de la alteridad, de lo no aceptado, que ha afectado no sólo a Europa sino al planeta entero en sus múltiples manifestaciones en los últimos 300 años.

Prefiero pensar que Neuman ha narrado un conflicto universal, si se quiere atemporal, pero sobre todo muy transformador, que retoma viejos problemas y conductas que no han dejado de azotarnos o liberarnos. En todo caso, acepto las palabras de Luis Goytisolo, Ana Clavel, Carlos Franz, Juan González, Julio Ortega y Gonzalo Suárez, miembros del jurado del premio Alfaguara 2009, que han destacado “la ambición literaria y la calidad de una novela que recupera un aliento de la narrativa del siglo XIX escrita con una visión actual y espléndidamente ambientada en la Alemania post napoleónica”.

EL VIAJERO DEL SIGLO. Andrés Neuman. Premio Alfaguara 2009. Distribuidora y Editora Aguilar, Altea, Taurus, Alfaguara, Bogotá, 2009.  531 páginas.

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