A própósito de ‘CAP 2 intentos’ de Carlos Oteyza RENTISMO PSÍQUICO, por Héctor Aníbal Caldera

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Carlos Andrés Pérez
En el segundo período, se percibe a un Pérez que quiere enmendar la manera como hizo las cosas en su primer período, consciente de que lo botarate conlleva consecuencias perjudiciales para todos.

La película documental de Carlos Oteyza, CAP 2 intentos, empieza con una escena donde Pérez está intentando comunicarse por celular: “Alo, alo”, se percibe dificultad en la conexión, “Alo”. Sin embargo quiere conectarse.

A todo lo largo nos recrea y refleja como venezolanos a través de dos momentos de este presidente. Expresa en buena parte la manera de comportarnos, nuestra manera de pensar y actuar, donde tendemos a esperar que nos den, con ese pensamiento mágico que se cree merecedor o más bien aguarda que alguien nos rescate. La llegada de un mesías, alguien que nos salve y, en el mientras tanto, mejor nos vamos a disfrutar, a pasarla bien porque todo está bien. Y en caso que no lo esté, vamos a ignorarlo y nos decimos: Todo está bien.

Radica allí una antigua dificultad, nuestro pecado de origen, provenimos de una tierra que parió libertadores, héroes. Entonces ellos que vengan y nos provean. Antes nos colonizaron unos que creían que esta tierra era El Dorado, a extraer entonces el oro. Luego al pasar los años a esta tierra le dio porque brotase oro, no importa que fuese negro, oro al fin. Entonces que la tierra provea así como en las tierras costeras es el mar que provee, sean entonces la naturaleza y los héroes los proveedores. Estamos aquí para recibir.

Con ese pensar jugamos con pasado y futuro, —lo que nos dieron o los que nos pueden dar— y en caso que hiciésemos un esfuerzo para estar en el presente que sea para que nos pongan donde hay, qué pedazo de torta vamos a recibir. Este proceder, a la vez actitud y forma de relacionamiento, hace que nos desenvolvamos como rentistas en todo nuestro sistema psíquico por no decir también circulatorio, digestivo y respiratorio. El esfuerzo se centra en sopesar lo que se recibió o se va a recibir, teniendo atrofiada la psique de presente. Producir o desempeñarse con responsabilidad, por ejemplo, son verbos que exigen presente, la consecuencia natural: Que lo haga otro, demasiado esfuerzo. Lo que sí se puede hacer, en presente, es acomodarse para salir bien en la foto.

En 2002, cuando se estableció con la OEA la mesa de negociación y acuerdo, nunca olvidaré el comentario que me hizo uno de los profesionales que estaba apoyando ese proceso: “Yo he estado en varios continentes y me llama la atención de los venezolanos que ustedes hablan de lo que pasó o de lo que podría pasar, pero no hablan de lo que pueden hacer hoy, en el presente”. Pobre profesional, no comprendió que estaba en tierra rentista.

En el segundo período, se percibe a un Pérez que quiere enmendar la manera como hizo las cosas en su primer período, consciente de que lo botarate conlleva consecuencias perjudiciales para todos. Una acción de enmendar en un ser humano que lleva consigo sus contradicciones, al abrirse a una mayor democracia y al desafío de producir, sin perder, por otra parte, su arrogancia. Un segundo intento en busca de hacerlo mejor, pero repito con sus contradicciones. Sin embargo afirmo: quien no las tiene que arroje la primera piedra.

Con el pecado capital de pedir que produzcamos, además producir de manera competitiva y rentable de cara al mundo, qué se ha creído este gocho. Demasiado presente, acaso no entiende que somos rentistas. Recordemos la famosa cita de T.S. Eliot: “El hombre no soporta demasiada realidad”. Escenario propicio para darle un parado, sea por intrigas de adentro, de afuera o más bien de ambas. Además, qué es eso que un político reflexione e intente cambiar. Por favor, en el rentismo no se reflexiona ni se madura. Se pide, se cuidan los intereses. Nuestras propias instituciones y organizaciones, de todo tipo, no aceptaron ese enmendarse, además siguió con su arrogancia que a la vez refleja la nuestra.

El documental termina con la escena original, la dificultad de realmente relacionarnos. Uno habla y el otro no escucha, uno se expresa y en el otro lado no hay vínculo. Permanece el desencuentro, queda desdibujada la relación que anhela comunicarse, quizá en búsqueda de reflexión para llegar a aceptar y a la postre llegar a producir, incluyendo ese reconocer y exigirnos entre nosotros, en un presente que aún se encuentra extraviado.

hectoranibal.caldera@gmail.com

@hectoranibal9

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