Inflación y escasez EL DÚO DINÁMICO DEL SOCIALISMO DEL SIGLO 21, por Mirla Dazza

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A mayor escasez, mayor es la subestimación de los precios.

Si la inflación es terrible, la escasez puede ser peor, y la combinación de ambos fenómenos es devastadora. Cuando esta última se manifiesta en una economía, los datos de inflación pierden la capacidad de reflejar el verdadero costo de los bienes y servicios, no por una manipulación del indicador, sino porque este (la inflación) subestima los precios de los bienes y servicios debido a la escasez, y por lo tanto se imposibilita conocer a ciencia cierta su precio.

A mayor escasez, mayor es la subestimación de los precios. En consecuencia, en una economía de escasez creciente, el verdadero poder adquisitivo de los ciudadanos se deteriora a una velocidad mayor de la que sugieren las cifras oficiales de inflación. En otras palabras, la escasez subestima la inflación y la subestimación de la inflación subestima los niveles de pobreza que reflejan las cifras.

Al reducir el problema económico a su máxima expresión, el elemento dominante es la escasez de recursos frente a las ilimitadas necesidades que deben ser atendidas. Las necesidades del ser humano en términos de bienes y servicios exceden la cantidad que la economía puede producir de ellos con los recursos que tiene a la mano, quedando siempre algunas de estas insatisfechas.

El problema surge, entonces, de la interrelación entre lo que se requiere y lo que está disponible.

En Venezuela, desde el año 2007 hasta el presente se ha incrementado el nivel de escasez, debido a:

1) Un aumento de la demanda interna: el Gobierno nacional ha obtenido ingresos externos extraordinarios por el alza de los precios petroleros, lo que le ha permitido estimular el consumo, originándose durante este lapso un impulso parcialmente artificial de la demanda, a través de una política fiscal expansiva y el financiamiento monetario del gasto corriente, subsidiando fuertemente insumos primarios para el consumo interno como la energía y las divisas.

2) La contracción de la oferta agregada por el deterioro de la producción interna: inducido por la imposición de anacrónicos controles, regulaciones de precios, expropiaciones e intervenciones, lo que ha mellado las relaciones entre los agentes de producción y la confianza en el sector privado.

Con el objeto de indicar mejores resultados del PIB nacional, se ha presentado una expansión del sector público que busca ocupar esos espacios tradicionalmente atendidos por el sector privado, a lo que se suma el cambio metodológico sobre las mediciones tradicionales para cuantificar la actividad económica, a través de modificaciones en las estadísticas sobre el sector petrolero y gubernamental provistas por diversos organismos públicos al Banco Central de Venezuela (BCV) y al Instituto Nacional de Estadística (INE). Estas dos medidas han procurado proyectar una imagen de bienestar económico pleno que no es tal.

Frente a los diferentes dilemas estructurales de la economía venezolana se requiere más que expansiones artificiales y cambios en los sistemas de medición. Se hacen necesarias políticas incluyentes de diversa índole para resolver los problemas asociados a la demanda distorsionada y a una oferta alicaída. Esto lo han logrado otros países vecinos y de nuestra región a través de políticas públicas asertivas que fomentan la competitividad, y que se ha materializado en niveles de inflación y abastecimiento son propios de los países líderes en desarrollo y equidad.

*Mirla Dazza es investigadora del Observatorio del Gasto Público (OGP) del Centro de Divulgación del Conocimiento Económico para la Libertad (Cedice Libertad)

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