Carmina Burana ¡QUÉ ESFUERZO PARA TRES FUNCIONES!, por Carlos Sánchez Torrealba

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Carmina Burana 1
Ahora, circundados en esta oscurana nacional, ¿qué viene a decirnos esta parvada de artistas con estas ocurrencias provenientes del medioevo?

Una hechura nacional, multisensorial y hermosa, puesta en escena en el Teatro Teresa Carreño gracias al Sistema de Orquestas y Coros Juveniles e Infantiles de Venezuela (Fundación Musical Simón Bolívar), la Fundación Teatro Teresa Carreño y Amarú Producciones

Desmesura y voluptuosidad.

Fiesta por la alegría de vivir.

Goce por la plenitud de la vida.

Amor por la naturaleza y sus dones.

Celebración de las vendimias, las demás vueltas del vino y otras emanaciones de la tierra.

Conversión de esos placeres en la continuidad del encanto procurado por la música y la danza, con la poesía en escena, los colores y las formas, las luces y las sombras.

Clamor a vivas voces por las circunstancias de la fortuna que hoy nos sube y mañana no.

Lamento sonoro donde se reconocen nuestras fragilidades y firmezas, nuestras constancias. Nuestra humanidad envuelta en los pasos de la naturaleza, del tiempo, de la heredad, de los viles y de los nobles.

Revelación arcaica que viene como para renovar, para reconocernos en nuestra humana dimensión y seguir fecundando.

Deseo de abrazar con todos los sentidos, de compartir el secreto ancestral de cómo las artes y la poesía han sido desplegadas por los humanos desde tiempos remotos para inventar aguantes para la misma condición humana antigua y actual. Esta materia, sustancia y cenizas que somos a la buena de los dioses… hojas llevadas por el viento…

Carmina Burana 2

Carmina Burana, espectáculo hecho para el ejercicio de sumar y multiplicar la voluntad humana sobre el escenario en un enorme ejercicio de libertad concentrada. Una cantata de los sentidos para abrirlos o para mantenerlos así quien ya los tenga y entonces expandir la condición alada del ser humano.

¡Gracias a estos goliardos nacionales por haber compartido con nosotros esta Carmina Burana de nuevo cuño! ¡Rizomática y plural!

¡Gracias al maestro alemán Carl Orff por haber tenido el prodigioso juicio lo suficientemente afinado con el sentimiento para resguardar así estas melodías y esta poesía arcaicas y tan contemporáneas y empacarlas entre gasas y lazos de oro! ¡Parte preciosa de la herencia de la humanidad valorada en su esencia poderosa y protegida para lo por-venir!

De nuevo, ha sido convocado Miguel Issa para conducir este gran juego escénico y, nuevamente, ha venido a conmovernos con esa muy suya desenvoltura de duende capaz de mover los hilos, las sensibilidades, las capacidades de uno y de otro, de un conjunto y de otro hasta convertirlo todo en polvo dorado, enamorado, en viento poderoso, en materia sutil, en imágenes de ensueño como alquimista del teatro bien hecho. El escenario de la Sala Ríos Reyna de nuestro Teatro Teresa Carreño —que mide como una cuadra— fue tomado por el sortilegio hasta en sus más íntimos rincones y allí adentro, el público y sus artistas.

La batuta del maestro Christian Vázquez viene y se presta al juego de los histriones al frente de la Orquesta Juvenil Ezequiel Zamora que toca en Mayúsculas. Haciéndolo de manera sublime cuando corresponde, de manera contundente cuando la música lo exige para hacer que todo aquello suene envolvente, encantador. Más aún cuando las voces de los coros dirigidos por Lourdes Sánchez le agregan el milagro de la voz humana cuando canta en compañía. Acoplarse debe haber sido materia difícil. No obstante, para complementar la delectación, bailarines vienen y danzan sobre aquella pista y juegan y juegan y juegan con las coreografías de Robert Arámburo aunque en ocasiones se le escuchen las pisadas y los cuerpos a veces caigan sin suspensión, probablemente la terrenalidad de esa música los llama al suelo.

Tres solistas se suman para cantar sus partes inolvidables. El barítono Jesús Villamizar, el contratenor Fernando Escalona ¡a quienes ya conocíamos en sus andanzas con la Camerata de Caracas! y una criatura que, en su veintena, luce inmensa en su desempeño, madura en su porte teatral, exquisita en su oficio de soprano: Génesis Moreno. Excelsa en las notas largas, impactante al dejar escuchar su hermosa voz incluso por sobre los sonidos de la orquesta.

Olores, ramazos de ruda al público que iba entrando con palabras de goliardos, luces después bailando también sobre el espacio e imágenes proyectadas en pantallas oportunas, complementaron el hechizo.

Presenciar este fin de semana pasado esta versión multisensorial de Carmina Burana fue como darle unas cortas vacaciones al desencanto reinante, a la desesperanza adquirida y al mal tiempo que nos envuelve.

Carmina Burana 3

Ha sido un gozo cargado de optimismo, pleno de orgullo tanto por lo escrito arriba como porque todo este espectáculo ha sido hecho en Venezuela. Este país nuestro donde el talento forma parte del paisaje maravilloso que la naturaleza nos dispensa. Este país nuestro donde sus artistas bien podrían gozar de mejores condiciones individuales y sociales para compartir con nosotros prodigios como este de manera menos esporádica y más largamente. Este país nuestro capaz de producir arte hasta para la exportación como lo ha venido haciendo desde hace muchos años ya. Un aserto que han podido corroborar en su hechura artística de esta Carmina Burana tanto Marielig Barroso Reques, como su fresco equipo de Amarú Producciones para quienes van nuestros agradecimientos por este atrevimiento para seguir avivando el alma.

En el programa de mano aparece el número de artistas participantes en esta experiencia significativa: más de treinta bailarines en escena, más de un centenar de coralistas, más de cincuenta voces de Los Niños Cantores de Venezuela, una centena de músicos en el foso de la orquesta. Para más regocijo, hasta hubo ñapa a la salida del teatro porque en el amplísimo foyer del Complejo Cultural se presentó el Grupo Gaélica con su música de locos y junto a ellos un conjunto de maromeros, tragafuegos, magos, bailarines, actrices y actores representando a monjas, sacerdotes, pitonisos, juglares, goliardos, malabaristas, zanqueros, contorsionistas, encantadores de serpientes y hasta una taberna medieval. Eso sin contar a los artesanos, a los técnicos y al personal que apoyó en la producción y en la promoción del evento, así como a las instituciones que respaldaron el sueño y que ojalá sigan comprometidos con las artes y la poesía para el bienestar humano.

Cada uno le puso lo suyo en ese ejemplo de país posible y para el que me viene sólo ese texto recogido varias veces en pintas callejeras: ¡Qué maravilla un país lleno de guitarras y no de fusiles! Y digo yo: ¡Qué maravilla un país envuelto de manera cotidiana por las hechuras y las buenas noticias provenientes de sus poetas y sus artistas! Ya lo decía el poeta francés André Maurois: ¡Sólo el arte nos salvará!

Ahora, circundados en esta oscurana nacional, ¿qué viene a decirnos esta parvada de artistas con estas ocurrencias provenientes del medioevo?

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