La ópera de tres centavos POESÍA EN MEDIO DE NUESTRAS LESIONES, por Carlos Sánchez Torrealba

La ópera de tres centavos 1
Domingo Balducci, vigoroso en su Mackie, Zayra Castro, con su voz bien puesta y esa gracia que Dios le dio al servicio de Polly Peachum

La degradación progresiva de la condición humana encumbrada a cultura dominante, a categoría de la realeza, es asunto histórico que, en unos tiempos más que en otros y en unas sociedades más que en otras, nos acecha y nos acogota aunque le pongan música chatarra, lucecitas, discursos alentadoramente chatos, baratijas, lentejuelas y chistes malos para tratar de persuadirnos. Sí, el oprobio nos acecha, nos rodea, nos agarra y nos acogota.

Esta La ópera de tres centavos —suerte de tratado de vilezas humanas— abre su gabinete de la infamia con la muy popularizada melodía Mack the Knife sobre la que un narrador nos adelanta los primeros pasajes de la grotesca historia, ubicada en una Inglaterra de entreguerras, oscura y miserable. Desde esos primeros compases, la obra también nos acecha, nos rodea y nos agarra.

Texto y música van entreverados en esta obra pionera de la comedia musical. Miguel Issa encabeza y conquista el engranaje de una troupe que viene a mostrarnos bajezas y rarezas gangsteriles instauradas como hechos cotidianos que naturalizamos a diario.

Desde el pasado viernes 6 de mayo, en el Teatro Municipal de Chacao, ha comenzado una nueva temporada de este clásico del teatro con un reparto conformado por cuarenta artistas engastados en la escena y una joven orquesta de cámara de delicado y atinado sonido, dirigida por Daniel Gil. Dicho sea de paso, siempre será un alto riesgo mandarse con un Espectáculo —así con mayúsculas— como lo han hecho, acústicamente, sin amplificación para las voces de los actores que deben cantar además a la manera del cabaret germano. Y aunque redoblen los intérpretes sus esfuerzos por la dicción, son muy altas también las posibilidades que tiene el espectador de perderse el contenido de las letras de las canciones ¡más aun si la orquesta está en primer plano!

En todo caso, ahí se agita ese elenco, encabezado por Domingo Balducci, vigoroso en su Mackie, Zayra Castro, con su voz bien puesta y esa gracia que Dios le dio al servicio de Polly Peachum, la siempre resuelta actriz Diana Peñalver, el doblemente grande Adolfo Nittoli haciendo pareja con Diana en uno de los tantos altos contrastes de la pieza que, de sólo mirarlo, nos causa risa, Wilfredo Cisneros, acostumbradamente gracioso y justo en su interpretación, Francisco ‘Paco’ Díaz, gozándose el rol de anfitrión desde ese histrionismo lúdico —valga el pleonasmo— que le caracteriza y el maestro Federico Ruiz quien, con su acordeón a cuestas y junto a Paco, hacen una dupla inolvidablemente graciosa también.

La historia teatral contemporánea venezolana tiene en el Grupo Rajatabla uno de sus capítulos más resaltantes y su hacer teatral de cuarenta y tantos años, devenido en Fundación Rajatabla, sirve de casa productora para alojar allí a esta versión de La ópera de tres centavos escrita por uno de nuestros mejores dramaturgos actuales, Elio Palencia, quien lleva el texto original —compuesto por un prólogo y tres actos— a una lucida adaptación de dos partes con intermedio. Tiempo e instancias suficientes como para salir del espectáculo con un sabor amargamente dulzón que oscila entre el drama, la comedia y la reflexión, procurando que, cada quien a su modo, se lleve un espejo para su casa. Asunto que Brecht siempre quiso, buscó y logró.

La —digamos— fidelidad al texto original de Brecht preserva ese carácter narrativo que forma parte de la poética del autor alemán. Con un escenario austero en elementos, los personajes abren y cierran escenas pendulares porque van de lo sublime a lo terrible haciéndonos observar unos gestos, escuchar unas palabras y presenciar unas escenas que, metáforas al fin, van despertándonos y provocándonos reacciones ligadas a este devenir en el que nos encontramos pero como viéndolo desde una lupa enorme, poética, del tamaño de la boca del escenario y más grande aun. Durante todo el desarrollo de esta Ópera de tres centavos la tensión nos acompaña en una gran danza montada con agilidad de pintor de espacios tridimensionales y multisensoriales para mostrarnos los cambios propios del ser humano y sus muecas sociales. De la mano de Brecht y Weill, estamos frente a un montaje y una troupe fecundantes.

Es así como, entre guantes blancos y trajes de novia, refinamientos encubridores, piernas y entrepechos, envueltos en trajes de prostitutas y harapos de mendigo, entre aromas de almacén de delincuente y perfumes de lupanar, entre cambalaches y porquerías, es así entonces como vienen solos desde pasajes de historias propias, hasta imágenes de historia común y contemporánea; así como también las imágenes de pintores como Otto Dix, Emil Nolde, George Groz o Edward Munch, o las piezas de Nelson Garrido, o Miguel Von Dangel. Tantas y tan seguidas que terminamos acompañando a Munch, juntos todos, en el grito de su cuadro emblemático.

Luego de los amores tormentosos de Polly y Mackie; de enterarnos que Polly es la hija de Peachum, quien junto a su esposa maneja un disfrazado y oscuro negociado, traficando con los mendigos de la City; que ambos se oponen a que su hijita se case y se vaya con el malandro Mack the Knife, consiguiendo que le ahorquen y cuando va a llegar el momento fatal, entra la máquina de ajusticiar, con su soga bien gruesa y un edicto de la Reina que lee Brown, alias El Tigre,  jefe de la policía y fiel amigo de El Navaja, perdonándole la vida y otorgándole hasta un cargo nobiliario, como en tiempos de piratas. La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida ¡Ay, Dios!”, como termina Rubén Blades su Pedro Navaja en el que devino Mackie, poéticamente, acá en el Caribe.

Pero no se diga más. Toca ir a ver esta versión de La ópera de tres centavos en el Teatro Municipal de Chacao y listo. La última vez que la vimos en Caracas fue en 1990, gracias al Berliner Emsemble en uno de aquellos memorables festivales internacionales de teatro de los que alguna vez disfrutamos acá.

Ahora tenemos la oportunidad de apreciar nuevamente la música de Kurt Weill y el texto de Bertolt Brecht animados por Miguel Issa y ese magnífico combo de artistas ¡y de pichonas y pichones venidos del Taller Nacional de Teatro de Rajatabla! mencionados y no mencionados acá ¡y disculpen! pero que saben lo que han hecho. En todo caso, artistas venezolanos plenos, abnegados, hermosos en su hacer teatral.

A todos ellos, gracias, gracias, gracias ¡Bastantes gracias!

La temporada durará en nuestra cartelera teatral hasta el 15 de mayo, los viernes a las 7:00 pm, los sábados y domingos a las 5:00 pm, en el Teatro Municipal de Chacao (detrás del Lido). Las entradas están a la venta en las taquillas del propio Centro Cultural.

A manera de coda, esta cita del propio Bertolt Brecht: “No aceptes lo habitual como cosa natural. Porque en tiempos de desorden, de confusión organizada, de humanidad deshumanizada, nada debe parecer natural. Nada debe parecer imposible de cambiar”.

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