Dibujo indisciplinario 87 OBRAS QUE CUENTAN CUENTOS, por Faitha Nahmens

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El dibujo indisciplinario
87 piezas distintísimas pero concatenadas por la coincidencia del dibujo, esa forma de expresión artística que no es apenas sustento, esbozo o bosquejo de la obra que comienza.

Una exposición en la que participan 21 artistas —y cada uno con tres piezas— es, más que una colectiva, un suceso, una fiesta del arte. Que además tenga lugar en la deliciosa casona colonial del Museo de Arte Popular Bárbaro Rivas de Petare le añade un encanto adicional. No hay color, forma, sentimiento, palabra o gesto que allí no se inscriba, asiente, reacomode con libertad de manera tersa y gozosa. Reducto manso que convoca la cultura, espacio de luz y mágico de tendencia —al decir de Hanna Kovayashi o de la poeta Beatriz Alicia García, de Miguel von Dangel o de María Fernanda Di Giacobbe— en el museo que lleva con devoción Carmen Sofía Leoni este domingo se inaugura la exposición El dibujo indisciplinario, arte al margen, una muestra suculenta en matices, trazo, temática, pasión.

Dice el catálogo suscrito por Nireibí Herrera y Perán Erminy, asesor del proyecto, que “los artistas populares suelen crear tomando como referentes las experiencias de sus propias vidas, dándole a veces otros significados a lo más inmediato de la existencia” y que “los temas religiosos, las imágenes sagradas, la historia, los héroes, los animales, las fantasías, los sueños, los deseos, son algunos de sus motivos de inspiración”. Hay mucho del alma de cada creador en su trabajo, claro, pero sobresale su interpretación encantada y reverencial, sentida y entrañable de lo cotidiano, tiempo y espacio que registran no empujados por la inmediatez, pero consiguiéndole al entorno, sentido.

Forma de consignar con trazos de óleo o en acuarelas o tinta china los hábitos, la naturaleza, las costumbres, esta muestra, como todas las del museo, celebra el arte popular, distinción jerárquica con respecto del arte académico que “acaso lo inferioriza”, y que tiene, en apariencia, “poca difusión y valoración”; en realidad el llamado arte popular es eterno y podría citarse como ejemplo los dibujos fundamentales de las cuevas de Altamira.

El arte popular es espejo. Es relato. Es registro.

La muestra —87 piezas distintísimas pero concatenadas por la coincidencia del dibujo, esa forma de expresión artística que no es apenas sustento, esbozo o bosquejo de la obra que comienza— es un guiño, más bien, un reconocimiento al trazo, la silueta, la soltura de la muñeca que acota con la línea y desde allí juega. De hecho, el crítico y artista Perán Erminy alaba el nombre con que explica la muestra: Dibujo indisciplinario. “Porque luego de darle vueltas en la cabeza coincidimos los curadores y productores en que no hay condicionamiento, no hay camisa de fuerza, no hay margen, al contrario, se sale de él, y aun así, hay historia, cada volumen es un contenido y una elaboración”.

Piezas de Bárbaro Rivas, Elsa Morales, Rafaela Baroni, Jesús Blandín, Francisco Luna Ostos, Manasés Rodríguez, Domingo Escalona, Felicinda Salazar, Antonia Azuaje, José Faneite, Apolinar, Antonio Ramón Pinto, Tulio Márquez, Juan de Dios Campos, Claudio Barreto, José Moreno, Elvia Armas, César Rodríguez, Jesús María Oliveros, José Arecio Pérez y Armando Rodríguez Castro podrán verse, más bien apreciarse, desde el 8 de agosto, a partir de las 11 de la mañana, cuando será la inauguración de esta exposición, como dice el tríptico, de líneas y garabatos, anécdotas y cuentos especulares —los nombres de las obras ya son un decir: Puerto Cabello necesita de la ayuda de los ángeles, o Parranda navideña, o Y siempre se casó Rosita con el general— en el museo, en la calle Guanchez, del Casco Histórico de Petare.

Entonces, además, en el Museo sonarán el requinto de Gustavo Monsalve y la guitarra de Luis Ferregus, que ofrecen concierto en el patio de las estatuas.

 

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