La visión turca LA NUEVA VIDA DE ORHAM PAMUK

Comparte en tus redes

pamuk-2.jpgA finales del año pasado muchos nos preguntamos quién es ese escritor que había ganado el Nobel de Literatura con un conjunto de títulos vinculados medularmente con su Turquía milenaria y misteriosa. A pocos les era familiar el nombre de Orham Pamuk. En noviembre y diciembre sus novelas —la mayor parte editada en español por Alfaguara— comenzaron a poblar las vitrinas de las librerías y varias de ellas se convirtieron en adecuados regalos navideños, especialmente la más reciente Estambul (2005), con mucho de autobiografía, editada en castellano por Mondadori el año pasado. El libro negro (1990), La vida nueva (1995), Me llamo rojo (1998) y Nieve (2001), comenzaron a difundir su obra.

Nacido el 7 de junio de 1952 en Estambul, en el seno de una familia acomodada, Orhan Pamuk es uno de los escritores más reconocidos de su país y su obra ha sido traducida a 34 idiomas. Tras estudiar arquitectura, decidió dedicarse a la literatura y en 1977 se licenció en Periodismo por la Universidad de Estambul, aunque nunca ejerció la profesión. Entre 1985 y 1988 residió en Nueva York y trabajó como profesor visitante en la Universidad de Columbia, antes de regresar a su ciudad natal. Su primera novela fue publicada en 1982, aunque tuvo que esperar tres años para que su obra fuera reconocida a nivel internacional, gracias a la novela El astrólogo y el sultán. Su consagración definitiva llegó en 1998 con Me llamo Rojo, ambientada en el Estambul del siglo XVI, bajo el reinado del sultán Murad III.

Narrador que echa mano del compromiso social y político como propulsor de la modernidad en Turquía y en la búsqueda de un vínculo entre Occidente y Oriente, Pamuk ha desarrollado una postura política que suele enfrentar a los sectores más tradicionales de su país y a la notable miopía de Occidente. Su notabilidad no se debe exclusivamente a sus inmensas virtudes literarias. Sin duda, el escritor más célebre y conocido de su país, Pamuk fue llevado a juicio en diciembre de 2004 —casi dos años antes de su Nobel— por «insultar y debilitar la identidad turca» en una entrevista a un periódico suizo. Afirmó en esa oportunidad que un millón 500 mil armenios y 30 mil kurdos habían sido asesinados por Turquía, aunque negó haber usado el término genocidio. En enero de 2006 un tribunal abandonó el proceso judicial. Esto le valió un exilio que sólo vino a concluir hace unos meses.

El 24 de septiembre de 2006, unas semanas antes de ganar el premio de la Academia Sueca, el diario español El País publicó un reportaje sobre Pamuk, en el que Rosa Montero le formuló las siguientes preguntas:

RM: Señor Pamuk, usted es uno de los intelectuales más interesantes y respetados ahora mismo en ese difícil y estrecho umbral entre Oriente y Occidente, y su opinión al respecto de las difíciles relaciones entre el Este y el Oeste me interesa mucho.

OP: Supongo que la cuestión es si una radicalización de la occidentalización es algo negativo. Y sí, creo que sí, que puede ser negativo. Pero el caso es que mi idea de Occidente es libertad, democracia y derechos de la mujer, tres cosas que Oriente no tiene. Tenemos otras cosas. Por ejemplo, fraternidad. ¡Uau! ¡Somos grandes, somos formidables en eso de la fraternidad! Ese mandato de la Revolución Francesa se nos da muy bien. ¿La igualdad? Bueeeeno, la igualdad tampoco está tan mal, hay algunos filósofos islámicos de la igualdad. Pero lo que no tenemos es libertad, democracia y derechos de la mujer. El resto me da igual. Puedes llevar ropas orientales u occidentales, vivir en casas tradicionales o no. Todo eso me importa un pito. Lo que me importa es que la gente sea libre de elegir lo que quiera. En cuanto a la crispación general, el problema es que, cuando se terminó la Guerra Fría, Occidente, especialmente Estados Unidos, necesitó encontrar un nuevo enemigo, e inventaron el islam como enemigo. Es un enemigo además que se adapta muy bien al papel, porque hay un montón de países no democráticos y por la ira que muestran sobre todo a causa de la cuestión palestina. Pero es que Occidente es tan implacablemente poderoso… Mire esta última guerra, tan injusta, tan cruel, y los países occidentales la han aprobado. Al final, el Oeste ganará y todos los países serán occidentalizados, es inevitable. Y lo que tendría que tener claro Occidente es que el islam no es una amenaza para ellos. No es una amenaza. Luego está el terrorismo… que eso sí que es una amenaza…

RM: Pero también para el mundo islámico…

OP: Sí, pero estábamos hablando de Occidente. Y lo que pasa con el terrorismo es que los medios de comunicación intentan fomentar el equívoco de que el islam es igual al terrorismo. Y no lo es. Si un grupo terrorista occidental pone una bomba, no se considera que la culpa sea de la democracia… Lo que sí hay en el mundo islámico es un sentimiento creciente de rabia por todas las guerras que se han sufrido en los últimos años. Son todas estas guerras las que enfurecen a la gente, no la idea del Oeste. Y cuanto más se habla de terrorismo islámico, más excusas se buscan para legitimar más bombas y más muertes.

RM: Por eso decía antes que el terrorismo integrista también es una amenaza para el islam. Los terroristas matan más musulmanes que occidentales.

OP: Porque es más difícil matar occidentales.

Pamuk regresó a Estambul en abril de este año para escribir su nueva novela, Museo de la inocencia, y para emprensder una nueva vida.

Deja un comentario