Derecho de familia PERELMAN, EL HIJO DE PERELMAN, por Alfonso Molina

derecho-de-familia-4.jpgA sus 32 años, Daniel Burman es todo un fenómeno en el cine argentino y aun latinoamericano. Abogado e hijo de abogado, este realizador porteño optó por la carrera cinematográfica arriesgando mucho en un intento de generar una narrativa intimista, familiar, judía y bonaerense. La opción fue la correcta a juzgar por los resultados. En 2000 presentó Esperando al Mesí­as, una comedia familiar cuyo personaje principal se llama Ariel y fue protagonizada por Daniel Hendler. Luego, en 2004, ganó el Oso de Oro como director en el Festival de Berlí­n con El abrazo partido, comedia familiar cuyo personaje principal se llama Ariel y es protagonizado por Daniel Hendler, quien también ganó en la Berlinale como actor. Finalmente, en 2006, estrenó Derecho de familia, otra comedia familiar cuyo personaje principal —adivinen— se llama Ariel y es protagonizado por —vuelvan a adivinar— Daniel Hendler. Es obvio que Burman ha tenido un tema y ha podido desarrollarlo en esta trilogía: las relaciones entre padre e hijo.

Si en la multipremiada El abrazo partido —nunca estrenada en Venezuela— el conflicto dramático se fundamentaba en la ausencia del padre, pues este había dejado a su familia en Buenos Aires para luchar en Israel, en el caso de Derecho de familia la situación es al revés: la permanente presencia del padre. Ariel Perelman es abogado como su padre, Bernardo Perelman, pero se diferencian en muchas cosas. Ariel es profesor universitario y miembro de una defensoría popular mientras Bernardo es el representante legal de un conjunto de comerciantes más o menos cercano a la ilegalidad. Ariel siempre se ha negado a incorporarse al bufete de Bernardo —a quien no llama papá sino Perelman, a secas— pero sabe que algún día habrá de hacerlo. Pero antes debe saldar algunas cuentas, casarse con una bella instructora de Pilates y tener un lindo chico con ella. Comienza a cuestionar su rol de hijo cuando se hace padre. Estampas de una familia judía y porteña.

El encanto del film reside en la ausencia de un conflicto dramático forzado para impactar al espectador. No hay trampas comerciales ni efectos especiales ni violencia ni mucho sexo. Solo un conjunto de recuerdos organizados cronológicamente por el autor y su personaje. Burman no pretende oponer padre e hijo entre sí­, sino mostrar las reflexiones de un joven profesional urbano sobre ser padre e hijo, su identidad judía, el papel de la esposa y todos esos subtemas que pertenecen al universo de la familia. El tono es sosegado, muy correcto, con un tempo medido, narrado por el personaje principal en primera persona y con voz fuera de cámara. Muy bien actuado por Hendler como Ariel y Arturo Goetz como Bernardo. Un film sobre la cotidianidad.

Pero allí también reside su debilidad. En algún momento de la proyección me pregunté qué quería decir Burman con esta historia. ¿Por qué habría de interesarme si, en realidad, nada extraordinario sucede? Pareciera, más bien, una especie de memoria personal —aunque se ha apresurado a aclarar que no es autobiográfica— contada entre amigos sin pretender impresionarlos. Entiendo el punto de vista del realizador pero siento que su pasividad dramática termina afectando el ví­nculo del espectador con la historia del film. Con todo, Derecho de familia es un buen film que aborda temas personales que nos permiten reflexionar sobre nosotros mismos.

DERECHO DE FAMILIA, Argentina y España, 2006. Dirección y guion: Daniel Burman. Producción: Diego Dubcovsky y José María Morales. Fotografía: Ramiro Civita. Montaje: Alejandro Parysow. Música: César Lerner. Elenco: Daniel Hendler, Julieta Díaz, Arturo Goetz, Adriana Aizenberg, Eloy Burman y Damian Dreizik, entre otros. Distribución: Amazonia Films.

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