Ginett Alarcón, una venezolana editando en Colombia / “AMOR POR LOS LIBROS, RESPETO POR LOS LECTORES Y COMPLICIDAD CON LOS AUTORES”, por Tulio Hernández

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“Se trata de hacer el trabajo con profesionalismo, rigor y algo de afecto.”

Mucho antes de la migración masiva de venezolanos a Colombia, Ginett Alarcón decidió instalarse en Bogotá para iniciar una nueva etapa de su vida profesional, siempre vinculada con los libros.

En 2010 fundó Editemos SAS, empresa inscrita en la Cámara de Comercio de Bogotá dedicada al desarrollo de proyectos editoriales especializados en libros de arte y publicaciones institucionales. En 2012 crea y codirige con el librero y escritor colombiano Álvaro Castillo Granada el sello editorial Isla de Libros.

A finales de noviembre se prepara para viajar a la Feria del Libro de Guadalajara luego de ganar una convocatoria realizada por Idartes, institución cultural de la Alcaldía de Bogotá y la Cámara Colombiana del Libro de la que Isla de Libros forma parte a través del Comité de Editoriales Independientes.

Acaba de publicar el libro de poemas Aurelia del escritor colombo venezolano Mardon Arismendi.

—¿Qué es Isla de Libros?

—Isla de Libros es un sello editorial de literatura latinoamericana que quiere mostrar en Colombia la producción de autores del continente.

—¿Cuántos y cuáles libros han publicado hasta ahora? ¿Cuáles serían los más representativos?

—Ya hemos publicado 26 títulos. Los más representativos son Fábula del sindicato, de la gran poeta cubana Fina García Marruz, los primeros poemarios de la colombiana Margarte Mejía, La imprecisa memoria; la escritora venezolana Enza García Arreaza, El animal intacto, y ahora La mujer que era de la autora argentina Vivian Dragna.

—¿Qué significa ser venezolana con una editorial colombiana?

—Creo que la edición no tiene nacionalidad. Se trata de hacer el trabajo con profesionalismo, rigor y algo de afecto. Claro que no puede ser solo afecto, pero sí se necesita mucho amor por los libros, respeto por los lectores y complicidad con los autores.

—Antes de Isla de libros habías creado Editemos SAS, es una actividad diferente a la editorial ¿de qué se ocupa?

—Editemos es la empresa que arropa Isla de libros. A través de esa compañía se hacen diferentes actividades, todas relacionadas con el mundo del libro: distribución, servicios editoriales, producción y coordinación de libros, agencia de derechos de autor… una entidad más compleja que me permite sustentar una editorial de literatura.

—Con Editemos has estado en grandes proyectos, nos impresiona gratamente el libro que produjiste sobre las Iglesias de Ciudad de Panamá.

—Hice la coordinación editorial y fui cautora de ese libro junto al arquitecto panameño Darien Montañez. Una trabajo de Letrarte Editores, una empresa bogotana dirigida por la venezolana Soledad Reyna. Es un libro patrimonial de las iglesias del Casco Histórico de Ciudad Panamá.

—¿Por qué te fuiste de Venezuela donde tenías una actividad editorial ya consolidada?

—En 2010 busqué alternativas porque veía que el país se transformaba y la actividad editorial y cultural mermaba aceleradamente. Visité varios países y decidí que Colombia era el mejor lugar porque ofrecía mejores condiciones jurídicas y, además, quedaba muy cerca de la frontera con el Táchira, de donde soy, y donde vive buena parte de mi familia.

—Después de 11 años ¿cuál es el balance profesional en Colombia?

—He cambiado el modo de ver el mundo del libro. He aprendido mucho sobe el negocio editorial. Se me ha dado la oportunidad de tener nuestros libros en las ferias internacionales dentro del stand de Colombia o la Librería Colombia que maneja la Asociación de Librerías Independientes. También he sido parte de proyectos interesantes como el Catálogo razonado del Museo de Arte Moderno de Bogotá o de libros sobre los edificios del Banco de la República.

—Pareciera que lo de la comentada xenofobia en este terreno no existe?

—No existe. Y jamás en el ámbito cultural me he visto afectada por comentarios discriminatorios o algún tipo de desdén. Eso no lo he vivido jamás. Todo lo contrario he recibido permanente solidaridad.

—¿Qué viene ahora?

—Consolidar aún más Isla de Libros; un sello de arte que se llama Artificio; una publicación para la Universidad Exxes en Inglaterra y el Instituto Humboldt de Colombia, y; seguiré con las labores de asesoría con la Academia Colombiana de Historia, que es uno de mis clientes favoritos.

—A muchos venezolanos les cuesta adaptarse a Bogotá.

—Amo a Bogotá. Me gusta mucho caminarla. Una de las recomendaciones que siempre doy a los que llegan es que no salgan sin paraguas aunque haya un sol radiante porque aquí puede pasar cualquier cosa con el clima. Tengo un amigo que dice que en las calles de esta ciudad los paraguas se chocan. Y a mí, los sonidos de ese choque, me gustan. Lo disfruto.

—¿Si regresa la democracia regresarías a Venezuela?

—Por lo pronto veo muy lejano el día en que cambien las cosas en Venezuela. Trato de no pensar en eso para no hacerme daño. Cuando llegue el momento me tomaré el tiempo para una posible decisión.

Publicado originalmente en www.avilamonserrate.com.

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