Los Clásicos / RAYMOND CHANDLER, por Manuel López

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Uno de los más grandes creadores de la novela negra estadounidense.

Hace justamente 82 años se publicó la primera novela de Raymond Thornton Chandler (1888-1959), uno de los más grandes escritores del género de misterio, detectives o novela negra, y el creador de su figura más icónica: el investigador privado Philip Marlowe. En este pequeño recuerdo, nos referiremos únicamente a sus novelas, todas en ese género (pues Chandler también escribió poemas y relatos en otros géneros literarios), y a las mejores adaptaciones cinematográficas que se han hecho de ellas.

Efectivamente, a finales de 1939 se publicó su primera novela, The Big Sleep (El Sueño Eterno), con la aparición de Marlowe como el detective ‘héroe’ que narra en primera persona el desarrollo de su investigación, después de que Chandler realizase una pasantía de cinco años escribiendo relatos cortos en la célebre revista pulp Black Mask. Las pulp magazines, llamadas así por estar hechas de papel de pulpa de madera, eran unas revistas de ficción baratas cuyo objetivo fundamental era entretener a los lectores durante un rato, dedicadas a temas de aventuras, de deportes o de crímenes. Hacía décadas que proliferaban en Europa y Estados Unidos, especialmente en Nueva York, en donde los relatos se pagaban a centavo por palabra y de ahí los nombres de algunos de los pulps más populares, como Dime Detective (Detective de Diez Centavos) o Dime Western (Western de Diez Centavos). Cuando Chandler se incorporó a la “jungla de pulpa” (como la llamaba Frank Gruber), había trescientos escritores en Nueva York y casi mil por todo el país, con Estados Unidos aún tratando de recuperarse de la Gran Depresión. Su primer relato, Blackmailers Don’t Shoot (Los Chantajistas No Disparan), se publicó en diciembre de 1933 en Black Mask, considerada la mejor de los pulps de la tendencia dura (hard-boiled) de la ficción detectivesca. Parece que tardó cinco meses en su escritura, debido a sus interminables dudas y revisiones, mientras que a su declarado maestro, Erle Stanley Gardner, cada relato corto de este tipo le llevaba tres días.

La mayoría de esos relatos de Chandler podían encontrarse en castellano en nuestro país, antes de su devastación por el régimen chavista, tanto en la colección de Novela Negra de la editorial Bruguera (concretamente, ese primer relato en el Nº 66), como en las Obras Selectas de la editorial Orbis (ese primer relato en el Volumen IV, Nº 99). La misma editorial Bruguera, en su colección Naranja, había publicado en 1981 Detective Privado. Antología de Black Mask Magazine, una excelente recopilación de 14 relatos cortos firmados por Chandler, Gardner, Hammett y otros autores de la célebre revista. También El Sueño Eterno podía adquirirse en las Obras Selectas de Chandler de la editorial Orbis y en la colección Club del Misterio de la editorial Bruguera, además de contarse entre las Novelas Escogidas de Chandler de la editorial Aguilar o de la Serie Negra de Barral Editores

Como la mayoría de sus novelas posteriores, en las que el detective Philip Marlowe tiene que resolver casos muy complejos y engañosos, Chandler escribió El Sueño Eterno a partir de dos de sus relatos cortos en Black Mask, o como él mismo dijo, “canibalizando” sus relatos pulp, o como decimos nosotros, mediante ‘refritos’. Lo cual no dejaba de tener sus peligros: ese ‘corte y pega’ podía producir que en la trama quedasen preguntas sin responder y hasta asesinatos sin asesino. Cuando el gran Howard Hawks decidió filmar la novela en 1946, encontró uno de esos cabos sueltos en la muerte del chófer de los Sternwood y optó por enviarle un telegrama a Chandler preguntándole cómo había sucedido el crimen: Hawks quedó en estado de shock cuando el novelista le respondió que no tenía la menor idea. Por supuesto, eso también nos habla de cómo el interés de la escritura de Chandler se orientaba más hacia el medio ambiente y el carácter de los personajes, que en resolver todos los detalles de la trama.

Por lo que se ve Hawks lo entendió rápido porque de tal novela realizó una obra maestra cinematográfica, apoyado en guionistas como el escritor William Faulkner y en actores como Humphrey Bogart para su insuperable Marlowe, acompañado, como dos años antes en Tener y No Tener del mismo Howard Hawks, por la jovencísima Lauren Bacall. En 1978, la productora británica ITC intentó poner al día The Big Sleep trasladando la acción del Los Angeles de los años 40 al Londres contemporáneo y contratando a Michael Winner para dirigir a un grupo de notables actores ingleses y a los norteamericanos James Stewart, como el general Sternwood, y al gran Robert Mitchum como el detective Marlowe. Pero los cambios no funcionaron y la cinta no se acercó a la excelencia de la de 1946 de Hawks. Y no fue tanto porque Mitchum ya contaba con 60 años y el Marlowe original de Chandler tenía 33 (Bogie lucía 44 primaveras en 1946), sino porque Winner no era Hawks y el medio ambiente angelino era imposible de trasladar.

La segunda novela de Chandler, Farewell, My Lovely (Adiós, Muñeca), se publicó al año siguiente del de la primera, en el 1940 de la Europa invadida en un blitz por la Alemania nazi y de los Estados Unidos preparándose para entrar en guerra con el primer enlistamiento en tiempos de paz. Al igual que la novela anterior, Chandler la escribió colocando en su eje narrativo al detective Philip Marlowe  y canibalizando sus relatos cortos, esta vez tres, de la revista Black Mask. Pero ya sabemos, y Chandler lo repitió hasta el cansancio, que el sistema del ‘corte y pega’ y sus posibles consecuencias para la verosimilitud de la trama le importaban poco, mientras que lo fundamental de la escritura era un asunto de estilo (a matter of style). O como decía el arquitecto Mies van der Rohe en 1930: “No importa el qué, sino el cómo”.

Al igual que en el caso de la primera novela, Adiós, Muñeca podía obtenerse en nuestro país en las colecciones detectivescas de las editoriales españolas mencionadas arriba, a las que habría que sumar la más reciente editorial Debate y sus llamativas portadas de las obras de Chandler con imágenes de cuadros de Edward Hopper. Y también, como en el caso de The Big Sleep, debemos destacar dos adaptaciones cinematográficas para Farewell, My Lovely. La primera, realizada en 1944, presentó la encarnación original de Philip Marlowe en la pantalla, obra y gracia del actor Dick Powell, dirigido por Edward Dmytrik y acompañado por la actriz Claire Trevor como la buscada Velma Valento. Resultó otra excelente película de cine negro, aunque debió cambiar su título en Estados Unidos al de Murder, My Sweet (Historia de un Detective) para evitar que el de la novela fuese confundido por el público con un musical del antiguo cantante Dick Powell, ahora convertido en duro

detective. La segunda versión cinematográfica de la novela, producida en 1975 por la misma compañía británica de The Big Sleep y con Robert Mitchum de nuevo como Marlowe, recuperó el título original de Farewell, My Lovely. Dirigida por el también norteamericano Dick Richards, la notable cinta resplandecía con la presencia de la actriz Charlotte Rampling como la añorada Velma Valento del pobre Moose Malloy.

La saga de Philip Marlowe continuaría en 1942 con The High Window (La Ventana Siniestra), cuyo argumento no fue canibalizado como en las novelas anteriores y cuya adaptación cinematográfica en 1947, con el título de The Brasher Doubloon (El Doblón Brasher) y el actor George Montgomery como Marlowe, no alcanzaría las notables cotas de las anteriores. En 1943, para su cuarta novela, The Lady in the Lake (La Dama del Lago), Chandler regresaría a su canibalismo de tres relatos previos de pulp y a una tipología detectivesca que años más tarde seguiría hasta la saciedad el escritor Ross Macdonald: el encargo inicial al investigador consistía en la búsqueda de una mujer desaparecida, lo que aquí obligaba a Marlowe a desplazarse lejos de su habitual medio ambiente angelino.

La versión cinematográfica de 1947, titulada Lady in the Lake, dirigida y protagonizada por Robert Montgomery, presentaba la experimental técnica de la cámara subjetiva, en la cual los espectadores visualizaban la acción a través de los ojos del protagonista. Se intentaba, de este modo, acercarse a la narración en primera persona de las novelas de Marlowe: éste no se veía excepto cuando, ocasionalmente, su imagen se reflejaba en un espejo, suplantado por el ojo de la cámara (verdadero protagonista del film) durante toda la proyección cinematográfica. En el mismo año, se filmaba Dark Passage, dirigida por Delmer Daves y protagonizada por Bogart y Bacall en su tercera aparición conjunta, que utilizaba la misma técnica narrativa solo durante la primera parte de la película, hasta que una cirugía plástica para cambiar su apariencia descubría al Bogart más esperado. Esa cámara subjetiva, junto a otras técnicas fílmicas innovadoras, ya había sido utilizada por el director francés Abel Gance en 1927, para algunas escenas de su magistral Napoleon. Pero en Lady in the Lake, al tratar de sustituir por completo la experiencia cinematográfica global del espectador, impidiéndole la empatía con los actos del detective y reduciéndolo todo al ojo de la cámara, el resultado fue un fracaso para la taquilla y para la crítica: no solo por la visión exclusivamente formalista que revelaba como cinematografía, sino por lo que Wittgenstein denominaría “confusión lingüística”, es decir, por el intento de mezclar lenguajes (disciplinas, profesiones, actividades) muy diferentes, en este caso el de la narración literaria y el de la fílmica.

La quinta novela de Chandler, The Little Sister (La Hermana Pequeña), se publicó en 1949 y retomó la tipología de la búsqueda, en este caso, del hermano mayor de quien encarga la investigación. En el argumento, Chandler vuelca su desprecio y sus críticas al mundo de Hollywood, que desde 1944 conocía bien y para el que escribía guiones de películas,  bien en colaboración (con Billy Wilder en la magistral Double Indemnity) o ya solo (en The Blue Dahlia, una buena película con la pareja de Alan Ladd y Veronica Lake). La Hermana Pequeña también sería llevada al cine en 1969 con el título de Marlowe, el protagonismo del actor James Garner y el guión de Stirling Silliphant, premiado unos años antes con uno de los Oscar de Al Calor de la Noche. Pero la crítica no tuvo piedad ni con el original título, ni con el ‘jamesbondismo’ de Garner, ni con el confuso y ecléctico guión de Silliphant.

En 1953 se publicó The Long Goodbye (El Largo Adiós), la que Chandler consideraba su mejor novela y seguramente la que contiene más elementos autobiográficos, no tanto en la figura de Marlowe, sino en la del viejo escritor acabado, alcohólico y asesinado. La película con el mismo título que dirigió Robert Altman en 1973 y protagonizó Elliot Gould como un inusual Marlowe, se apoyaba en el guión de Leigh Brackett, la misma  escritora que había firmado el de El Sueño Eterno en 1946, y presentaba numerosos cambios a la trama de la novela original: aparte de trasladar la acción al Los Angeles contemporáneo y tener que sintetizar la más larga de las novelas de Chandler, había un asesinato convertido en suicidio, un final trasladado a Tijuana y una huída transformada en venganza mortal. Con todo y eso, la película (otro lenguaje distinto) resultó excelente.

La última novela de Chandler fue Playback, publicada en 1958, un año antes de su muerte, y considerada por la crítica la más floja de todas. A esa valoración seguramente contribuyeron, tanto el traslado de la acción lejos de Los Angeles, como el vaivén chandleriano de la historia entre la novela y el guión para una película que, finalmente, no se hizo. Hasta el día de hoy, Playback es la única novela de Chandler sin película. Hasta la incompleta The Poodle Springs Story —terminada en 1989 por el novelista Robert Parker a partir de los cuatro capítulos que había escrito Chandler antes de su muerte— tuvo su película por el canal de cable HBO con el título de Poodle Springs y el Marlowe del actor James Caan. Todo muy turbio, como una verdadera historia del gran escritor.

Como las novelas de Chandler en castellano, casi todas las películas que se hicieron de ellas y mencionamos arriba, podían obtenerse aquí en DVD, durante la Cuarta República. ¡Qué tiempos aquéllos!

 

 

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