Universidad Metropolitana / TURBULENCIAS ACADÉMICAS, por Enrique Viloria Vera

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Benjamín Scharifker en la Unimet.

He envejecido para todo, menos para el asombro.

Chesterton

 Con estupefacción e incredulidad, leo y releo par de mensajes emitidos por el rector saliente (Benjamín Scharifker) y por el Consejo Superior de la Universidad Metropolitana (Unimet). En el primero  se explica detalladamente los motivos para su renuncia, además de las de otras dos autoridades rectorales. En el segundo —como si nada grave hubiera pasado— el consejo agradece sus años de eficaz  desempeño y expresa sus mejores deseos por el éxito de sus próximas actividades fuera del seno de la institución.

Inquiriendo, me entero que todo este enredo institucional se debió a la aplicación de las recomendaciones efectuadas por la consultora gerencial McKinsey en relación con la visión estratégica de la universidad, lo cual me merece un par de comentarios personales sobre la consultora y la universidad.

A la llegada de esta consultora a Caracas a comienzos de los años ochenta del  siglo pasado, me encontraba desempeñando el cargo de Gerente de Organización de Pdvsa,  por invitación del general Rafael Alfonzo Ravard. Fueron muchos los proyectos en que fungí de contraparte de diversos estudios contratados por la casa matriz, a tal punto que su director en EEUU comentaba —a los nuevos llegados a la consultora— que pocos la conocían tanto como yo. Por esa razón fui invitado a uno de los encuentros de reflexión de su personal, en la isla de Saint Marteen, sobre Qué es lo malo y lo bueno de McKinsey.

Posteriormente, por sugerencia del entonces Presidente del Consejo Superior de la Unimet, Julio Sosa, fui designado decano de Economía y Ciencias Administrativas, y luego del Posgrado. Igualmente me tocó fundar el Centro de Estudios Arturo Uslar Pietri, así como coordinar la Cátedra Venezuela, combinando esa actividad  gerencial con el dictado de varias materias en el pregrado, en el posgrado y en los diplomados que organicé en el Centro Uslar.

No conozco los detalles y pormenores de esta inaudita situación que ha generado una turbulencia y un desacomodo institucional en mi segunda Alma Mater. En todo caso, siempre he creído que el consenso es mejor que la imposición, la democracia mucho más que el autoritarismo y que es sano respetar la imagen que durante 50 años ha creado esta prestigiosa institución de fama nacional e internacional, y que no traslademos la manera de gobernar el país al recinto universitario.

Mis respetos a las autoridades salientes y a los miembros del Consejo Superior, con la firme esperanza de que todo sea para mejor.

 

 

 

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