Los Clásicos / JOHN LEE HOOKER, por Manuel López

Comparte en tus redes
Hoy lo celebramos con su estilo basado en ritmos hipnóticos de un acorde, su desnudo boogie interminable, su carácter musical ultra-primitivo pero intemporal y su enorme influencia sobre las estrellas de rock, que le profesaban respeto y admiración.

Aunque aún se discute el año de nacimiento (entre 1912, 1917 o 1920) del más grande bluesman de la historia, no hay debate sobre el día, el 22 de agosto, ni sobre la región del Delta del Mississippi. «En el estado del Mississippi se han forjado los mejores bluesmen. Muchos de ellos en la región de Clarksdale, donde yo nací. No tengo una explicación racional para esto. Uno no se convierte en cantante de blues. Se nace así.» (John Lee Hooker).

Siempre habrá opiniones divergentes sobre la grandeza o la importancia de los mayores protagonistas de la historia, pues, en última instancia, decide la sabiduría personal de cada uno, puesto que Dios, Wittgenstein o el presidente Mao nunca se pronunciaron sobre esos temas. ¿Fueron más importante Palladio o Le Corbusier? ¿Armstrong, Ellington o Parker? B.B. King, Willie Dixon o John Lee Hooker, al que hoy celebramos con su estilo basado en ritmos hipnóticos de un acorde, su desnudo boogie interminable, su carácter musical ultra-primitivo pero intemporal y su enorme influencia sobre las estrellas de rock, que le profesaban respeto y admiración?

Evitaremos caer aquí en un pantano mayor que el del Delta, el de la discografía de los primeros años de Hooker, que grabó cuanto pudo para decenas de sellos, “sin orden, ni concierto”, recomendando solamente dos volúmenes con las obras maestras de su primera etapa en Detroit: The Legendary Modern Recordings 1948-1954 (Virgin), un CD con 20 piezas, comenzando por el clásico Boogie Chillen y The Ultimate Collection 1948-1990 (Rhino), un doble CD con 32 piezas, enfatizando en las de los años sesenta.

Cumplida la recomendación, nuestro recuerdo se dedicará a reseñar los grandes discos de su última etapa (1989-1997).

En 1989, un disco del septuagenario Hooker se alzó sorpresivamente hasta los primeros lugares de las listas de ventas de Estados Unidos y Europa, desplazando a las grandes luminarias de la música pop: The Healer (literalmente, El Sanador) para el sello Chameleon. Aunque algunas grabaciones de las décadas previas Hooker las había compartido con otros músicos, el nuevo disco presenta una ‘estructura tipológica’ completamente diferente, basada en la incorporación para casi todas las piezas de ‘artistas invitados’ de los más diversos estilos. En el caso de la primera pieza, la que da título al álbum, aparece el guitarrista Carlos Santana en un contexto de percusionistas latinos. En la siguiente, se presenta la vocalista Bonnie Raitt para el remake de la clásica I’m in the Mood. A continuación, Hooker comparte guitarra con Robert Cray. La pieza siguiente cuenta con la harmónica de Charlie Musselwhite. Después, Hooker aparece acompañado por Los Lobos. Y cosí via.

Hooker había intervenido en 1980 en la película The Blues Brothers, cantando como un músico callejero su clásico Boom Boom. En mayo de 1990, colaboró con su amigo Miles Davis, Taj Mahal y otros bluesmen en la música del film The Hot Spot (literalmente, El Punto Caliente), dirigida por Dennis Hopper, pero que no pasará a la historia, ni por su música (salvamos al dúo Davis-Hooker en Bank Robbery y en los créditos finales) ni como película.

Al año siguiente, Hooker vuelve a impactar las listas de éxitos con otro disco: Mr. Lucky (Charisma). Del disco de 1989 solo repiten como invitados Santana y Cray, pero la tipología se mantiene, aunque con otros guitarristas invitados para cada pieza, como Albert Collins, Ry Cooder, Keith Richards, Johnny Winter o John Hammond.

Otro álbum excelente sale a la luz en 1992, Boom Boom (Virgin), con los guitarristas ‘repitientes’ Collins, Cray y Hammond, y la vuelta de la harmónica de Musselwhite.

Grabado en vivo en el Festival de Sweetwater en Miil Valley (California),  el 1 de junio de ese mismo año, el álbum del sello The Swingin Pig presenta cinco piezas de Hooker con los ya habituales Collins, Hammond y Cray, y con el regreso como invitados de Ry Cooder y Bonnie Raitt, mientras que para el álbum Chill Out (Virgin) de 1995, Hooker vuelve a invitar a Santana, Rogers y Van Morrison (con una fugaz aparición en Mr. Lucky), e incorpora al pianista Charles Brown.

Don’t Look Back (Virgin) es el último disco que Hooker grabó con vida, en 1997 y cuenta con la participación prominente de Van Morrison, y la excelencia de los álbumes anteriores.

En 2003 apareció el disco Face to Face (Eagle), producido por los herederos de Hooker, con su hija Zakiya a la cabeza, que también canta con su padre en dos de las 15 piezas en las que trabajaba cuando falleció a los 89, 84 u 81 años.

Deja un comentario