A través del mito de Tristán e Isolda / EL AMOR PASIONAL, por Dr. Paolo Polito*

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Este mito arquetípico nos facilita la identificación de las características esenciales del amor pasional.

                                                                       The world will always welcome lovers

                                                                                  As time goes by  

                                                                                              Herman Hupfeld 

 El amor pasional es un tipo de perturbación de las relaciones de amor de pareja. Para describirlo vamos a partir de un fenómeno normal que se da en las relaciones de pareja: el enamoramiento.

Cuando un hombre y una mujer se encuentran, se gustan y se enamoran, ya sea progresivamente o en forma de flechazo, ¿qué está sucediendo en estas personas? La persona que se enamora siente que no puede vivir sin la otra, percibe a su pareja como carente de defectos, el resto del mundo no cuenta sino en segundo lugar, está dispuesta a hacer lo que sea por su alma gemela, se espera el mayor de los placeres del contacto sexual, el tiempo que pasan juntos se siente que vuela, mientras que las separaciones son sentidas como interminables. Nosotros, los psicoanalistas, decimos que hay una idealización del objeto de amor y también señalamos, siguiendo la experiencia, que este estado psíquico es pasajero. Ya los griegos clasificaban el enamoramiento dentro de las insanias y Freud lo llama el prototipo normal de las psicosis. Decíamos que el enamoramiento es pasajero, en efecto, después de un tiempo variable (que puede ir de  seis a doce semanas, pero realmente es muy variable)   este estado comienza a cambiar: se empieza a diferenciar el yo del no yo (ya no son almas gemelas), por lo tanto  se ven las diferencias entre el uno y el otro, si la persona es muy regresiva o inmadura, las diferencias son sentidas como defectos del otro, si hay cierta madurez emocional las diferencias se reconocen y aceptan. De nuevo crece el interés por el universo que existe más allá de la pareja y se es más cuidadoso con lo que se le ofrece a la pareja. El desenlace de esta situación varía según el momento vital y según la dinámica psíquica: puede darse una ruptura de la relación (típica de las relaciones adolescentes que comienzan y terminan con toda la violencia de los sentimientos de la edad), la relación puede seguir en el tiempo y funcionar bien aceptándose las limitaciones personales y del objeto, o puede seguir pero acompañada de rupturas pasajeras en las que uno de los miembros de la pareja calma momentáneamente sus frustraciones con otra persona (se trata de la infidelidad tan frecuente en muestra época).

El amor pasional —a diferencia del enamoramiento que es pasajero— es un tipo de relación en la cual todas las características del enamoramiento persisten a lo largo de la relación y su final es siempre la muerte, real o simbólica.

Hagamos algunas consideraciones teóricas sobre lo dicho hasta ahora. Freud plantea que hay algo en la naturaleza misma de la sexualidad humana que hace desfavorable y hasta imposible el logro de una satisfacción plena. Esta imposibilidad se debe a factores constitucionales y culturales. Entre los primeros se encuentran: 1. la primera experiencia de satisfacción, 2. el complejo de Edipo y 3. el período de latencia.

En el texto Proyecto de una psicología para neurólogos, Freud nos define el deseo como la catexis (la carga de energía psíquica) de la imagen mnémica (el recuerdo de la representación psíquica) de la (primera) experiencia de satisfacción. De manera que con el nacimiento y la primera mamada del pecho materno se da una experiencia fundacional. Se pasa de la proto pulsión, evidenciada netamente por los ecosonogramas, cuando el feto chupa su dedo solamente por placer, a la pulsión propiamente dicha en la cual la pulsión sexual oral se apuntala en la pulsión de autoconservación: se une entonces el placer sexual oral independiente con la alimentación y el cese del hambre. Al tener hambre el bebé en las próximas horas o días suceden dos fenómenos. Uno es que la satisfacción alucinatoria del deseo (la vivencia del recuerdo) se agota en la medida en la cual la realidad (el hambre, las necesidades corporales) se hace sentir desde el inicio de la vida. El segundo es que las experiencias reales de amamantamiento con satisfacción del deseo pulsional, en su doble vertiente, es cierto que satisfacen, pero pienso que se queda corta la satisfacción en relación a la primera experiencia de satisfacción, la que se toma como modelo y se anhela. Este hecho es particularmente importante en la comprensión del amor pasional como veremos más adelante.

Los objetos de amor de la fase edípica, es decir, la madre y el padre, se pierden al final de dicha fase por represión, se olvidan y se desexualiza la relación con ellos. La descarga pulsional erótica directa a la que se aspiraba es cambiada por otro destino pulsional: la pulsión inhibida en su fin; este da lugar a la ternura, el amor desexualizado y la amistad. La satisfacción erótica idealizada, la fantaseada por el bebé en el complejo de Edipo temprano (primer año) o por el niño en el complejo de Edipo de la fase fálica (3 a 7 años) nunca se alcanza, quedando registrada en el inconsciente tanto en su anhelo como en su frustración.

La elección del objeto de amor se realiza en dos tiempos separada por la barrera del incesto, es decir, el primer objeto de amor es siempre incestuoso, es la madre y luego el padre. Después del periodo de latencia (7 a 11 años), el objeto definitivo de la sexualidad no será nunca el originario sino un subrogado de éste, el cual es cambiado por una serie variable de sustitutos, ninguno de los cuales satisface plenamente.

Entre los factores culturales, tenemos que la cultura rechaza en niños grandes y en adultos muchas formas de expresión de la sexualidad infantil o pregenital, es decir, el erotismo oral, anal y fálico, en especial el erotismo anal (la coprofilia, el sadismo, etcétera). Por ejemplo: está mal visto que dos hombres se expresen su amor con un beso o con un abrazo suave y cariñoso, el abrazo debe ser fuerte y vigoroso. En cambio, subrogados más patológicos del erotismo oral que no implican contacto físico, como fumar o beber alcohol juntos, son aceptados y hasta valorizados.

El conjunto de estos factores quizás explica la falta de permanencia en la elección del objeto de amor y el ‘hambre de estímulos’ que caracteriza tan frecuentemente la vida amorosa de los adultos. A este propósito Freud nos dice:

“Las pulsiones son difíciles de educar… lo que la cultura pretende hacer con ellas no parece asequible sin una seria aminoración del placer, y la pervivencia de las mociones no aplicadas se expresa en el quehacer sexual como insatisfacción.” (Freud 1912d, p. 183).

Parece que aun la vida sexual genital más completa y placentera se acompaña ineludiblemente de insatisfacciones provenientes de la sexualidad infantil o pregenital. Esta insatisfacción que nos acompaña toda la vida, impone al aparato psíquico un trabajo permanente de tramitación, el cual se realiza fundamentalmente a través de cuatro vías: 1. la inclusión de la sexualidad infantil pregenital como preliminar y acompañante de la sexualidad genital (como ternura, caricias, agresión sin dañar al objeto, erotismo de la piel, las mucosas y los músculos, etc.); 2. la expresión a través de la fantasía y de los sueños; 3. la vía defensiva (la represión, el desplazamiento, etc.); y 4. la sublimación (el trabajo, las actividades científicas y creativas, el arte).

Estas son las vías sanas de tramitación, en la adultez, de la sexualidad infantil. Sin embargo, existen otras formas de expresión patológicas, entre las cuales se encuentran las neurosis, las perversiones y el amor pasional. Veamos por qué.

Freud dice que el sentimiento de dicha provocado por la satisfacción de la sexualidad silvestre, no domesticada por el desarrollo del yo, ni por la cultura, es incomparablemente más intenso  que el obtenido por la satisfacción de la sexualidad enfrenada por el yo y la cultura, entonces concluye: he allí el atractivo de los amores prohibidos (Freud 1930a).

La barrera del incesto es el punto sine qua non para diferenciar el ámbito de lo natural de lo cultural, la elección de objeto prohibida de la permitida, y éste es precisamente el punto que va a fracturar el amor pasional. Este tipo de amor siempre es incestuoso desde el punto de vista simbólico, si lo fuese en la realidad, entraríamos en el terreno de la patología psicótica. ¿Qué significa tal afirmación? ¿Acaso no es incestuoso todo amor, desde el punto de vista simbólico?

Como sabemos hay dos tipos de escogencia del objeto de amor: la narcisista y la anaclítica. En la primera (la más primitiva) la escogencia se hace de acuerdo con el amor hacia sí mismo y se escoge un objeto de acuerdo a como uno es, como fue o como desearía ser. La escogencia anaclítica es la que se realiza según el modelo del primer (de los primeros) objeto (s) de amor externo, vale decir, la madre y más tarde el padre. Como dijimos antes, al final de la última etapa pregenital, la fase edípica, el amor incestuoso se reprime, se renuncia a él y se olvida (se sepulta, dice Freud); estos hechos son imprescindibles para la estructuración de la mente humana.  Durante el sucesivo período de latencia se realizan una serie de desplazamientos de ese primer objeto de amor incestuoso hacia objetos no incestuosos, ya no será uno de los progenitores, será una tía o un hermano mayor, luego se pasa al ámbito extra familiar y será la maestra o el profesor, de la generación de los padres se pasa a la propia generación (este paso es de capital importancia), luego el enamoramiento  será con un(a) compañero(a)  de clases o una persona con determinadas características psíquicas o físicas emparentadas con el objeto original pero cada vez más alejados del mismo. Lo que caracteriza al amor pasional es que esta cadena de desplazamientos casi no existe, está reducida a su mínima expresión y el objeto escogido está muy evidentemente emparentado con el objeto original.

Otra característica de este tipo de relación es que en ella, como en ninguna otra, está presente la mezcla de lo anaclítico con lo narcisista, y la fusión alcanzada es testigo de la ausencia de diferenciación entre el sujeto y el objeto de amor, que caracteriza las relaciones narcisistas. Esto se evidencia en el hecho de que no viven el uno sin el otro. El objeto de amor da al mismo tiempo placer y vida. Satisface simultáneamente las pulsiones sexuales y las de autoconservación.

Vamos a presentar un caso de amor pasional mítico, que nos ofrece la literatura celta: Tristán e Isolda.

Tristán nace en tristes circunstancias, como su nombre lo indica. Durante su gestación su padre muere en batalla, y luego, su madre fallece durante el parto. Es criado por un escudero y por su tío materno, el rey Marcos de Cornualles.

Su primera hazaña fue matar al gigante irlandés Morhold. Este iba anualmente a Cornualles a cobrar un tributo en jóvenes de ambos sexos. Una vez armado caballero, Tristán obtuvo el permiso para combatir al gigante, lo mató, pero recibió una herida envenenada. Sin esperanzas de vivir, se somete al juicio de Dios y se embarca en un bote sin remos ni vela. Dios lo conduce a la costa irlandesa donde se halla la única persona capaz de curarlo: la reina, hermana de Morhold y madre de Isolda. Tristán oculta su identidad y sana bajo los cuidados de las dos damas.

Años más tarde, a instancias de Tristán, el rey Marcos decide casarse con la doncella de la cual un pájaro le ha traído un cabello dorado. Tristán reconoce el cabello de Isolda y es designado para pedir su mano, en nombre del rey Marcos. Tristán regresa a Irlanda donde mata un dragón y de nuevo es herido, esta vez por el monstruo, y nuevamente es curado por Isolda. La princesa descubre la identidad de Tristán por su espada, él es el asesino de su tío y prometido, quiere matarlo pero desiste cuando Tristán le habla de su misión. Isolda quiere ser reina y además no quiere casarse con otro caballero, un cobarde que se atribuye el triunfo sobre el dragón, por lo tanto acepta casarse con el rey Marcos.

Tristán e Isolda navegan hacia Cornualles. En algunas versiones, lo que les sucede en esta travesía es explicado por la sed, en otras es por la frustración de Isolda al no sentirse amada por Tristán, el resultado es que ambos beben un filtro de amor cuyo efecto dura tres años (el filtro, preparado por la reina, estaba destinado a ser bebido por Isolda y Marcos la noche de bodas). Inmediatamente se desata en ellos un amor pasional, tienen relaciones sexuales y no pueden dejar de verse todas las noches, sin embargo, a pesar de los efectos del filtro, Isolda se casa con Marcos.

El rey no puede creer lo que todos comentan, sin embargo, una noche sorprende a los amantes y le pregunta a Tristán porqué lo hiere de esa manera. Este dice: “Oh rey no puedo revelártelo y lo que preguntas jamás podrás saberlo”. Él mismo no lo sabe.

Marcos condena a Tristán a muerte y a Isolda la entrega a los leprosos para que hagan con ella lo que deseen. Sin embargo, el drama no termina allí. Tristán escapa con Isolda y se aman apasionadamente en un bosque hasta que se cumple el plazo del filtro. De allí en adelante, Tristán piensa poder amar a Isolda “como se quiere todo el mundo” y duerme a su lado: vestido y con su espada desenvainada de por medio. El rey Marcos los sorprende dormidos y, convencido de su castidad, cambia la espada de Tristán por la suya, en señal de perdón y luego se marcha.

Al despertar, los amantes arrepentidos deciden separarse y aceptan el perdón real. Todo regresa aparentemente a su lugar, pero he allí que la historia revela su verdadero cariz: los amantes se reencuentran cada noche, el filtro no era más que una coartada de la pasión. La desconfianza del rey recomienza y somete a Isolda al juicio de Dios, ésta, por una ingeniosísima estratagema, engaña a todos y los obliga a creer en su castidad. Sin embargo, el rey Marcos destierra a su sobrino.

Tristán regresa al castillo, en ruinas, de sus padres y allí muere de amor en dolorosa añoranza. Isolda, después de haber hecho esfuerzos importantes por alcanzarlo, al hallarlo sin vida, muere sobre su amado. En ese momento ambos se transfiguran en plantas, creciendo una alrededor de la otra, para permanecer juntos en la eternidad.

Este mito arquetípico nos facilita la identificación de las características esenciales del amor pasional, las mismas que he podido observar entre las personas que me han consultado:

  1. La primera de ellas es que el amor pasional es una relación que responde a la ley del todo o nada, es decir, una vez desencadenado llega hasta el final con todas sus características y consecuencias: es una situación irreversible.
  2. El amor pasional puede ser una relación compartida (como el ejemplo presentado) en la cual los dos miembros de la pareja se aman apasionadamente, pero también puede darse solo en una persona, la cual ama apasionadamente mientras la otra puede no amarla del todo o amarla según otro modelo.
  3. Otra característica está dada por la orfandad de Tristán. Aunque los padres existan hay una carencia de las figuras parentales en ejercer su función de señalar la prohibición del incesto y la vía hacia la exogamia.
  4. La elección del objeto de amor se realiza a través de una cadena muy corta de desplazamientos a partir de las figuras parentales. En este caso el desplazamiento llega, en Tristán, a la pareja del tío materno y padre adoptivo (recuérdese que anteriormente Isolda era la prometida del tío materno de ella).
  5. Hay una regresión a las etapas primitivas de la vida, en las cuales el objeto que es fuente de vida se confunde con el objeto que da placer. Las pulsiones de autoconservación se fusionan de nuevo con las sexuales, por eso no se puede vivir sin el otro, que lo es todo (Aulagnier 1979).
  6. El elemento narcisista es importante. Los dos héroes eran los mejores en su clase.
  7. La exaltación pasional dada por la idealización extrema de la pareja, la vivencia narcisista y el aparente triunfo sobre lo prohibido, lleva a la ruptura de las convenciones sociales, con la vivencia de que la pasión es más importante que cualquier responsabilidad familiar o tabú social.
  8. El amor pasional es siempre un amor prohibido y secreto que no puede regirse por los códigos sociales de parentesco, esto implica que su desenlace no podrá nunca ser el matrimonio (son situaciones excluyentes).
  9. Es una situación triangular, en la cual hay una pareja apasionada y un tercero indispensable como excluido. Este último forma pareja legal con uno de los anteriores.
  10. Las características señaladas determinan el ritmo temporal de la relación pasional, éste viene dado por febriles y apasionados momentos de encuentro alternados con períodos más o menos largos (pero siempre vivenciados como interminablemente largos) de impaciente espera.
  11. Los períodos de espera se acompañan en ambos de un gran sufrimiento.
  12. El desenlace de este tipo de amor es siempre la muerte real o simbólica.
  13. La última característica nos lleva a pensar en el papel de las pulsiones de muerte en este tipo de amor: así como se busca el placer sexual y espiritual supremo, también se busca la muerte real o simbólica a manos del tercero excluido.
  14. En esta relación no hay celos ni envidia. Tampoco hay deseos de matar al tercero excluido porque se lo estima. Hay culpa persecutoria porque hay conciencia del daño hecho al amado, admirado y apreciado tercero excluido.
  15. No hay ambivalencia con el tercero excluido. La pareja del tercero excluido lo quiere y estima, pero en forma desexualizada y el amante estima o admira al tercero excluido.

En conclusión, si bien la relación de pareja pasional se acompaña, por momentos, de la mayor exaltación espiritual y sensual, también se acompaña de la mayor de las miserias, la de verse privado del ser que da la vida y la de sentirse perseguido por el daño causado al  amado rival. Psicoanalíticamente, el amor pasional es una búsqueda infantil llevada a cabo por un adulto y como toda gesta anacrónica con pretensiones de realidad está destinada, tarde o temprano, a un penoso fracaso. Culturalmente, se rechaza la actuación del adulto ya que va en contra de los valores sociales, sin embargo, se valoriza la búsqueda simbólica de ese amor infantil primigenio con la cual todos podemos identificarnos, ya que ese es un anhelo universal y así lo demuestra la gran difusión del tema en el arte.

Bibliografía

  • Anónimo – Tristán et Iseult, Versión de René Louis, París, Le livre de poche, 1972.
  • Aulagnier, P.   -1979: Los destinos del placer, Buenos Aires, Paidós, 1994.
  • Freud, S. 1895. Proyecto de Psicología. En Obras Completas (Vol. I, pp. 323-446). Buenos Aires, Amorrortu Ed.
  • Freud, S.- 1912. Sobre la más generalizada degradación de la vida amorosa (Contribuciones a la Psicología del Amor II). En Obras Completas (Vol. XI, pp. 169-184). Buenos Aires.
  • Freud, S. -1914. Introducción del narcisismo. En Obras Completas (Vol. XIV,pp. 65-98) Buenos Aires.
  • Freud, S. -1930 [1929].  El malestar en la cultura. En Obras Completas (Vol. XXI, pp. 57-140). Buenos Aires, Amorrortu Ed.

*El autor es psicoanalista, Miembro Titular en Función Didáctica  de la Asociación Venezolana de Psicoanálisis, de FEPAL  y de la IPA. Médico Psiquiatra de adultos, niños y adolescentes, así como Psicoanalista de adultos,  niños y adolescentes. PhD en Antropología, Mención Etnopsicoanálisis. Tesis dirigida por el Dr. Georges Devereux. Colaborador docente de la Cátedra de Psiquiatría de la Universidad Central de Venezuela.  Ex presidente de la Asovep y Ex director del Instituto de Psicoanálisis.

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