San Antonio de los Baños / OLVIDO DEL MUNDO RURAL, por Isabel Pereira Pizani

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Las protestas comenzaron el pasado domingo en San Antonio de los Baños | Foto AFP

Los cubanos se levantan a protestar, marchan mostrando su valor y pobreza después de 63 años de dominación revolucionaria. Los resultados de la promesa engañosa de Fidel —igual a la de Chávez— de convertir sus países en potencias fuertes y poderosas, se desnuda ante el mundo, llena de miseria, tristeza y represión.

Los cubanos que marchan reclamando comida y libertad son mucho más pobres hoy que en 1958, igual a los venezolanos que en 2021, por primera vez se miran como un pueblo hambriento. Los mitos sobre la producción de azúcar desaparecieron allá y aquí.

Es una tarea urgente, de conciencia, repasar el decreto 890 publicado en la Gaceta Oficial de la República de Cuba, promulgado en La Habana un jueves 13 de octubre de 1960 que ordenaba la Expropiación  de la propiedad privada en Cuba.

“Ley 890: Se dispone la nacionalización mediante la expropiación forzosa de todas las empresas industriales y comerciales, así como las fábricas, almacenes, depósitos y demás bienes y derechos integrantes de las mismas”.

Repasamos la lista de empresas sentenciadas, cruelmente nombradas en orden alfabético, desde la A hasta la Z:

Grupo «A»

Ingenios Azucareros

  1. Central Bahía Honda, S. A., operadora del Central Bahia Honda.
  2. Central El Pilar S. A., operadora del Central El Pilar.
  3. Central La Francia, S. A., operadora del Central La Francia.
  4. Azucarera Carmen Rita, S. A., operadora del Central Niágara.
  5. Cía. Azucarera Bramales, S. A., operadora del Central Orozco.
  6. Central San Cristóbal, S. A., operadora del Central San Cristóbal.

Grupo «Z»

Marítimo

  1. Operadora Marítima Unión, S. A.
  2. Muelle de Beguiristain.
  3. Terminal Auxiliar Marítima, S. A.
  4. Regla Coal.
  5. Muelle No. 9 Almacenes Afianzados del Puerto de Sagua
  6. Pita y Cía. S. en C.
  7. Almacenes Casilda S.A.
  8. Muelle Sarriá de Almacenes Jagua, S. A.
  9. Muelle Avilés de Almacenes Jagua, S. A.
  10. Muelle Cacicedo de Cacicedo y Cía.
  11. Muelle Donesteves de José Donesteves
  12. La Marítima S. A.
  13. Terminal Oriental de Puertos.

Hoy puede preguntarse qué quedó en pie, cuán eficiente fue el socialismo para destruir las cientos de empresas nombradas en este decreto, todas fueron arrasadas, los trabajadores arrojados a la nada, sin empleos, sin salarios. Los empresarios, condenados, fusilados, sometidos a un éxodo terrible con las manos vacías.

No surgieron en su lugar nuevas industrias, pero tampoco se cumplieron las promesas de crear un nuevo mundo rural después de expropiar a los propietarios de las empresas agrícolas, denunciados por Fidel Castro como explotadores, esclavistas y enemigos del campesinado. La sovietización del agro cubano y todo intento por aumentar y mejorar la producción de productos agrícolas fracasó rotundamente porque destruyó la propiedad de miles de productores pequeños, medianos y grandes al ponerla bajo el dominio económico y político del Estado comunista cubano. Hoy es evidente que la Revolución cubana fracasó en la ciudad y en el campo. Por ello es muy significativo que la candela contra la revolución se haya prendido en el campo, en San Antonio de los Baños, un poblado situado en la provincia de Artemisa con menos de 50.000 habitantes y no en La Habana o cualquiera otra gran ciudad. Allí, en ese espacio de la ruralidad nació la protesta que ha logrado poner de pie a todo el país y al mundo. Una protesta que puede tomarse como el inicio de una carta de defunción contra las utopías asesinas que destruyen empresas, empleos y le roban el pan y el trabajo a los hogares. Las dos consignas más fidedignas de esta rebelión son libertad y hambre, un reconocimiento del fracaso revolucionario.

Los venezolanos tenemos que asimilar esta lección, la rebelión nació en el campo, es el producto de la incapacidad de valorar el mundo rural, sus empresarios y trabajadores como parte esencial del proyecto de país. Por ello tenemos que asumir con mucha fuerza, como gran argumento la necesidad de crear una nueva ruralidad en estos tiempos pospetroleros, reconocer que el desarrollo rural es una pieza clave del desarrollo nacional. Que un objetivo principal es promover la estabilidad de su población y que es imprescindible superar el aislamiento rural, elevar sus condiciones de vida. Reforzar la descentralización como expresión de redistribución del poder en el territorio y fundar el gobierno de la ley en el campo.

Quizás muchos venezolanos no saben que la agricultura vegetal y animal es la única relevante en 10 estados del país y la principal en 17 de ellos. La contribución al producto interno bruto industrial (PIBI) de la industria de alimentos se calcula en alrededor de 36% y representa más de 36% del gasto de consumo final de los hogares. Venezuela posee además costas caribeñas con una longitud de 2.718 kilómetros, desde Castilletes hasta Punta Peña en la península de Paria y una costa atlántica, a lo largo de 1.008 kilómetros. Con esta potencialidad, la acuicultura y la pesca permanecen en sordina, sin nunca haber recibido la atención necesaria como actividad productiva e industrial de relevancia, de allí la pobreza de nuestra gente de mar.

El mundo rural venezolano ha sido una víctima de las hordas expropiadoras del chavismo, hoy en completa caída por la furia destructiva de la revolución chavista-madurista. San Antonio de los Baños es un ejemplo que debemos reconocer, no podremos reconstruir a Venezuela olvidando al mundo rural.

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