Las nuevas fronteras del mundo / UCRANIA, TAIWÁN, SIRIA, VENEZUELA, por Antonio Llerandi

Comparte en tus redes
China hoy es el contrapoder de Estados Unidos, que la ayudó a crecer.

El peor daño que pudo hacerle Chávez a Venezuela fue meterla en la geopolítica mundial. De alguna forma, ese hecho produjo unas consecuencias que van a ser muy difíciles de solventar. Los países, a veces, no definen sus destinos sino que, como piezas de un ajedrez universal, se mueven en unos tableros donde los que hacen los movimientos no necesariamente son sus ciudadanos.

Tratemos de explicarnos. En los años sesenta del siglo pasado, el mundo se vio aterrado ante la posibilidad de un holocausto atómico. Las dos potencias más importantes del momento, la Unión de Repúblicas Soviéticas Socialistas y Estados Unidos de América, poseedoras de un gigantesco arsenal de destrucción, estuvieron enfrentadas, con el peligro de que el botón rojo fuese apretado. El quid del asunto era una islita, insignificante en proporción al resto del mundo, donde se estaba jugando un juego de poder: Cuba. Afortunadamente, para el bien de la humanidad, el asunto no llegó a mayores. Sin embargo, política y geográficamente tuvo sus consecuencias. La URSS retiró su arsenal atómico y EEUU, en contraprestación, se comprometió a no intervenir en los asuntos cubanos. Hasta el sol de hoy. Es un clarísimo ejemplo de cómo la geopolítica, la diplomacia, los factores de fuerza, juegan un papel fundamental en las decisiones internacionales. Cuba y su régimen siguen, quizás entre otras cosas, por esa razón.

Otro ejemplo histórico ocurrió cuando Estados Unidos decide tener un acercamiento con la República Popular China. Corría la década de los setenta y China y la Unión Soviética, las dos potencias comunistas para ese momento, estaban fuertemente enfrentadas, ideológica, política e incluso militarmente. EEUU, bajo el liderato de Nixon, decidió jugar el juego de la estrategia de apoyar a la China, estableciendo relaciones, diplomáticas y económicas, con el supuesto fin de incrementar el poder de China y por lo tanto debilitar el de la URSS. Como decimos en criollo, el tiro le salió por la culata. Si bien es cierto que el debilitamiento de la URSS fue progresivo, incluso hasta su desaparición, la causa fue más bien por razones económicas, más que militares o ideológicas. La desintegración de la URSS y sus países satélites, fue celebrada por buena parte de la humanidad, como la desaparición del comunismo, un régimen que muchos consideraron que no existiría más.

El desarrollo de la China de hoy, una especie de hijo bastardo de Norteamérica, demuestra exhaustivamente que si bien sirvió para la desaparición de la URSS, tuvo una consecuencia funesta: el descomunal desarrollo de China. No solo se convirtió en una potencia mundial, económica, política y diplomáticamente hablando, sino que siguió siendo un emporio comunista. Aprendió mucho de los errores de la URSS y comprendió que para sobrevivir y evitar el desplome, como la URSS, tenía en primer lugar que desarrollarse económicamente, y a partir de ahí, era más difícil de debilitar. Hoy en día le late en la cueva a su máximo rival, EEUU, y de qué manera.

Durante cuatro décadas —y con la tradicional paciencia china— fue construyendo su potencial, en primer lugar, económicamente, y en paralelo, militar y políticamente hablando. Apertura en lo económico y cerratura en lo político, un país de partido único, el comunista, con un férreo control de la sociedad en todos sus aspectos, y sin ningún tipo de fisura, salvo una que otra disidencia, minoritaria y fácilmente desmembrada. El gigante asiático, creció también en poder. Hoy en día es el contrapoder de Estados Unidos, que la ayudó a crecer. Muchos países del mundo, incluso aliados de los EEUU, como la misma Europa, le hacen carantoñas a la China comunista. Es imposible no tomarla en cuenta.

China —muy hábilmente y sin ningún apuro— ha ido dando pasos fundamentales en su consolidación. En un primer momento no peleó con nadie. Negoció y obtuvo, de la forma más pacífica del mundo, que le fueran devueltos dos de sus territorios continentales: el Maicao portugués y el Hong Kong inglés. Sin un solo tirito, solo con las explosiones de fuegos artificiales celebratorios. La consigna de ese momento era un solo país, dos sistemas. Se firmaron acuerdos y demás, pero el asunto no duró mucho. Maicao lo convirtieron en una especie de Las Vegas asiático y los chinos, jugadores empedernidos, lo disfrutan enormemente y lo han hecho progresar a pasos acelerados. El Hong Kong chino siguió por un tiempo jugando el juego de la libertad, convertido en centro financiero de Asia, hasta que hace muy poco tiempo China dijo que basta. Acabó con un plumazo con la apariencia de democracia, y si te he visto no me acuerdo. El que protesta, al calabozo o al exilio, pero aquí no te queremos. La ex madre inglesa le ofreció a los hongkongneses asilo a quién quisiera irse para allá, una especie de consuelo.

Pero la guinda de la torta de China, siempre ha sido Taiwán, la isla que tradicionalmente perteneció a la China continental y que después de la Segunda Guerra Mundial y la guerra interna, se convirtió en refugio de los nacionalistas chinos, hasta el sol de hoy. Pero los comunistas no se han olvidado de ella, todo lo contrario, es la joya que le falta a la corona y no descansarán hasta incorporarla. Hace cuarenta años, casi todos los países del mundo tenían relaciones diplomáticas y económicas con Taiwán, pero de un tiempo a esta parte, la China comunista, con su poderío, ha ido obligando prácticamente a todos los países a escoger entre una u otra China. Como consecuencia, hoy en día, creo que no llegan a diez los países que tienen relación con ella. Papá EEUU es uno de ellos, que, como consecuencia de la geopolítica mundial, siempre le ha dicho a China que con ella no se meta. Incluso existe un convenio de cooperación entre los dos países que permite a Washington intervenir en su defensa.

Todo este inmenso prólogo es para llegar al llegadero, y cuál es el llegadero, Venezuela, por ejemplo. A un alto oficial norteamericano le preguntaron una vez, que en cuánto tiempo podía EEUU intervenir en Cuba, él los interrogó acerca de sí controlando y neutralizando a sus fuerzas armadas, y el periodista le respondió que sí. Media hora, dijo el oficial.  Quizás en el caso venezolano, por tamaño y por el caos existente, le lleve un poquito más, digamos que dos horas. Esa es la realidad militar, pero no la política. Tratemos de explicar por qué.

Ya la URSS no existe como potencia, pero Putin quiere seguir aparentando que lo es, y permanentemente está tentando y provocando al resto del mundo, sobre todo a los países democráticos. La democracia, desde luego, es su enemiga. Aprovechó un cierto debilitamiento de EEUU durante el gobierno anterior y realizó un acto de piratería internacional, único desde la época de Hitler, de invadir otro país. Se cogió por la fuerza Crimea, una península ukraniana. Apuntaló como aliado al líder de Bielorusia, Lukashenko, que aprovechó para aplastar a la oposición. Se ha dedicado a envenenar opositores y últimamente Rusia se ha comprobado que es la cuna de los hackers que están haciendo un daño a empresas de todo el mundo, sobre todo en EEUU. Su última provocación fue hace unas semanas, desplegando millares de tropas rusas en la frontera con Ukrania. Pero Estados Unidos ya tiene otro presidente y las bravuconadas de Putin han comenzado a tener un freno. EEUU le tosió y Putin retiró las tropas de la frontera, y en el encuentro de alto nivel con Biden, este le entregó una lista de las empresas y organismos norteamericanos que eran caca, y que no se podía meter con ellos. El solo hecho de recibir la lista, ya era una forma de aceptar la culpabilidad. Una jugada maestra de la diplomacia norteamericana, que lo amenaza y lo castiga donde más le duele, en las sanciones económicas.

Otro foco de la geopolítica mundial es Siria, un país absolutamente destrozado por una guerra donde demasiados intereses se han aglutinado para tragedia del pueblo sirio, que se ha convertido en el país que mayor cantidad de emigrados produce en el mundo. Un Al Assad casi caído fue apuntalado por Putin, y otro miembro del horror mundial, Erdogan. E incluso hace unas semanas, hubo un simulacro electoral, sobre un país en ruina, donde de nuevo Al Assad fue reelecto, para gobernar sobre los muertos.

Y precisamente, todos los malos del mundo, los más malos —China, Rusia, Turquía, Bielorusia, Cuba, Nicaragua— son los apuntaladores del régimen de Maduro, son su sostén principal.  Es por esta razón, que por más ganas que haya tenido el presidente anterior o el actual de EEUU de mandar tropas a Cuba o Venezuela, para acabar con el horror, le es imposible hacerlo por las consecuencias internacionales. Media hora después que los marines llegaran a esos países, la China comunista en una acción de minutos se cogería Taiwán, Putin Ukrania, Erdogan el Líbano y sus alrededores y pare usted de contar.  ¿Entendemos ahora por qué fue una cagada que Chávez nos metiera en la geopolítica mundial?

 

 

 

Deja un comentario