Pequeños secretos / AQUELLAS PEQUEÑAS COSAS, por Héctor Concari

Comparte en tus redes
Washington fue alguna vez un joven ambicioso y presumimos que Malek algún día será un derrotado.

En su versión sajona, el policial —literario primero y cinematográfico después— está gobernado por el whodunit, el ‘¿Quién lo hizo?’, disparador de la trama e hilo conductor de la intriga hasta el descubrimiento del culpable. Los limites y las etiquetas admiten variaciones.

Tal vez debiéramos reservar el nombre de novelas de crimen a Agatha Christie y sus seguidores, reservando el policial para las variantes norteamericanas que capitaneó Dashiell Hammett, el hombre que sacó el misterio de los salones para llevarlo a la calle. Los perfiles son muchos y la discusión corre el riesgo de tornarse académico.

Lo cierto es que el tema de la búsqueda y la investigación ha sido explorado en sus muchas variantes, desde Ellery Queen que en sus capítulos finales desafiaba al lector a encontrar la solución hasta el inefable teniente Columbo, cuyas entregas comenzaban por decirnos quién y cómo asesinaba, desplazando el interés a la ruta que tomaba la sagacidad del investigador. Un elemento, sin embargo, era clave, independientemente de cómo se dispusieran los factores de la trama: la pesquisa y la clave estaban indisolublemente unidas por indicios que podían parecer insignificantes. Detalles. Pequeñas cosas.

Las ‘pequeñas cosas’ del título  (al que le han dado el mote de neo noir, sin que nadie sepa muy bien qué es lo que tiene de ‘neo’), tardan en aparecer, y cuando aparecen, son todo menos pequeñas. Porque la historia tiene que ver mucho más con obsesiones pasadas y presentes que con el caso que les sirve de pretexto y escenario en los cuales desplegarse. La historia transcurre en 1990, todavía falta un año para que en Los Ángeles estalle la furia desatada por la tunda propinada a Rodney King por cuatro policías blancos. Este horizonte racista es una de esas pequeñas cosas que nunca termina de aparecer en la superficie, pero existe y aflora en la relación entre los dos protagonistas. Uno, un detective al que la obsesión por un caso de asesinato serial le arruinó la carrera y la vida antes de relegarlo a un pueblo cercano donde cumple labores por debajo de sus capacidades. El otro un detective joven. ansioso por demostrar sus aptitudes y ascender. El ingenio del libreto está en esta oposición: más que la contracara uno de otro, son vidas opuestas por el momento vivido. Washington fue alguna vez un joven ambicioso y presumimos que Malek algún día será un derrotado. Lo que los hermana, más que esa incongruencia temporal es la pulsión del cazador. No por casualidad ambos ven al asesino desconocido desde la misma óptica temporal. A uno se le escapó hace años y le destruyó la existencia, para el otro el asesino representa la oportunidad dorada. Uno lo ve desde su pasado, el otro ve el caso como su promesa de futuro. Por eso la relación entre ellos, que nunca deja de ser de confrontación, se mueve por los caminos del interés. Ahora bien, la película transcurre en 1990, y el doble vinculo de oposición e interés que une a los dos personajes no solo oxigena la trama y la acción, sino que, y esto es lo importante, colorea las tensiones de la sociedad norteamericana. Porque habla de un tiempo pasado, pero cuyos fantasmas, a pesar de Obama, no han retrocedido. Si lo han hecho es —gracias al impresentable Trump— para volver con más fuerza.

Es un libreto muy inteligente el que firma el director John Lee Hancock. Por un lado juega con la duda sobre la identidad del asesino serial (ese ente maléfico que ronda por el cine inglés y norteamericano desde sus inicios) y hace que la dinámica de la película este anclada en la obsesión compartida por dos figuras de poder, ambos dispuestos a romper algunas reglas si hay que lograr un objetivo. Porque al final del día, es la acumulación de esas cosas, irónicamente mencionadas como pequeñas, las que hacen la riqueza de la trama. Una mezcla tóxica de racismo, ambición, desafío a la legalidad establecida, primacía del objetivo sobre las minucias legales cristalizan en la cacería de una presa que no hace sino agitar fantasmas de al menos otro caso anterior. Un policial magnifico. Está en Apple TV.

Pequeños secretos (Little Things). Estados Unidos, 2021. Director: John Lee Hancock. Con Denzel Washington, Rami Malek, Jared Leto.

Deja un comentario