Tigre blanco / EL DILEMA ÉTICO DEL ASCENSO SOCIAL, por Alfonso Molina

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Adarsh Gourav —el magnífico intérprete de Balram— se encuentra en todas las secuencias de la trama.

Esta excelente obra ofrece un panorama crítico de la sociedad contemporanea de India con mucho humor negro. Es la película elegida para nuestro próximo Cine Encuentro Fundación Margot Benacerraf del sábado 19, a las 11:30 am hora de Venezuela. Pueden participar desde cualquier parte del mundo si sus horarios lo permiten. Primero vean Tigre blanco, de Ramin Bahrani, en Netflix y luego accedan a www.trasnochocultural.com y sigan las instrucciones para participar gratuitamente en el foro. Allí expondremos nuestros puntos de vista el realizador y crítico Edgar Rocca y yo, bajo la moderación de Trino Márquez. Lo organizamos la Fundación Audiovisual Margot Benacerraf, el Trasnocho Cultural y el portal Ideas de Babel.

India es el país que más películas produce en el mundo. Desde hace muchos años. Se trata de una cinematografía muy comercial destinada casi exclusivamente a su inmenso mercado, con su propio star system y sus géneros particulares, en especial los filmes musicales. Es el cine hecho en Bombay que adquiere la denominación de Bollywood.

Pero también hay que recordar que India ha generado verdaderos clásicos como la Trilogía de Apu (1955-1960), formada por Pather Panchali, Aparajito y El mundo de Apu, del gran maestro Satyajit Ray, que hace muchos años se exhibió en la Cinemateca Nacional. También las obras de las directoras Mira Nair (Salam Bombay, 1999, y La boda del Monzón, 2001) y Deepa Mehta (Fuego, 1996, Tierra, 1998, y Agua, 2005), entre otras, conforman esa una visión del cine de ese enorme y milenario país dominado por el hinduismo, aunque no es la única religión.

Esta introducción es necesaria para ubicar Tigre blanco (2021) en la actual producción india, pues se trata de un film escrito y dirigido por el estadounidense de origen iraní Ramin Bahrani, sobre la base de la muy exitosa novela homónima de Aravind Adiga que en 2008 se convirtió en un éxito de ventas y crítica. En aquellos tiempos, el periodista indio tuvo que enfrentar la crítica de los sectores más conservadores por ofrecer supuestamente una imagen distorsionada de la realidad social de su país. Usó una historia estructurada de forma epistolar para narrar el ascenso social y económico de un muchacho pobre que quiso escapar del ‘gallinero’, es decir, del estrato más bajo de una rígida sociedad de castas.

La adaptación que hizo Bahrami respetó la estructura epistolar en primera persona del joven emprendedor Balram Halwai, quien al inicio escribe un memorando a Wen Jiabao, primer ministro de China, “país amante de la libertad”, para darle la bienvenida en su visita oficial a India, ya que ambas naciones son considerados grandes potencias económicas. Balram quiere hacer negocios con el régimen de Pekín, pues “Estados Unidos significa el pasado”. Este punto de partida permite comprender el proceso a través del cual ese humilde joven rural quiere penetrar el tejido empresarial indio como si fuese un ‘tigre blanco’, una especie poco común que se abre paso ante todas las dificultades. Dotado de una inteligencia notable —subutilizada en el marco de las tradiciones familiares— que le impulsa a la superación, comprende que debe bajar la cerviz ante las castas superiores para encontrar su oportunidad y aprovecharla. Le llega de una forma brutal y asciende en esa rígida estructura. Pero a un costo terrible.

Adarsh Gourav —el magnífico intérprete de Balram— se encuentra en todas las secuencias de la trama. Expresa el complejo tránsito emocional y moral de su personaje, siempre bajo la enajenación de la búsqueda del éxito. A su lado se encuentra Priyanka Chopra, una de las grandes estrellas del cine de India, quien también actuó como productora ejecutiva del film.

Lo fundamental de Tigre blanco se halla en la mirada crítica a una sociedad que posee muy exitosos indicadores económicos pero también groseros registros de pobreza y subdesarrollo. La riqueza de una notable minoría y la desdicha de una inmensa mayoría. Pero más allá de estas condiciones —que no son exclusivas de India, desde luego— se ubica el gran dilema ético de su personaje principal. Un conflicto no resuelto que comprende el delito, el crimen y la traición. La muerte de una niña o el asesinato de un adulto son apenas situaciones adversas en la escala de posiciones hasta la cima. O la supuesta cima.

Todo esto—que tiene un componente trágico— es narrado con un humor lacerante y terrible que no busca la risa sino la reflexión. Ramin Bahrani se anotó un punto muy alto como realizador, después de una aguda adaptación de Farenheit 451 (2018), la novela de Ray Bradbury que antes había llevado al cine Francois Truffaut en 1966.

TIGRE BLANCO (The white tiger), India y EEUU, 2021. Dirección y guion: Ramin Bahrani. Fotografía: Paolo Carnera. Edición: Ramin Bahrani y Tim Streeto. Música: Danny Bensi y Saunder Jurriaans. Elenco: Adarsh Gourav, Priyanka Chopra, Rajkummar Rao, Perrie Kapernaros, Abhishek Khandekar, Nalneesh Neel, Aaron Wan, entre otros. Distribución: Netflix.

 

 

 

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