Mitos y tradiciones / EL ZIGURAT DE BABILONIA, por María Méndez Peña

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Una amplia reseña sobre el zigurat de Babilonia la conocemos por Heródoto, quien acopió tradiciones orales a su paso por la ciudad.

La imagen de la Torre de Babel evoca un mito arcaico de Babilonia y una versión judía acerca de ese mito. El mito alude a un zigurat y la versión bíblica a una torre.

Etemenanki, templo de la creación del cielo y la tierra, era el nombre sumerio de un zigurat construido en Babilonia y en la epopeya Enuma Elish aparece mencionado como el complejo religioso que Marduk, supremo dios de Mesopotamia, ordenó construir. Fue concebido como el pivote que acercaba el Cielo a la Tierra asegurando la unidad del Universo desde la mítica Babiloni, capital religiosa y lugar sagrado de ritos arcaicos. El zigurat de Babilonia mantuvo esa supremacía por siglos, que se estima duró hasta el primero de la era.

Era un monumento gigantesco según refiere el mito de la confusión de las lenguas y según otras fuentes escritas. Se comprobaron los pormenores de esa imponente construcción al descifrar las inscripciones cuneiformes de tabletas localizadas durante las excavaciones de 1899 en el conjunto de edificios del templo central de Babilonia llamado Esagila. Réplicas de esas tabletas se encuentran el Museo de Louvre, París.

En la antigua Mesopotamia los zigurates eran monumentos religiosos que caracterizaron la religión y la arquitectura de esa civilización, cuna primigenia de la agricultura, la escritura y la ciudad. Por las excavaciones arqueológicas y tabletas cuneiformes rescatadas se conocen datos sobre la ciudad de Agade. donde se construyeron dieciséis; hoy se sabe que el zigurat de Ur, tierra de Abraham, data del siglo XXII, y se encontraron vestigios de zigurates en Nippur, Larsa, Akkad, Assur, Borsipa y en la ciudad de Babel o Babilonia.

Los estudios muestran que en todos los centros urbanos se construyeron esos templos, que los dioses locales los habitaban como patrones protectores de cada ciudad y los colofones de las tabletas enumeran 34 zigurates en Mesopotamia. También los estudios recientes informan que en el transcurso de unos 1.500 años esos monumentos alcanzaron más y más altura hasta lograr una arquitectura compleja y refinada, dedicada a diosas y dioses, donde destacaban las losas de lapislázuli de azul radiante.

Cuando en lo alto, el cielo no había sido nombrado, cuando abajo, la tierra no había recibido nombre… Son los iniciales versos del poema acadio Enuma Elish, la antigua epopeya acerca de la creación que comienza con una teogonía, la creación de los dioses, avanza hacia una cosmogonía y concluye con la creación del hombre; la epopeya emerge en 1.100 versos grabados con signos cuneiformes, corresponde al periodo del Imperio acadio y según la cronología de la arqueología, que seguimos en este ensayo, esa epopeya tendría 4.300 años de antigüedad. Por ende, es la obra literaria más antigua sobre la creación, conservada en siete tabletas rescatadas entre humildes escombros en las excavaciones de 1876 a 1878.

En tanto cosmogonía, dio lugar a otras epopeyas entrecruzadas por todo el Medio Oriente y en distintas lenguas, la hitita, cananea, ugarítica, sumeria, fenicia y edomita. En las distintas versiones, las diosas procreadoras y los dioses creadores todos fueron manifiestamente honrados por sus nombres, títulos, atributos y poderes. Se conocen varios mitos inspirados en esa epopeya, posteriormente recogidos en el siglo III aC por Beroso, quien era sacerdote de Baal en Babilonia. De los emporios urbanos que florecieron entre el Éufrates y el Tigris pro­vienen otras tres obras de incuestionable y alto valor cultural y universal, el Poema de Gilga­mesh, el Relato del Diluvio Universal y el Código de Hamurabí.

Parodiando a Robert Graves, la Torre de Babel semeja una clavija donde se han colgado un gran número de mitos relacionados, no relacionados y otros contradictorios. Así pues y a nuestro juicio, esa torre alude a mitos conexos al origen del lenguaje y las lenguas; evoca epopeyas y versiones del diluvio universal; representa la confusión de las lenguas y dispersión de tribus y pueblos; narra babeles y enredos de los descendientes de Noé luego del diluvio; muestra héroes soberbios que luchan contra su Dios como Nemrod quien erigió el zigurat, y simboliza la ciudad como centro de la vida urbana en Mesopotamia.

Los mitos aluden narraciones acerca de antiguos monumentos de carácter religioso, sean zigurates, templos, pirámides, acrópolis o santuarios donde eran veneradas las divinidades de cada panteón local. Es el caso del monumental zigurat construido en Babilonia en honor al dios Marduk. La narrativa acerca de los zigurates se mantuvo viva gracias a la tradición oral del mito hasta la época en que se conocen los relatos bíblicos que dan inicio a otras creencias y versiones. Desde entonces, el zigurat de Babilonia adquiere el nombre de Torre de Babel, Génesis (11:1-9). Cabe agregar que todos los documentos sagrados anteriores al Antiguo Testamento escritos en hebreo se perdieron o fueron deliberadamente suprimidos (Graves & Patai).

En la tradición hebrea el templo Etemenanki de Babilonia es mencionado como la Torre de Babel en tierras de Sinear o Mesopotamia. Es la torre construida por Nemrod, rey o héroe, nieto de Cam y éste había robado las vestimentas de piel que Dios dispuso para Adán y Eva, prendas que Nemrod posteriormente recibió y al usarlas por vez primera adquirió fuerzas sobrehumanas y habilidades especiales como cazador y arquero, enfrentado en abierta y continua rebeldía contra Dios. El nombre Nemrod significa el rebelde de mala reputación.

La versión del Génesis sobre la Torre de Babel y las hazañas de Nemrod continuó su difusión guardando vínculos con los mitos ugaríticos, grie­gos, hititas, sumerios y fenicios. Sin embargo, esa versión del Génesis fue en el siglo VI aC minuciosamente expurgada por razones dogmáticas y doctrinales. Tenemos por delante distintas narraciones que unen elementos diversos, tomados en préstamo entre regiones vecinas del Mediterráneo. Las narraciones complejas, elementos diseminados y versiones contradictorias, caracterizan los mitos del Medio Oriente.

Robert Graves & Raphael Patai anotan en su obra Los mitos hebreos, siguiendo un midras, que Nemrod erigió la Torre de Babel para rebelarse contra Dios y dijo: Me vengaré de Él por haber ahogado a mis antepasados y si Él enviase otro diluvio mi torre se elevará sobre el monte Ararat y me mantendrá a salvo. Nemrod y sus ejércitos se proponían asaltar el Cielo mediante la torre, destruir a Dios y poner ídolos en su lugar, refiere el midras.

Durante el cauterio que el rey Nabucodonosor emprendió contra los judíos, estos fueron sometidos a trabajar con extrema crueldad en la construcción de los palacios y zigurates. Según la tradición, “los palacios y tronos eran adornados con oro, plata y piedras preciosas y los zigurates levantados hasta las alturas de las montañas” y tal descripción semeja al trono piramidal que el rey casita Nemrod mandó a construir en su palacio de Babilonia siete siglos antes. Los obreros subiendo, bajando y cargando ladrillos por las empinadas escaleras de la construcción pueden haberse asombrado por los diferentes dialectos que otros hablaban y esto explica la versión judía de la confusión de las lenguas. Más aún, la interpretación bíblica de Babel remite al término hebreo balal —confundir— y es un ejemplo de clara procedencia popular. Además, fuentes históricas recientes afirman que la confusión de las lenguas forma parte de una tradición mucho más antigua vinculada con un turbión y desborde del Éufrates y el Tigris, al diluvio y al arca en el monte Ararat, hacia el 3200 aC.

Un tercer elemento explicativo remite al rey Nemrod, hijo de Kus y nieto de Cam. Entre el pueblo casita (no semita) el dios nacional era Kashshu y los reyes portaban el título hijos de Kus. Nemrod, identificado con el rey casita Nazimurattas, siglo XIII aC, fue constructor de zigurates y fundador de ciudades y todas las referencias de los midrashim rabínicos solo muestran condenas bastante negativas hacia Nemrod: “Él hizo más daño que cualquier otro hombre después del diluvio, erigió ídolos de piedra y madera que todos tenían que adorar”.

Una amplia reseña sobre el zigurat de Babilonia la conocemos por Heródoto, quien acopió tradiciones orales a su paso por la ciudad; otra fuentes provienen de Filón de Alejandría, de Flavio Josefo, del apocalipsis de Baruc y los numerosos midrashim que se propagaron desde el siglo II hasta el siglo XII del Medioevo.

Al examinar los mitos, además de las fuentes, interesa seguir las cronologías y las sistematizaciones rigurosas que desde la arqueología recién se han establecido y atender los análisis que distintos académicos han publicado. El filósofo y maestro de sabiduría José M. Briceño Guerrero afirma que las preguntas sobre los mitos remiten a las preguntas en torno al lenguaje. Respecto a los mitos arribó a conclusiones aleccionadoras: los mitos han sido examinados desde cuatro prejuicios, el teológico, el positivista, el psicoanalítico y el cultural; los mitos se han mirado desde afuera y desde arriba, condescendientemente; además por siglos se manejaron ciertos dogmas que no alcanzaron a dimensionar el verdadero valor de los mitos, que permanecieron ocultos…

Ciertamente, durante siglos, teólogos judíos y cristianos acordaron dos criterios básicos al escribir y transcribir pasajes sobre el origen del mundo y la creación del hombre: primero, que se trata de relatos de la creación entendida como “fabricación” e inspirados por Iahveh-Elohim y no la procreación de mujer alguna como diosa madre; segundo, que la versión bíblica nada debe a las escrituras de otros pueblos y por ende, las epopeyas precedentes y procedentes de Mesopotamia no debían y no podían mencionarse.

Cerramos con algunas consideraciones relativas a regiones y épocas arcaicas cuando los mitos constituían el medio de comunicación humana:

  1. En los mitos, un nombre refiere a un héroe, un dios, una dinastía, una tribu, un lugar o ciudad.
  2. Un nombre alude a un título de la realeza o al héroe protagonista del mito.
  3. Como título un nombre puede abarcar varias generaciones, y por tanto, varios personajes.
  4. La invención y/o la primera escritura cuneiforme en Mesopotamia abrió paso a las epopeyas heroicas y literatura épica.
  5. Los mitos son narraciones orales acerca de lo invisible que expresan vínculos entre los hombres, los animales, la naturaleza, las diosas, los dioses, el cielo y el universo.
  6. La narrativa de los mitos va unida a los ritos y éstos alcanzan trascendencia mediante la repetición.

En razón a los hallazgos arqueológicos en Mesopotamia, desde hace solo 150 años, a finales del siglo XIX, se divulgan epopeyas acerca de la creación del hombre y otras historias de la humanidad y se comprobaron tesis sobre las ciudades y monumentos de carácter religioso que no guardan relación alguna con los textos bíblicos ni con la religión judeo-cristiana.

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