Aristóbulo Istúriz / LOS GIROS DE LA VIDA, por Alfonso Molina

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Istúriz supo avanzar desde la trinchera democrática de los educadores hasta la complicidad del régimen oprobioso de Hugo Chávez y Nicolás Maduro.

La reciente muerte de Aristóbulo Istúriz desencadenó un proceso contradictorio que poco tiene de político y sí mucho del odio que veinte años de chavismo han generado en la conciencia y la conducta de los venezolanos.

Basta revisar las redes sociales para percatarnos de la admiración interesada, por un lado, y de la furia irracional, por el otro. Me recordó la escena final de la excelente película húngara Mefisto, de Istvan Szabo, en la que Klaus Maria Brandauer interpreta a un actor que tras pactar con los nazis se encuentra acosado por sus ‘aliados’ y apenas puede murmurar: “soy solo un actor”. Lo cual no justifica sus acciones en contra de sus compañeros. Istúriz también fue un actor en un proceso de transformación que reveló su rostro perverso.

Nunca conoci personalmente a Aristóbulo. No fui su amigo. Tampoco su enemigo. Pero desde los años ochenta le sigo su pista profesional y política. Egresado en 1974 del Instituto Pedagógico de Caracas, con el título de Profesor en la especialidad de Historia y Ciencias Sociales, dedicó buena parte de su vida a la lucha magisterial y a la causa de la educación. Primero fue adeco y luego se fue al MEP del maestro Luis Beltrán Prieto Figueroa, donde fue un destacado dirigente sindical. Después se inscribió en La Causa R y se convirtió en un importante dirigente político. En 1992 fue electo alcalde de Caracas. Allí dió su primer gran giro de su vida.

Ese año es fundamental en su trayectoria pues en la tarde del 4 de febrero, en la sesión extraordinaria del Congreso de la República, condenó el golpe de Estado de Hugo Chávez contra Carlos Andrés Pérez pero a la vez lo justificó. Un sí pero no. Lo más seguro es que quién sabe. Su olfato político lo condujo a percibir nuevos rumbos. Su discurso coincidió con el de Rafael Caldera, quien entonces comenzó su campaña en pos de la reelección presidencial de 1993.

Inició su tercer gran giro de la vida. Como se sabe, comenzó entonces sus coqueteos con las fuerzas que habrían de respaldar la candidatura de Chávez en 1998 y su triunfo en las elecciones de diciembre de ese mismo año. Decidió separarse de La Causa R, que no apoyaba al militar golpista, y fundar un parapeto organizativo ya desaparecido que se llamó Patria Para Todos.

El cuarto gran giro de su vida se expresa en una inicial relación tormentosa con el chavismo —en un momento dado llegó a decir que Chávez se había fumado una lumpia— para luego iniciar un proceso de sumisión total a su nuevo jefe. Integró la Asamblea Nacional Constituyente en 1999 y se desempeñó en distintas carteras de la administración de Chávez y Maduro. Allí operó otro gran giro en su vida.

Este quinto turning point de su carrera lo condujo a priorizar sus privilegios como figura del chavismo y a destruir el movimiento sindical de los educadores en Venezuela. Fetramagisterio —de la cual fue fundador— dejó de existir, como otras expresiones organizadas de los maestros y profesores del país. Nunca cunplió sus promesas de mejoría a sus golpeados colegas. El Instituto de Previsión y Asistencia Social para el personal del Ministerio de Educación (Ipasme) apenas sobrevive. Los maestros tienen un sueldo que no llega a los dos dólares. Istúriz le dió la espalda a su gremio.

Se habla de un sexto gran giro en su vida y es el que lo vincula con la corrupción del régimen chavista y madurista. Yates, camionetas de lujo y cuentas bancarias en el exterior conforman un extraño patrimonio para un educador. Hay muchas preguntas al respecto.

A la hora de su muerte Aristóbulo se desempeñaba como ministro de Educación del régimen de Nicolás Maduro, cargo vergonzoso que no supo llevar adelante. O que no le interesaba llevar adelante.

Quienes lo conocieron en los años ochenta y noventa afirman que era un demócrata cabal, con una conducta intachable. No se explican por qué dio un cambio tan radical con el chavismo. Hay quien sabe vencer las tentaciones. Y quien no quiere vencerlas.

Istúriz supo avanzar desde la trinchera democrática de los educadores hasta la complicidad del régimen oprobioso de Hugo Chávez y Nicolás Maduro.

En este viaje que es la vida, Aristóbulo terminó fingiendo ser como el intérprete teatral de Mefisto: “soy solo un actor”. Sí, fue un actor que se dio cuenta quienes era sus ‘aliados’ y —a diferencia del personaje de Brandauer— labró los giros de su vida de acuerdo con sus conveniencias, del humilde educador al poderoso hombre público.

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