Ante Cuba y Venezuela / LA ESPAÑA CABRONA, por Antonio Llerandi

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Rodríguez Zapatero y su amigo Nicolás Maduro.

Comienzo pidiéndole excusas a mis lectores por la utilización de la palabrita en el título, que quizás a algunos podría parecerles chocante, pero créanme que he buscado por todas partes y no existe en el idioma español o castellano, ninguna otra que defina tan explícitamente la actitud de la llamada Madre Patria, con relación a sus dos díscolas hijas: Cuba y Venezuela.

Y no estoy hablando solamente de los colmos actuales al suministrarle una supuesta ayuda de 53 millones de euros a la casi fantasmal empresa aérea Plus Ultra, que posee solamente un avión y que representa escasamente 0,03% de los vuelos a España, y cuyos propietarios, vinculados con otras empresas en Panamá, son evidentemente cercanos o testaferros de los dirigentes chavistas.

El asunto viene de antes, de mucho antes, incluso desde la época de Franco.  La dictadura franquista y la castrista se avenían bastante bien, Castro aprendió mucho de su compatriota (por lo dictador y sus orígenes) gallego. Los comités de defensa de la revolución (CDR), como forma de control, eran una versión tropicalizada de los ‘serenos’ de Franco. Una manera de mantener información de primera mano de todos los habitantes. Pero no sólo eso, España y Cuba, desde la época de los sesenta del siglo pasado, mantuvieron unas relaciones cordiales. Manuel Fraga, ministro de Información y Turismo de Franco, fundador del PP (Partido Popular español) y después varias veces presidente de la Comunidad Gallega, era alguien cercano al dictador cubano, a quién visitaba frecuentemente. A pesar de la supuesta contradicción ideológica entre los dos regímenes, eso no era obstáculo para sus coincidencias. Ya sabemos que todas las dictaduras son similares, la ideología es una excusa.

Fue tanta la cercanía que, desde todos los gobiernos y a pesar de controles y bloqueos, muchas empresas españolas invirtieron en Cuba, sobre todo en el área turística. La isla terminó convirtiéndose en un paraíso putañero para muchos españoles. Cuba, que muchos dirigentes o cómplices decían que al llegar la revolución era el burdel (bayú diría un cubano) de Norteamérica, terminó cambiando de clientes. Digo los españoles y las españolas —y digo ambos no sólo por hacerle una concesión a los inclusionistas— porque miembros de los diferentes portadores de instrumentos sexuales tenían —o siguen teniendo— un sitio de desahogo sexual, barato y sabrosón, al calor de las palmeras, el ron y el sol caribeño.

Relajo aparte, Cuba se ha servido desde el inicio de la revolución de España, como puerto de salida a muchas cosas. En primer lugar, pues la inmensa mayoría de los cubanos son descendientes de españoles, lo cual les permitió abrirse a otro país y con nacionalidad. Pero sobre todo porque para el régimen, España era la puerta de Cuba no sólo a Europa sino al mundo. Una Cuba sancionada por EEUU y buena parte de Latinoamérica, utilizó a la madre patria como escape.  Y, repito, desde Franco y las democracias posteriores, el puente Cuba-España ha estado permanentemente en funcionamiento.

Cuba, desde luego, lo ha utilizado hábilmente. Tanto que España —¿ingenua o cómplice?— le ha servido enormemente para su estrategia. Hoy en día, algunas voces alarmadas —incluso en la prensa— hablan del manifiesto apoyo y promoción de grupos cubanos en la Península a sus aliados izquierdistas, promotores del desmembramiento de España como país y del auge de los partidos destructivos como Unidas Podemos. Creo que algunos en España, sobre todo a raíz del ejemplo venezolano, han comenzado a darse cuenta del peligro, de esa invasión, callada pero eficaz.

España ha favorecido, incluso otorgándole la nacionalidad a evidentes funcionarios pro régimen cubano. Lo cubano en España vende, la madre patria siempre ha tenido una manifiesta debilidad por esa isla, a lo mejor producto de la nostalgia que fue su última colonia hasta 1900, pero fíjense que Filipinas también y con esta última no han tenido esa actitud, quizás porque a los españoles no le gustan tanto los ‘chinitos’ como los mulatos cubanos.

España ha sido el asiento cómodo de muchos favorecedores del régimen, sobre todo por vivir los beneficios del capitalismo, a pesar de ser adeptos del comunismo cubano. La lista es larga, actores, músicos, escritores, funcionarios, algunos discretos, pero evidentes auspiciadores del régimen, como el escritor Padura, que disfraza su apoyo en una supuesta crítica, nada profunda y poco eficaz, hasta convertirse en un premiado incluso con el Príncipe de Asturias, y desde luego con la nacionalidad española, para poder salir de vez en cuando a refrescarse cuando la cosa dentro de la isla se pone dura. Esto lo hacen muchos de ellos que se mueven entre dos aguas, océano de por medio.

Debo decir que muchos cubanos, que verdaderamente han sufrido al régimen y sus represiones, han tenido en España una verdadera salida al dolor y las carencias, al igual que en EEUU, pero esta hemorragia de gente la ha utilizado el gobierno cubano para regar esos países, de infiltrados que, formando parte de los aparentemente exiliados, son cabezas al servicio del mal. Cuba ha sido sumamente eficaz en el uso de la contrainteligencia, para debilitar a los que luchan contra el comunismo cubano. Sus dos principales centros de operaciones han sido Miami y España.

En una entrevista, la lamentablemente recién fallecida socióloga venezolana Paula Vázquez comentaba que —a raíz de un libro suyo sobre la situación venezolana— algunos periodistas o académicos franceses le habían manifestado que ella en su libro había sido muy dura con los cubanos.  Error muy universalmente ejercido, el de ser permisivos y nada críticos con la conducta del régimen cubano, un gobierno, un partido, unas fuerzas armadas, monstruosamente criminales, que han ejercido el poder por más de 60 años, con base en el crimen, las triquiñuelas y —es necesario recalcar— la contrainteligencia.  El ejercicio de penetrar los países, las sociedades, de espías a su servicio, disfrazados de corderitos opositores.

Los venezolanos sabemos mucho al respecto, cómo la penetración cubana ha sido fundamentalmente nefasta en la destrucción del país y precisamente la presencia de infinidad de compatriotas en territorio español, además de la vivencia de muchos españoles vinculados con Venezuela, conscientes del horror que se vive allí, han comenzado a llamar la atención acerca de la nefasta influencia cubana, no sólo en América sino dentro de la misma España.

Hoy en día la situación es aún más complicada, pues cómplices evidentes de la maldad cubana y su sucursal venezolana han tenido acceso a algunos mecanismos de poder en España, entre ellos el hijo de su madre Zapatero, y menciono lo del hijo de su madre —no sean mal pensados— porque el susodicho individuo no utiliza el apellido del padre Rodríguez, sino el de la madre Zapatero. El nefasto individuo —cuando alguna vez desgraciadamente fue presidente del Gobierno español— favoreció disimuladamente a los representantes del mal de Cuba y Venezuela y hoy en día se ha convertido en un paladín de la defensa de esos horrores. Otros cómplices, como Unidas Podemos o sectores izquierdistas o separatistas, son socios en activo de la maldad cubana-venezolana.

Los ejemplos proliferan, y no sólo el de la exagerada ayuda a la aerolínea fantasma, sino el recién destapado de una editorial de libros de cocina que le otorgó casi dos millones de euros a un alto dirigente chavista. Podemos agregar la protección otorgada a prófugos de la justicia como el ‘Pollo’ Carvajal, o la aceptación de capitales evidentemente sucios de multitud de chavistas que han proliferado en las tierras españolas, gozando del dinero robado a la empobrecida Venezuela.

Algunos sectores de la sociedad española han comenzado a reaccionar —espero que no sea demasiado tarde— para hacer público las triquiñuelas de los encochinados venezolanos, y espero que esto llegue al desmantelamiento de múltiples empresas tapaduras de ellos e incluso de sectores, sobre todo militares del régimen cubano, matriz del mal que se sufre en Venezuela y que ha afectado por más de medio siglo a buena parte de la humanidad.

Espero con ansias que la realidad cubana, que lamentablemente ha sobrevivido a la muerte de su líder, y pareciera que a la de su hermano sucesor, pueda pergeñarse lo suficiente para que el mundo entienda esa monstruosidad, y no haya que esperar, como sucedió con Stalin, que muchos engañados siguieran creyendo en ‘pajaritos preñados’ como decimos en Venezuela.

Corta vida, espero que lo más corta vida posible, a los regímenes de Cuba y Venezuela, pero también a sus cómplices españoles.

 

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