Cuánto vale un negro muerto / ¿27 MILLONES?, por Antonio Llerandi

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El asesinato de Floyd era uno más en una larga historia de injusticias policiales, casi todas ellas ligadas a un problema que está desgraciadamente vigente aún en la sociedad americana: el racismo.

La City of Minneapolis, Minnesota, acaba de aprobar unánimemente otorgarle a la familia de Georges Floyd, el negro asesinado por el policía Derek Chauvin al aplicarle por más de 8 minutos la rodilla en el cuello, la cantidad de 27 millones de dólares en compensación, para zanjar el pleito legal asumido por los abogados de la familia. Adicionalmente aprobaron quinientos mil dólares para el vecindario donde ocurrió la muerte.

La prensa auspicia la noticia como un hecho ‘histórico’, pues es la primera vez que una compensación tan alta es aprobada en EEUU, creando un precedente importante. Aunque las investigaciones históricas también resaltan que, a pesar de las múltiples muertes a manos de la policía, solamente un caso ha sido declarado culpable de asesinato en Minneapolis hasta el momento, y da la simple ‘casualidad’ de haber sido un policía negro que mató a una mujer blanca, aunque múltiples agentes han estado involucrados en las muertes de negros.

Alguna vez Edgar Allan Poe, escritor norteamericano, definió a EEUU como “una gigantesca empresa de contabilidad”. Quizás exageraba, pues Estados Unidos es mucho más que eso, pero sin embargo la compensación económica por una muerte injusta va precisamente en esa dirección. Algún joven actual ‘creador de contenidos’ quizás podría referirse al acontecimiento como una manera de ‘monetizar el dolor’. Es decir, ponerle precio al sufrimiento.

Creo que lamentablemente es, por una parte, una manera un tanto hipócrita de ciertos sectores de la sociedad norteamericana de tratar de zanjar el asunto o, por lo menos, de restarle importancia, sobre todo tomando en cuenta que recién se está iniciando el juicio al mencionado policía y a los otros tres que lo acompañaron y que de alguna forma fueron cómplices del asunto. Debo señalar al respecto un dato significativo: cuando los cuatro policías fueron detenidos se solicitó, para ser puestos en libertad condicional, un alto monto de fianza, un millón para Chauvin y 750 mil dólares para los otros. El dinero salió de alguna parte, pues todos fueron puestos en libertad, y creo entender que los sueldos de esos policías no le permitirían tener unos ahorros tan sustanciosos.

El asesinato de Floyd, el 25 de mayo del fatídico 2020, en pleno inicio de la pandemia y sus terribles consecuencias, desató la ira de muchos ciudadanos y propició las marchas que encabezó el movimiento Black Lives Matter. El asesinato de Floyd era uno más en una larga historia de injusticias policiales, casi todas ellas ligadas a un problema que está desgraciadamente vigente aún en la sociedad americana: el racismo.

A quienes quieran profundizar en el tema les recomiendo que vean una serie producida por Netflix: Amend, the fight for América, narrada por el actor Will Smith que, partiendo de la Décimo Cuarta Enmienda de la Constitución, que establece Liberty and equal protection for all persons, es decir, la libertad e igualdad de protección para todas las personas, recorre el camino desde su promulgación hasta los tiempos actuales. Sobre todo se hace hincapié en las dificultades para que esta igualdad se establezca en la realidad. El viaje ha sido arduo y sumamente largo, sobre todo si tomamos en cuenta, como lo demuestra la serie, la cantidad de subterfugios legales que se han establecido a través del tiempo, para tratar de violar esa igualdad.

La serie transita por varias décadas de la historia de EEUU, desde que se abolió la esclavitud y los vericuetos, incluso legales, para burlar esta igualdad. Desde la primaria consigna de “iguales pero separados” que permitió la segregación, donde los colored people tenían una vida al margen de los blancos. Formalmente, esos principios de igualdad se han ido implantando cada vez más, pero lamentablemente el racismo es algo que subsiste en la vida cotidiana. En los últimos cuatro años, los movimientos supremacistas blancos han tenido un cierto auge y una indiscutible repercusión.

La serie documenta las vicisitudes, de los diferentes grupos marginalizados, los negros, las mujeres, los gays, los inmigrantes. Y sobre todo destaca, los avances, legales y cotidianos que han sucedido a través del tiempo. Si bien es cierto que ha habido avances, aún subsisten elementos que hacen difícil la vida para estos sectores.

Hay una tendencia a darle mucha importancia a los orígenes raciales de las diferentes comunidades, fuente indiscutible del racismo. Hoy en día la palabra negro se considera despectiva y discriminatoria en EEUU, pues era usada con esa intención en el pasado. Se usa el hipócrita afroamerican que a mí manera de ver es una simplificación incorrecta, porque no todos los originarios de África son de la llamada raza negra. Los latinos o hispánicos, como se denominan aquí, los señalan como brown, marrones o carmelitas, y yellow, amarillos, a los asiáticos. Una escalofriante manera de calificar a los seres humanos, a través de un horror, como es el supuesto color de la piel. Otro aspecto que toca la serie es la condición de las mujeres como ciudadanos de segunda categoría, o de la marginalización y criminalización de los gays y los inmigrantes.

Siempre he dicho que EEUU es quizás el único país del mundo donde al llenar cualquier formulario, legal, médico o informativo, al describir el individuo que lo llena, se le pide colocar, además de sus datos personales, a cuál raza pertenece. A mi manera de ver, ahí comienza todo. Si se lograra eliminar o prohibir esa clasificación, pienso que sería un gran paso de avance al respecto. Igualmente puede suceder con esa casilla correspondiente a lo que clasifica como sexo, que generalmente también se confunde con género. Todos somos iguales ante la ley, seres humanos y punto. El sexo o el género, cada quién lo usa como lo tenga a bien, y eso forma parte de la privacidad de cada quién. Lamentablemente, los aspectos moralistas y religiosos, generalmente hipócritas, juegan un papel preponderante en esos prejuicios.

Viendo la serie, se percata uno que indiscutiblemente esta sociedad avanza, pero que aún queda un camino por recorrer. Mientras tanto, tratando de entender cada vez más a este país donde he decidido vivir, me encuentro con algunas buenas noticias, sobre todo relacionadas con la comunidad de Miami. Acaba de ser nombrado como máxima autoridad de la policía local a Art Acevedo, que me imagino que se llama Arturo y la manía aquí de abreviarlo todo, le pusieron Art. En todo caso, Acevedo es originario cubano y tuvo notoriedad nacional, pues no sólo es partidario de medidas más severas por el control de las armas, sino que en Houston, donde se desempeñaba como jefe de la policía, se unió a las manifestaciones de Black Lives Matter, que protestaban contra el asesinato de Floyd, y criticó las actuaciones de Trump al respecto. La prensa y el alcalde, lo llaman “el mejor policía” de EEUU.

Espero que las comunidades cubana y venezolana, muy numerosas en esta parte del territorio, puedan entender, a partir de las enseñanzas de la historia y de este futuro jefe de policía, que las actitudes racistas, que muchos detentan, y que los llevó por manipulaciones políticas a calificar a Black Lives Matter, como un movimiento subversivo y comunista, puedan cada vez más dejar de ser manipulados por esas mentiras, como lo ha determinado el propio FBI, y que lo único que logran es tratar de perpetuar, las raíces del nocivo racismo. Larga vida al “todos con todos”, que es la sal de la vida y el azúcar también.

 

 

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