También / CONTRA MACHISMOS Y HEMBRISMOS, por Alicia Freilich

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Ángela Merkel y otras líderes del mundo nunca se afiliaron al hembrismo.

#MeToo, este ‘también’ del idioma inglés que se añade al Yo, ha sido la llave maestra del triunfo actual que algunos países, a la cabeza Estados Unidos, penalizan con cárcel y multas la segregación y el abuso de poder contra la mujer desde tiempos inmemoriales aunque ciertas culturas como la griega, la judía y no muchas más, otorgaron algunos  permisos temporales a sus féminas para asumir privilegios reservados a los masculinos mientras estos dominaban artes, estudios y técnicas bélicas, de producción, comercio, industria. Procesos parciales y denuncias que registran bibliotecas en papel y digitales.

Fue un escándalo el famoso texto Sexual Politics de Kate Millet (1970), en bastante medida pionera del cambio actual lo que a su vez originó la sarcástica respuesta del afamado escritor también estadounidense Norman Mailer en su divertido y polémico Prisionero del sexo (1972). Ambas altamente recomendables y con traducción al castellano.

En especial la dura lucha sufriente de las llamadas sufragistas a principios del siglo pasado sólo para alcanzar el derecho a votar, a elegir autoridades estatales, regionales, citadinas y hasta permisos  caseros diarios como el de firmar cheques, remuneración igual en toda clase de labores, decidir en pareja el destino de hijos y otros familiares (parece mentira) cubrió muchas décadas del siglo XX. Prohibiciones que pueden llegar a condenas de muerte por parte de sistemas basados en religiones teocráticas que todavía gobiernan sobre poblaciones gigantescas en el contemporáneo mapa mundial.

Tamaña difícil ruta por la liberación femenina cubierta con resistentes, afiladas piedras en los caminos ejecutivo, legislativo y judicial dilataron el  justo logro liberador, esto motivó que tantos movimientos femeninos por implantar ese y otros derechos de tradición exclusiva para el hombre, reaccionaran y se convirtieran en el defensivo pero nefasto hembrismo con sus ‘secciones femeninas’ que aún persisten, fenómeno aprovechado por políticos, gerentes, directores, en fin, los empoderados del super-machismo para aumentar su tarea de humillar y chantajear a su pareja, personal femenino doméstico, el de sus oficinas y empresas, agravantes que ridiculizan el esfuerzo por aplicar leyes que regularan un equilibrio igualitario entre derechos y deberes de ambos sexos.

El Me too del siglo XXI ha sido exitoso precisamente por equivaler o equiparar jurídicamente a los  géneros femenino y masculino, junto con sus modernas variantes permisivas de cambios en  la  sexualidad por causas hormonales genéticas y/o psicológicas.

En Cubazuela resultaría conveniente que los profesionales sanitarios unieran sus esfuerzos en una directiva que represente hombres y mujeres con papeles idénticos y siempre en conjunto a la hora de reclamos, exigencias y decisiones. Se trata de un sector esencial para la coexistencia en sociedad que pudiera determinar el rumbo de normas obligatorias en momentos cruciales como el actual. Y en general, sindicatos y gremios forman un solo eje con mayor potencia cuando se eliminan divisiones  internas por género, edad, oficio y experiencia. Todos a una pueden mucho más que apartados por diferencias artificiales cuando su objetivo central es el mismo.

Y es que nada puede dañar más a la reivindicación de la mujer en su anhelado rol de activar la compenetración mano a mano con el hombre en todos los estratos de la vida privada y pública, que insistir con asociaciones exclusivamente femeninas. Ana Parker, Madame Nguyen, Golda Meir, Indira Gandhi. Ángela Merkel, nunca se afiliaron al hembrismo. Eso vale para toda lucha contra cualquier otro delito perverso y segregador por etnia, creencia, ideología y militancia política, claro, no criminales.

La  clave, novedosa y certera,  es el También, ni más ni menos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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