Adú / PARA COMPRENDER Y SENTIR LA MIGRACIÓN, por Alfonso Molina

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Su propuesta prioriza la historia de Adú —interpretado de forma extraordinaria y sorprendente por Moustapha Oumarou— que conforma el hilo central del film.

El sábado 20 de febrero  a las 11:30 am se llevará a cabo el Cine Encuentro digital organizado por Trasnocho Cultural  e Ideas de Babel. Esta vez será con el film español Adú, dirigido por Salvador Calvo y protagonizado por Luis Tosar, el niño Moustapha Oumarou, Álvaro Cervantes, y los jóvenes Adam Nourou y Zayiddiya Dissou. Está disponible en Netflix.  Los ponentes seremos el abogado Zair Mundaray, especializado en derechos humanos y migración, y yo. La moderación la ejercerá Trino Márquez, sociólogo y coeditor de Ideas de Babel. Primero vean la película en Netflix y luego ingresen a www.trasnochocultural.com para adquirir sus entradas del Cine Encuentro. Recibirán una invitación para ingresar a Zoom.

Ha sido la película revelación de 2020 en España, con un amplio impacto entre los espectadores y la crítica. Es cierto que es terriblemente dura pero también extremadamente necesaria. Su título Adú alude al nombre de un niño de seis años (Moustapha Oumarou) que escapa con su hermana de las bandas delictivas de Camerún y decide emigrar a Europa de forma desesperada. La segunda línea dramática es la de Gonzalo (Luis Tosar), un activista de la defensa del medio ambiente que denuncia la caza de elefantes en África y al mismo tiempo tiene severos problemas con su hija Sandra (Anna Castillo). La tercera es la de los tres guardias civiles (Álvaro Cervantes, Miguel Fernández y Jesús Carroza) que enfrentan a una turba de subsaharianos que intentan traspasar la valla que los separa del territorio español de Melilla, vecino a Marruecos. El guion de Alejandro Hernández y la dirección de Salvador Calvo logran converger esas tres rutas dramáticas de forma convincente y sin concesiones a la corrección política. El resultado es una obra muy fuerte que ha sido postulada a trece premios Goya de la Academia española.

Este es el segundo largometraje de Calvo, quien ha labrado una extensa y exitosa carrera en la televisión de su país. Su propuesta prioriza la historia de Adú —interpretado de forma extraordinaria y sorprendente por Moustapha Oumarou— que conforma el hilo central del film. La película está muy bien construida y expone los dramas de la migración desde el subdesarrollo hacia el mundo social e industrialmente avanzado. El niño Adú no sabe qué es París ni Madrid pero está consciente que debe escapar de su entorno para salvar su vida. Es una razón mucho más sólida que la defensa medioambiental de Gonzalo o que el sentido del deber de los tres guardias civiles. Y no es gratuita esta elección en la medida que la migración ilegal es uno de los problemas más importantes de los países europeos —desde África o Siria— o de Estados Unidos —desde México y Centroamérica— en circunstancias no completamente comprendidas. Como el caso de la diáspora venezolana que ya suma cinco millones de personas.

Tres historias unidas por el hilo terrible de la migración que comunica toda la magnitud de la tragedia de hombres y mujeres obligados a dejar sus países de origen y llegar como puedan al mundo del desarrollo. Sin ninguna garantía. Calvo consigue transmitir esta dramática realidad de manera sostenida y contundente. Con la emotividad ajustada y suficiente para no ocultar nunca esa certeza y verdad que transmite el film. Los tres relatos conforman un doloroso mapa de ida y vuelta sobre un continente condenado hasta lo indecible por la codicia y la miseria humana.

Sorprende la capacidad de Calvo y Hernández para atrapar y expresar la diversidad de emociones y articuladas en las tres líneas narrativas. No apuntan a un final feliz ni hacen demagogia populista. El drama de la migración no tiene una respuesta inmediata —más allá de la solidaridad humanitaria— y responden a razones mucho más estructurales. La diferencia de su enfoque —frente a otras obras similares— se encuentra en el tratamiento de los dramas íntimos de un puñado de personajes. No existe la intención de explicar por qué la gente de Camerún, Senegal o cualquier otro país africano quiere abandonar la miseria o la desigualdad sino simplemente narrar sus experiencias. Tampoco entender por qué Gonzalo pertenece a una ONG ambientalista. Etcétera. Hay una aproximación mucho más emocional que racional que lograr exponer un drama terrible e inexcusable.

Adú es una película importante. Una opción que no se puede obviar a la hora de comprender el mundo que vivimos hoy. Un mundo que duele y que es injusto. En medio de los problemas de la humanidad, entre ellos la pandemia que padecemos, este planeta necesita encontrar las emociones que se conviertan luego en razones para superar nuestros problemas.

ADÚ, España, 2020. Dirección: Salvador Calvo. Guion: Alejandro: Alejandro Hernández. Producción: Álvaro Augustin, Ghislain Barrois, Edmon Roch y Javier Ugarte. Fotografía: Sergi Vilanova. Montaje: Jaime Colis. Música: Roque Baños. Elenco: Luis Tosar, Moustapha Oumarou, Álvaro Cervantes, Adam Nourou y Zayiddiya Dissou. Disponible en Netflix.

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