Ve a comprar cigarrillos y desaparece / DUELOS DE VISIONES, por Alfonso Molina

En el caso de su nueva novela, Krispin se distancia del humor y acentúa la importancia de la confesión personal, con cierto dramatismo a ratos.

La nueva novela de Karl Krispin (Caracas, 1960) se distancia de su narrativa anterior y explora una relación —fundamentalmente epistolar— que involucra inicialmente a dos personas —marido y esposa— en situaciones aparentemente equívocas que luego van adquiriendo certezas. Ve a comprar cigarrillos y desaparece propone varios duelos. En primer lugar, entre dos personalidades devenidas en antagónicas e irreconciliables. En segundo término, entre el autor y el narrador cuando este intenta desplazar a aquel. Finalmente, entre la ilusión y la realidad.

Quien asume en el primer capítulo la voz del narrador es Esteban Caledonia Garcés, escritor y profesor, erudito y desencantado, quien comparte con el lector cómo ha planificado su huida de su matrimonio con María Silvia, pero de inmediato cae en cuenta que ella se le adelantó y lo abandonó para irse lejos sin posibilidad de un reencuentro. Este primer conflicto da pie a un intercambio de recuerdos y experiencias que no aspira a transformar la vida de uno y otra, sino simplemente reafirmarse en sus posiciones. La separación, la división de bienes, las nuevas rutas, la infidelidad, la revancha y las confesiones tardías abren sus reflexiones afectivas en el marco de un conflicto político y social que funciona como transfondo. Esteban y María Luisa transitan sus propias reflexiones, hacen un recento de sus respectivas vidas, saben que la memoria solo les sirve para liberarse del pasado.

La segunda confrontación es mucho más sutil y prolija y se desarrolla entre el autor y el narrador, aunque Esteban guarda cierta distancia por ser un personaje creado por Krispin. No son la misma persona, obviamente, pero a ratos las fronteras entre ambos se tornan imprecisas, especialmente porque Esteban es escritor y profesor —como el autor— y sus referentes literarios son particulares y definidos. Este esquema expositivo también funciona cuando quien habla es María Luisa, pues expresa su desencanto no solo con su marido sino con el país que le ha tocado vivir. Personaje que se narra en primera persona y que de alguna manera se convierte en autor.  Cada cual tiene sus razones y sus experiencias auque no puedan comunicarlas entre sí. Un tercer personaje, Agatha, se introduce en la trama con un objetivo definido, aunque tarda en confesarlo y prefiere asumir una relación lúdica. Y por contraste establece la condición de personaje principal en Esteban, quien comienza y termina la trama.

El tercer duelo se libra entre la realidad objetiva de estos tres personajes —ruptura, viajes, nuevos amores, nuevo vecindario, etcétera— y del país que los ha albergado con sus virtudes y defectos, por una parte, y la representación de esa misma realidad en el imaginario de cada cual, por la otra. Esteban y María Luisa formulan sus visiones, se las creen, las asumen sin borrar las fronteras de la realidad y la ilusión. Un poco más allá, Agatha urde su plan de seducción, con seguridad y encanto, al margen de la situación del país.

Entre las numerosas referencias literarias de la novela —Camus, Borges, Mann, Auster, Márai, Coetzee, entre otros— destaca la necesidad de abarcarlo todo en el terreno de las letras, más allá de las tramas y, sobre todo, alrededor de sus implicaciomes éticas y filosóficas. Especialmente La montaña mágica y una cita definitoria: «El síntoma de la enfermedad era el reflejo de una actividad amorosa reprimida, toda enfermedad es una metamorfosis del amor».

Desde su novela primeriza Viernes a eso de las nueve (Fuentes Editores, 1992) pasando por ese canto al despecho titulado Con la urbe al cuello (Alfaguara, 2005), la muy divertida y tecnológica La advertencia del ciudadano Norton (Editorial Alfa, 2010), sus minicuentos Ciento breve (Fundación para la Cultura Urbana, 2004) y el curioso juego alfa numérico de 200 breves (Oscar Todtmann Editores, 2015), la narrativa de Krispin mantiene una perspectiva íntima para expresar conflictos personales y sociales, matizados con humor y cierta desesperanza.

En el caso de su nueva novela, se distancia del humor y acentúa la importancia de la confesión personal, con cierto dramatismo a ratos. Todo esto bajo el amparo de sus aficiones en torno a literatura, arquitectura, fotografía, gastronomía, autoayuda y, especialmente, la ciudad que ha estado presente en sus otras novelas. Y su final guarda el tono de la esperanza y de la necesidad de evitar un desenlace.

VE A COMPRAR CIGARRILLOS Y DESAPARECE, de Karl Krispin. Editorial Hypermedia, 2020.

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