De Croacia a Ortiz / CASIMIRO HACE AMIGOS ENTRE HORTALIZAS, por María Fernanda Mujica Ricardo

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Este señor muy alto que se cuida del sol es el padre de Gabriela Spanic (actriz, cantante, modelo y exreina de belleza venezolana quien tiene una extensa carrera de éxitos internacionales).

ESPECIAL PARA IDEAS DE BABEL. Al entregar las bolsas para hacer el mercado brinda una sonrisa y unos buenos días de forma muy amable. ¡Ya eso es una sorpresa! En otra oportunidad le pregunté que si la esposa del Gocho era su hija porque se parecía a él por lo blanca y de ojos muy claros, y me dijo: “Qué va, bella es mi hija” y me mostró en su celular una serie de imágenes de una chica bailarina guapísima que me parecía conocida. Pero como la farándula no se me da mucho, de eso hace como 50 años, cuando seguía el Miss Venezuela y leía Vanidades y otras revistas del género. Me tocó averiguar quién era Gabi Spanic por las redes para saber quién era la hija del hombre que nos atiende todos los viernes en la Feria de Hortalizas Cumbres de Curumo, donde los parroquianos vamos  de compras para cuidar nuestro bolsillo.

Pues sí, este señor muy alto que se cuida del sol es el padre de Gabriela Spanic (actriz, cantante, modelo y exreina de belleza venezolana quien tiene una extensa carrera de éxitos internacionales). Casimiro Spanic enviudó hace pocos meses. Su matrimonio duró 48 años, y dice que, “lastimosamente, no celebramos nuestras bodas de oro y echo mucho de menos a mi esposa”. Tuvieron cuatro hijos. Es de origen croata y llegó en el vientre de su madre de Austria de donde venían como refugiados en 1947. “Nací en el camino de La Guaira a Ortiz, en Villa de Cura y pesé 5 kilos”.

Casimiro confiesa que siempre está echando broma porque no puede coger rabietas ni puede extenuarse. Sufrió dos infartos en Ciudad de México —se le abrió la aorta pero no dejó que le hicieran el cateterismo, y que viva es casi un milagro— cuando visitaba a su hijos y esposa; también ha sufrido de cáncer de piel (nos muestra unas cicatrices en su rostro) y por eso evita el sol.

—Mi esposa y yo nos conocimos en Ortiz, en el estado Guárico, por eso es que Gabriela que es gemela de Daniela, representó a Guárico en el Miss Venezuela en 1992. Todavía tengo casa allá. Aprendí a montar a caballo y a nadar a los siete años. Mis padres llegaron a Venezuela sin hablar nada de español. Les entregaron un toro, dos vacas y dos hectáreas para trabajar la agricultura. Después mi padre, como era muy curioso, se metió con máquinas pesadas y se convirtió en maquinista. Murió a los 49 años y era muy estricto. Luchó contra el nazismo y el comunismo. Tuve un hermano mayor que nació en Croacia y se quedó en el camino en Francia y le perdimos el rastro, y otro mayor que llegó a Venezuela con mis padres.

“Nos mudamos de lugar en la plaza de Cumbre evadiendo la luz solar”, y recuerda Casimiro a su madre en Ortiz cuando les contaba sobre los horrores del nazismo y de las atrocidades que los serbios les hacían a los croatas.

A los ocho años es que aprendió a hablar castellano y lo inscribieron en la escuela. Estudió en la Técnica Industrial en Valencia y su hermano mayor que trabajaba en Valencia lo mantenía. Almorzaba en la Técnica y cenaba un pan con mortadela, Coca Cola y de postre un cambur. “Era muy flaquito. Cuando me casé pesaba 65 kilos y medía 1.87 m. y mi señora pesaba 46 kilos y medía 1.65m., era bella y tenía un cuerpo espectacular. No sé qué me vio a mí de particular”.

—Me gradué de tornero fresador y trabajé en la Fiat de La Victoria, pero mi padre quería que entrara a la Marina. Decía: “Usted es venezolano y debe servirle a la patria”. Él había sido militar en la II Guerra Mundial y no le fue fácil la vida. Pasé dos años en la Marina y luego ingresé como tornero-fresador en Los Salesianos en el Don Bosco. En la mañana trabajaba y en la tarde dictaba clases de Ajuste y Precisión. Allí conocí a un señor que me contrató como vendedor de maquinarias industriales destacado en Maracaibo donde monté una sucursal de la Central Venezolana de Máquinas y Aceros. Ya estaba casado y teníamos a las morochas y en Maracaibo nació mi hijo Antonio. “Me encantó la vida en el estado Zulia, ganaba muy bien y tenía que viajar a Colombia a buscar personal calificado. Vivíamos el auge petrolero, pero por razones familiares regresé a Caracas a trabajar con la misma empresa.

­­—Mis hijos se criaron en Ortiz. Nació la más pequeña, Patricia. Todas fueron reinas de belleza en sus liceos. Siempre era reina alguna de las tres. Mi hijo también fue modelo pero no le terminó gustando. Tuvo bastante éxito. Hizo una cuña famosa para  el refresco Chinotto. Gabriela, cuando se fue a proseguir su carrera artística internacional por las telenovelas, se llevó primero a su mamá a Miami y después a toda la familia a Ciudad de México, pero Antonio regresó y vive en Ortiz. “Estoy súper orgulloso de mis cuatro hijos, han sido sanos, en vez de yo, fui muy fumador”.

Casimiro tiene nueve nietos, dice que el mayor tiene 22 años, es chef, vive en Caracas y mide casi dos metros. Recuerda que le gustaba mucho jugar póker y que él junto a su esposa amanecían jugando canasta y que cuando Gabi se la llevó a Miami para que la ayudara, él viajaba y juntos se iban a jugar a Las Vegas. “Fui muy feliz con mi esposa”, repite en tono nostálgico.

Su problema cardíaco le impide regresar a ver a sus tres hijas y nietos a Ciudad  de México por la altura. Después del doble infarto tuvo que jubilarse, aunque confiesa que guarda algunas herramientas. “Me quedé solo y no es fácil”. Vive en su casa en Prados del Este donde construyó dos anexos y un apartamento para alquilar. Rememora que cuando se mudaron del Guárico a Caracas, primero vivieron en el edificio Rocar en Las Palmas que quedaba frente a Venevisión y allí aprovechaba Gabi para presentarse en los programas especiales en ese canal. Luego se mudaron a Santa Fe, después a Los Samanes y por último a Prados del Este.

—¿Por qué entre verduras?

—Le alquilé un anexo a una conocida de Ortiz que hace cachapas y queso, por intermedio de ella conocí a Ender, ‘El gocho’, dueño de la Feria de las Hortalizas de Prados del Este. Con él he establecido una linda amistad. Yo disfruto mucho con los amigos y en vez de estar solo me vengo al mercado. Trabajo lunes y martes en Prados del Este y los viernes aquí en Cumbres con su hijo, Ender. Aquí echo broma, conozco gente, hago amistades. No quiero que me paguen, no cobro por el servicio, pero hago aquí mi mercado. Y aparte, la esposa de Ender me provee de arroz, pasta, azúcar y granos. Esta gente de La Grita trabaja demasiado, ya no hay vuelos nacionales y viajan por carretera para traernos las verduras y hortalizas a Caracas.

Nos despedimos porque Casimiro regresa a la feria a continuar entregando las bolsas a los compradores.

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