El teatro / ESA PASIÓN INÚTIL, por Leonardo Azparren Giménez

El teatro ha sido a lo largo de la historia la representación que mejor ha expresado las pasiones de los grupos sociales.

En este Cabildo se trató y defirió que atento a que el día del señor Santiago biene muy presto, en el cual día como es costumbre se solemniza su fiesta y rregocijo y conbiene aya juegos de caña y toros, para lo cual conbiene se mande aderezar y limpiar y cercar la plaza a las personas que les suele caber lo susodicho y se aga con tiempo. Y que así mismo se dé orden para que se haga una comedia el dicho día, lo cual se encargó a los dichos Alcaldes [Diego Vásquez de Escobedo y el alférez real Diego de los Ríos] y al Procurador General, los cuales azetaron y se encargaron de ello. Nómbrese por capitán de los toros para el dicho dia a Alonso González Urbano, al cual se le notifique, azete y acuda al dicho cargo para que haga traer los toros para el dicho dia.

Acta del Cabildo de Caracas del 28 de junio de 1600.

No era la primera vez que el cabildo de la villa de Santiago de León de Caracas aprobaba una celebración pública y colectiva en ocasión de una fecha especial; también en 1594 y 1595, lo que permite suponer que era una costumbre desde 1567, cuando la villa fue fundada. Tal ceremonia social tuvo lugar en los espacios públicos, en especial la plaza, centro de la vida social y del festejo, y fue un evento en el que los 2.000 vecinos reafirmaron sus valores y creencias ancestrales.

Los neo venezolanos consolidaban su identidad ciudadana con esas ceremonias religiosas y sociales que interrumpían la rutina anónima de la villa. Una costumbre nada nueva, peninsular de origen, pues en Europa las ceremonias sociales y religiosas se remontaban al siglo XIII. Religión y representación social servían para conservar la identidad social e individual.

Desde 1600 han trascurrido 420 años y me pregunto cómo los venezolanos nos representamos en este siglo XXI en tanto grupo social. Cuando me refiero a nuestra práctica teatral, ¿a cuál teatro me refiero? ¿Es nuestro teatro lo que queremos o quisiéramos que sea?

Nuestro teatro nació junto con nuestra pólis mayor como expresión colectiva de sus habitantes, avecindados a miles de kilómetros de sus ancestros y de su tierra. Con los toros, cañas, danzas y comedias implantaron en tierra extraña una teatralidad secular. Hoy, ¿con cuál representación afirmamos lo que somos?

Es pertinente preguntarnos por qué y cómo los pueblos producen ceremonias sociales; por qué el teatro tiene un marcado perfil ciudadano a diferencia de otras artes. Por eso, ¿los venezolanos nos reconocemos en nuestras ceremonias? ¿Tenemos un teatro ciudadano en el comienzo del siglo XXI? Nos referimos a un arte que nació hace dos milenios y medio, muy atento y correlacionado con los eventos que acuciaban a su espectador.

El teatro ha sido a lo largo de la historia la representación que mejor ha expresado las pasiones de los grupos sociales. El teatro surgió como creación de ciudadanos para ciudadanos. Frínico, conmovió a sus espectadores atenienses por allá en el 500 a.C. al representarles la reciente masacre de la colonia griega de Mileno por los invasores persas guiados por un déspota. Pocos años después, Esquilo advirtió a esos mismos espectadores sobre la necesidad de defender la libertad y sobre los peligros de significaba el militarismo depredador. El teatro fue para ellos una pasión de ciudadanía para construir la libertad.

En Las ranas (405 a.C.) Aristófanes envió a Dionisio a ultratumba para buscar a un poeta “para que la ciudad se salve y pueda continuar con el teatro” y “aconsejar a la ciudad algo provechoso”. Pone en boca de Esquilo la siguiente pregunta: “¿Por qué debe admirarse a un poeta?”, y responde Eurípides: “Por su inteligencia y su consejo, y porque hacemos mejores a los hombres en las ciudades”. El teatro había nacido comprometido para construir ciudadanía.

Desde entonces, el teatro no se ha olvidado de sus ciudadanos, en muchas ocasiones con pasión desbordada, tal la que sienten Hamlet o Cosme Paraima, el personaje de José Ignacio Cabrujas en Acto cultural. Representar ante los ciudadanos dos personajes en situación agónica provoca una pasión y una tensión de poder, con obvias implicaciones sociales. Por eso, el teatro es un termómetro muy sensible ante las crisis sociales. Lo que ocurre está ahí, delante de nosotros, sin intermediarios que los atenúen, por lo que es imposible no comprometer nuestro parecer y nuestro sentir. Somos solidarios con Nora cuando decide abandonar todo en Casa de muñecas, de Henry Ibsen, para ser libre.

Publicado originalmente en https://pasionpais.net/

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