Bitácora Internacional  ¿ES LA DERROTA DE TRUMP EL FIN DEL TRUMPISMO?, por Alfredo Michelena

El problema es que estos cuatro años de Trump aceleraron las divisiones internas de la sociedad norteamericana.

Sin covid-19 posiblemente los resultados del 3 de noviembre en EEUU hubieran sido diferentes. A pesar de la derrota de Trump, aún falta ver si la política estadounidense seguirá polarizada y el populismo se instalará en ese país con las consecuencias que eso traería para la mayor potencia de occidente.

Aunque aún falta que el 14 de diciembre se reúnan los Colegios Electorales para votar por el presidente de EEUU, y antes, que los gobernadores de cada estado certifiquen las listas de estos electores, los resultados electorales ya han dado como ganador a Joe Biden, frente a Donald Trump. La inmensa mayoría de los presidentes del mundo ya han felicitado a quien será el nuevo inquilino de la Casa Blanca.

Pero ¿es esto la muerte del trumpismo, de los MAGA (Make America Great Again)?

Trump obtuvo 3 % menos votos que Biden en el voto popular, es decir, de todos los votos emitidos —aproximadamente 71 millones de votos versus 75 millones de votos por Biden— al menos en cifras iniciales. Sin embargo, los republicanos mantienen el control del Senado y aumentaron sus curules en la Cámara de Diputados, lo que sugiere que podría haber más republicanos que trumpistas.

El crecimiento de la economía norteamericana con Trump fue excelente. Según el Financial Times: “antes de que llegara el coronavirus, EEUU estaba montando la larga ola de una expansión que comenzó con Barack Obama a raíz de la crisis financiera. El desempleo alcanzó mínimos históricos durante el mandato de Trump, pero la economía se derrumbó en marzo y aún podrían faltar años para una recuperación total”. Aceptando aquel dicho de “es la economía, estúpido”, podríamos concluir que sin la llegada de covid-19 los resultados del 3 de noviembre pudieran haber sido distintos. En otras palabras, la “peste china” (Trump dixit) derrotó a Trump.

Es difícil hablar de encuestas, pues ellas han sido muy desprestigiadas en estas elecciones; nunca señalaron que Trump sacaría tantos votos. Pero, sin duda, Trump no era ni fue un candidato de mucha aceptación popular. Eso tiene que ver más con su carácter pendenciero, su incontinencia verbal y su egotista personalidad. Asunto que no solo afectó su desempeño en estas elecciones, sino la percepción que tiene el mundo del cuadragésimo quinto presidente de EEUU.

El problema es que estos cuatro años de Trump aceleraron las divisiones internas de la sociedad norteamericana. En ese salad bar de orígenes étnicos y culturas, que son los Estados Unidos, afloraron mucho las tensiones raciales durante su mandato y en especial el año electoral (¿casualidad?). Trump fue muy torpe al manejar el asunto, así como el tema de covid-19. Eso de restarle importancia a una pandemia que está afectando y matando a más norteamericanos que las guerras mundiales, al final parece haberle costado muy caro. Para no hablar de la constante pelea con la prensa, formadora de opinión. Se pudiera decir que Trump era su peor enemigo. Al final, la creación de un sentimiento anti-Trump derrotó a Trump.

Pero si hay un sentimiento anti-Trump, hay también un pro-Trump, ese que muchos han llamado trumpismo. Sobre todo hay uuna Norteamérica conservadora, pro vida, pro porte libre de armas, racista, ultraliberal, antisocialista o lo que se entienda por eso, antiglobalista, anti deep state y anti Estado que encontró en Trump, un outsider, un empresario, además estrella de TV, una expresión de sus querencias.

Probablemente, a pesar de la promesa de Trump de seguir en política, su personalidad, y los líos y enemigos que forjó durante estos cuatro años, no le permitan volver a la Casa Blanca; pero seguro otro conservador con mayores habilidades políticas tomará su puesto. Lo relevante de este asunto no es solo esto, sino si la política de EEUU. seguirá polarizada y el populismo se instalará en ese país, o morirá con el trumpismo, o si este se trastocará en algo más ‘vendible’.

La derrota de Trump no es solo un tema doméstico, sino que hay fuerzas internacionales que están interesadas en el debilitamiento de Estados Unidos como potencia e incluso para algunos como actor fundamental del Bloque Occidental. Solo hay que recordar que los regímenes de Cuba, Venezuela, China, Irán, Turquía, entre otros, ligaban este resultado. Hay muchos que juegan para que la “hegemonía de Occidente haya terminado”, parafraseando lo que dijo recientemente el canciller iraní, Mohammad Javad Zarif, en Caracas. Pero no solo estos países; también dentro de Occidente muchos de sus aliados han recibido un aire fresco frente a la intemperancia de Trump y la falta de compromisos duraderos con sus aliados.

 

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