Cine POPPY, UNA CHICA FELIZ

Sally Hawkins interpreta la felicidad de un chica londinense en el film de Mike Leigh.

Mike Leigh no es optimista. Sería irresponsable serlo ante un mundo que se cae a pedazos. Especialmente su amada Inglaterra. Sus películas demuestran su angustia ante la fractura social de su país, incluso antes de que estallara la crisis económica que aún azota las naciones del mundo. Cuando recuerdo dramas como El secreto de Vera Drake (2004) —que hace unos meses les recomendé que buscaran en video— o Secretos y mentiras (1996), construyo la visión de un cineasta que pone el acento en la vida amarga de los personajes populares que viven en los suburbios de Londres. Pero a la vez rememoro la agridulce Todo o nada (2002) —ubicada en una comunidad minera con desempleo— antes de abordar la muy alabada La dulce vida (“Happy-go-lucky”, 2008), comedia con giros dramáticos que ha ganado distintos premios en festivales importantes y que se acaba de estrenar en Venezuela. Parecen distintas vertientes de un mismo cineasta, pero en realidad se trata de una misma comprensión  con diferentes matices de esos seres que viven el día a día con sus frustraciones y sus esperanzas.

Poppy es una maestra de 30 años, soltera y emprendedora, extremadamente simpática, que atraviesa su existencia con una sonrisa insólita a pesar de los dramas que la rodean. No importa que le hayan robado su bicicleta o que en su barrio se consuman drogas. Lo mejor siempre está por venir. No tiene novio, pero no le preocupa. Ya vendrá el amor prometido. Durante diez años ha vivido con su gran amiga Zoe y de vez en cuando se emborracha cordialmente en el pub correspondiente. Asiste a clases de flamenco con una profesora muy tópica y termina saliendo con Tim, un muchacho encantador que funciona como trabajador social. Pero eso sí, se topa con Scott, un instructor de manejo de automóviles que se manifiesta en sus antípodas. Huraño, neurótico, pesimista, chovinista, inseguro. La conexión es inevitable pero también imprevisible.

Todo parecía conducir hacia una comedia romántica donde Scott y Poppy encuentran sus diferencias y afinidades hasta conformar una relación de signos contradictorios, pero en su guión Leigh evita caer en ese lugar común y prefiere atarse a la visión optimista de una chica feliz que está a punto de dejar de serlo en un mundo de justificados pesimistas. “Sonreír trae suerte”, parece pensar Poppy, mientras le dice a todo el mundo: “Sé feliz”. Ese be happy es su muletilla personal. Como si fuese tan fácil. Poppy constituye una personalidad que contrasta con los entornos duros en los que vive la clase trabajadora londinense. No es el mundo de gratas sofisticaciones de Saville Row o Picadilly Circus sino el campo de lucha cotidiana de personas que tienen que creer en la esperanza a riesgo de incurrir en el suicidio virtual.

Las “alegres aventuras” de Poppy —encantadoramente interpretada por Sally Hawkins— constituyen los pasos de un discurso vital destinado a confrontarse con el pesimismo e incluso el conformismo. Como personaje Poppy evoluciona hacia un punto de madurez que no niega sus postulados de felicidad. Simplemente los lleva adelante contra viento y marea. Es un personaje ficticio que desencadena situaciones fuera de lo normal. En especial cuando el insoportable y desamparado Scott  —muy bien actuado por Eddie Marsan, rostro habitual de muchas películas inglesas— se sale de sus habituales casillas y explota en un instante de comprensión de su propio drama, en una escena memorable que consolida el film. Pues si la primera parte de La dulce vida transcurre casi de forma intrascendente, la segunda se aventura en el terreno del conflicto personal y adquiere dimensión dramática. Como en las buenas películas de Mike Leigh, el pesimista.

LA DULCE VIDA (“Happy-go-lucky”), Inglaterra, 2008. Dirección y guión: Mike Leigh. Producción: Simon Channing Williams. Fotografía: Dick Pope. Montaje: Jim Clark. Música: Gary Yershon. Elenco: Sally Hawkins, Eddie Marsan, Alexis Zegerman, Andrea Riseborough, Samuel Roukin, Sinéad Matthews, Kate O’Flynn, Sarah Niles y Sylvestra Le Touzel. Distribución: Cinematográfica Blancica.

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