El actor frente al texto / DIDASCALIA, ACOTACIONES Y UNIDAD, por Federico Pacanins

Isaac Chocrón.

Las obras colectivas de Isaac Chocrón no se pueden leer como novelas. Parecen más bien instrucciones dedicadas a actores, directores y personal técnico. Leer Asia y el Lejano Oriente, Tric trac o Alfabeto para analfabetos puede resultar muy confuso y tedioso para quien no esté estrechamente relacionado con los montajes escénicos. Se trata, sin duda, de obras para representar en escena, no para ser leídas. Piezas con absoluta ‘piel escénica’, ejemplo mismo de una muy particular forma artística.

En cualquier publicación de un texto teatral —comedia, drama o tragedia— se puede apreciar en sus páginas iniciales cierta ficha técnica que resume los personajes y sus características generales.  Dramatis personae es el término latino utilizado para esa ficha de anuncio, donde también caben otras alusiones del autor respecto al montaje de la obra. Luego, en la medida en que la obra se desarrolla, los personajes, cada vez que intervienen, son demarcados con sus respectivos nombres mientras ofrecen sus conversaciones o ‘diálogos’ entre sí, o cuando hablan a los otros personajes mediante ‘monólogos’ —exposiciones sin interrupciones— o cuando hablan en voz alta, pero para sí mismos, en solitario, mediante ‘soliloquios’.

Mencionamos también que las publicaciones dramáticas contienen curiosas advertencias del autor —previas o en el desarrollo de la trama— con indicaciones dirigidas más al montaje que al lector. Llaman didascalia (del griego antiguo, “enseñanza”) o acotaciones, a las instrucciones del autor  dirigidas a precisar tonos, acciones o sugerencias para que actores y directores ofrezcan una correcta interpretación.

El buen autor teatral ofrece moderada didascalia o sutiles acotaciones, porque quiere ayudar a que la acción de la obra conserve su unidad —otro concepto de la poética aristotélica—, es decir, que todas las acciones de la trama y el modo como son ejecutadas por los actores  de la mano de su director, vayan unidas al tema principal de la obra. Para ello van señalando las sub-unidades estructurales de la pieza, distribuida en actos, que a su vez se subdividen en escenas y cuadros con ciertas características propias, pero que, como un todo, deben fluir y conformar la unidad del drama bien escrito y representado.

Desafortunadamente, ni todos los dramaturgos tienen la habilidad de escribir piezas con una correcta observación de sus reglas, ni todo actor —o director— es capaz de atender a la unidad del texto en su forma y fondo. En ese sentido, en alguna oportunidad el maestro mexicano Alfonso Reyes, no sin una pizca de ironía, algo dijo respecto al aprendizaje de la lectura, y de la escritura como su posterior consecuencia:

 “Eso de la campaña alfabética tiene un grave inconveniente: el que aprende a leer ya quiere escribir”.

Publicado originalmente en https://pasionpais.net

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