Borgen / LA ÉTICA EN LA POLÍTICA Y EN LOS NEGOCIOS, por Karin van Groningen

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Asalta la pregunta: ¿tienen sus políticos algún plan para Dinamarca?  ¿Cuál es su batalla? ¿Cuál es la lucha de Birgitte?

Un accidental vómito baña a la ex primera ministra de Dinamarca. Birgitte Nyborg, bella y carismática mujer. Su pareja, un exitoso arquitecto, es envenenado en un lujoso restaurant de Copenhague. Una carne de cerdo, proveniente de un animal enfermo, fue la causa de la fuerte e intempestiva reacción alérgica. Un animal beneficiado sin las correspondientes normas sanitarias.

Ocurre en uno de los episodios de la serie danesa de televisión Borgen (2008-2012), que ofrece Netflix, escrita por Adam Price (1967) y galardonada con el premio BAFTA (British Academy of Film and Television Arts) para el mejor drama internacional. La palabra Borgen hace referencia a la sede del poder danés. En él se encuentran las salas de recepción reales, las oficinas del Primer Ministro y las del Tribunal Supremo. Allí funciona también el Parlamento, integrado por una multiplicidad de partidos políticos, ninguno de los cuales logra obtener la mayoría desde 1903. Gobiernan mediante coaliciones temporales ¡Qué gran inestabilidad política! El Primer Ministro siempre en la cuerda floja.

Dinamarca es, a pesar de ello, un país con un altísimo nivel de vida. Superior a la gran mayoría de países del mundo. La prosperidad los desborda, al punto, que destinan parte de su Producto Interno Bruto a la ayuda extrajera. Exportador de alimentos, por excelencia. Con un salario medio entre los más altos del mundo. Con muy baja inflación —1,5% desde el 2001 hasta 2020— sus alimentos, bienes de primera necesidad, bienes muebles e inmuebles prácticamente no varían de precio en el curso de las décadas. ¿Puede usted imaginarse mayor estabilidad? El Índice Educacional de las Naciones Unidas informa de sus altísimos logros educativos. El 82% de sus jóvenes siguen los estudios después de finalizado el bachillerato —realizado mayoritariamente en escuelas privadas. Actuando de forma descentralizada, los gobiernos locales daneses, líderes mundiales en el uso de tecnología avanzada para el cuidado de la salud, han reducido significativamente la mortalidad de su población y elevado su esperanza de vida. Por ello, el vómito en medio del aquel lujoso restaurant, le cayó como un baño de rosas a la ex primer ministro… Lo usó como bandera política, en un país en el que parece que no hay ya nada por que luchar. Terribles circunstancias para una figura política… Usó el vómito para su retorno al parlamento. Provocó el interés de los medios de comunicación que —como perros hambrientos en un país donde priva la libertad de prensa— cayeron sobre el asunto. Subió en las encuestas. Provocó los sucesivos contactos y la serie de reuniones que consecuentemente harían transparente el problema y llevarían a un acuerdo político básico. Un incesante trajinar. Una carrera contra el reloj, que casi siempre se pierde, particularmente cuando se trata de respetar el tiempo en familia. Súbitamente, una sensación de vacío inunda al espectador ¿De qué se trata tanto trajinar? La carne beneficiada de animales enfermos… La cuestionada integración de los inmigrantes… El ilegítimo uso del territorio danés para la detención de personas acusadas de terrorismo por la CIA… Asalta la pregunta: ¿tienen sus políticos algún plan para Dinamarca?  ¿Cuál es su batalla? ¿Cuál es la lucha de Birgitte? El ego regocijado de la primera mujer que alcanza el cargo de primer ministro, sin lugar a dudas. Sin embargo, como consecuencia de esa actividad, el fracaso la perseguía en su vida familiar. El placer de detentar el poder —Den Magt— es también la lucha de Birgitte, pensamos muchos con raíces latinoamericanas. Sin embargo, ese poder era el origen de sus dificultades en su salud.

Y es que, en Dinamarca, como en todos los países del primer mundo, el poder es algo más que una capacidad de mando. No es solo esa capacidad que regocija al regordete general del extraordinario pintor y escultor colombiano Fernando Botero (1932). El poder es —en el primer mundo— una capacidad que se entrega para hacer algo significativo por el país. Hacer algo es una obligación que viene con el cargo de Primer Ministro. Y allí está el problema principal de Birgitte ¿Qué hacer por Dinamarca? Es por ello que el mal oliente vómito le cayó como un baño de rosas… Lo usó como la bandera política que no tenía, para intentar acceder al poder, en un país en el que todo marcha a la perfección. Un país que, como todos los muy boyantes países del primer mundo, vive de los impuestos que el Estado cobra a sus muy exitosas empresas. A las que cuida con esmero. Sus gallinitas de los huevos de oro. Interesantes relaciones de cooperación entre Estado y empresarios que se traducen en éxitos mutuos. Y se reflejan en las bellas ciudades y en su calidad de vida. Terribles circunstancias para una figura política. La protección a sus empresas privadas lo ubica entre aquellos países donde los negocios son más rápidos y fáciles de hacer. La protección a sus empresas privadas lo ubica entre aquellos países con menor corrupción en el mundo. Nuevamente, terribles circunstancias para una figura política. Lo cierto, sin embargo, es que, poco a poco, Birgitte percibe un insospechado campo para la lucha política. Gigantesco… Insondable… ¡Asegurar lo alcanzado!…  Muy importante. Extremadamente importante.

De eso los venezolanos pueden dar muchos testimonios. El terrible efecto de las revoluciones. Con una inflación de 500.000% para octubre de 2019 según The World Economic Outlook. La más alta del mundo ¡En un 500.000% aumentaron sus alimentos y medicinas! La pobreza extrema en igual medida. Lo cierto es también que Birgitte, la muy perceptiva política protagonista incuestionable de la serie, percibe, además, que a pesar de lo importante de asegurar lo logrado, existe otro campo aún más importante ¡Asegurar ese modus operandi exitoso de los daneses! Coaliciones políticas que se alcanzan con rapidez, debido a la única y sólida base sobre la que todos se mueven. Dura como las rocas. ¡Imbatible! Los valores compartidos. Las formas compartidas de ver las cosas, al menos, en las materias más importantes. El compartir una misma ética y moral y respetarla a ultranza. Tal vez Birgitte se había leído al extraordinario sociólogo alemán Max Weber (1864-1920) y a su libro La ética protestante y el espíritu capitalista (1905), donde señala que fue una ética religiosa, la causa del éxito del capitalismo. Tal vez Birgitte se percató de que Borgen, la sólida unidad política danesa, está situada en Christiansborg, un palacio de Copenhague, denominado el castillo de los cristianos. Así la perceptiva líder danesa convirtió la ética y la moral en una lucha personal. En la gestión política. Y en los negocios. Esa ética y esa moral que permitió a los daneses alcanzar los estadios superiores de vida que hoy disfrutan. Y en este momento le pregunto: ¿ese hacer lo moral y éticamente correcto ampliamente compartido, podrá ser la clave también de la recuperación de la Venezuela actual? Sin ella ¿cuánto fruto podrán dar los recursos externos que puedan ser aportados para recuperar la debacle?

BORGEN (Borgen) Dinamarca, 2010. Dirección: Adam Price creador), Mikkel Nørgaard, Annette K. Olesen, Louise Friedberg, Rumle Hammerich, Søren Kragh-Jacobsen, Jannik Johansen, Jesper W. Nielsen. Guion: Jeppe Gjervig Gram, Adam Price, Tobias Lindholm.
Música: Halfdan E. Fotografía: Magnus Nordenhof Jønck, Eric Kress, Lars Vestergaard, Lasse Frank Johannessen, Rasmus Heise. Elenco: Sidse Babett Knudsen, Birgitte Hjort Sørensen, Pilou Asbæk, Mikael Birkkjær, Freja Riemann, Emil Poulsen, Thomas Levin, Søren Malling, Christoph Bastrup. Disponible en Netflix.

kavege@gmail.com 

@KarinvanGroning

Publicado originalmente en https://pasionpais.net/

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