En la política venezolana / LA PARADOJA DE LA MODERACIÓN (y 2), por Alejandro Martínez Ubieda

Este sector está orientado al fracaso, salvo que su objetivo sea el debilitar las opciones de una transición democrática.

ENSAYO GENERAL DE UN FRAUDE: ELECCIONES REGIONALES 2017

El año 2017 se produjo la realización de elecciones regionales para la escogencia de gobernadores, las cuales tuvieron lugar en el mes de octubre a pesar de que debían haberse realizado en diciembre de 2016. Este retraso se produce en razón del temor del Partido Socialista Unido de Venezuela, que controlaba 20 de 23 gobiernos regionales, de que se concretasen en la elección los pronósticos que numerosos sondeos de opinión señalaban: perdería una muy importante cantidad de gobernaciones.

Si antes el gobierno había concentrado sus violaciones a la normativa electoral en lageneración de condiciones claramente ventajistas a su favor, al abuso de poder, la coacción a electores, el abierto chantaje a los funcionarios públicos, la amenaza y el uso de la fuerza en los centros electorales, en esta ocasión, vistos los resultados de la elección parlamentaria de 2015, fue mucho más allá.

El resultado del conteo sorprendió sobremanera. La oposición, que parecía encaminada a ganar al menos la mitad de las gobernaciones, obtuvo escasamente cinco victorias: Mérida, Anzoátegui, Nueva Esparta, Zulia y Táchira. La gobernación del estado Bolívar fue un caso particular: el CNE publicó en su portal web resultados en los que daba por ganador al aspirante opositor, Andrés Velázquez, con 49.37% de los votos, al tiempo que el candidato del PSUV obtenía 48.54%. Al día siguiente, la información fue borrada sin explicación alguna, y pocas horas más tarde el presidente Maduro anunciaba públicamente “Ya tenemos confirmado Bolívar para el chavismo”. En la madrugada de esa misma noche, el CNE publicó nuevos resultados, otorgándole la victoria al candidato chavista por una ventaja de 0,26%.

Cabe destacar que se había producido una grave irregularidad previa a la elección, cuando el CNE se negó a permitir que los votos obtenidos por el candidato opositor Francisco Sucre, quien retiró su candidatura para apoyar a Velázquez, se sumaran a los de este. Sucre obtuvo 0,26% de los votos.

“La acusación más alarmante llegó dos días después de celebrados los comicios. Velásquez denunció que el árbitro “forjó” un número de actas sumando fraudulentamente votos al candidato oficialista en centros donde la transmisión de resultados se hizo manualmente. (9) Once actas de escrutinio publicadas el miércoles 19 de octubre en el portal de la MUD demuestran que Noguera tenía 2.261 votos ‘manipulados’ adicionales, mientras a Velásquez le faltaban 154 votos, una brecha suficiente para alterar los resultados de todo el estado y para poner en tela de juicio todo el proceso electoral.”(1)0

Con este hecho el gobierno, dejando en evidencia el carácter subordinado del Consejo Nacional
Electoral y de la Sala Electoral del Tribunal Supremo de Justicia, dio un paso más en las violaciones de los derechos de los electores, pasando de las formas de fraude que le habían sido comunes hasta el momento, para llegar a la alteración de votos en sí mismos.

El otro hecho sin precedentes fue la declaración del presidente Maduro el 19 de octubre, señalando que quien resultase ganador en cada gobernación debería prestar juramento “y subordinarse” ante la írrita Asamblea Nacional Constituyente. Se trató, obviamente, de un requisito sobrevenido, inexistente en el marco legal y dirigido a buscar una suerte de humillación simbólica y pública de los opositores. Intentando cubrir el fraude, la írrita Asamblea Nacional Constituyente emitió, el 18 de octubre y ya electos los gobernadores, un decreto prohibiendo a los Consejos Legislativos tomar juramento a quienes no se hubiesen presentado previamente ante la ilegal institución.

En el estado Zulia, resultó electo como gobernador Juan Pablo Guanipa, quien obtuvo el 51.35% de los votos, quien decidió no presentarse ante la ANC. En consecuencia, se le impidió asumir su cargo.

Estos hechos, a no dudarlo, constituyeron un punto de quiebre en el clima político del país, que percibió con total claridad que el chavismo/madurismo no estaba dispuesto a competir electoralmente en condiciones justas. La oposición, a pesar de las precarias condiciones de la elección, participó en ellas, y los resultados evidenciaron que el gobierno había decidido avanzar de manera firme en la violación del marco electoral.

LA NO ELECCIÓN

Llegado 2018, cuando correspondió por mandato constitucional la celebración de elecciones
presidenciales, el régimen superó, en lo relativo a irregularidades y la consecuente pérdida de carácter competitivo del proceso, sus actuaciones electorales previas.

Veamos unas pocas de las condiciones de este ‘proceso electoral’:

  1. Las elecciones se convocaron finalmente para el 20 de mayo de 2018, cuando tradicionalmente debían haberse celebrado en una fecha cercana al 10 de enero de 2019, —tradicionalmente a comienzos de diciembre— cuando constitucionalmente se realiza la toma de posesión del mandatario electo. Esto, que es a todas luces inconveniente, por cuanto, entre otros aspectos, implica tener por un período de seis meses un presidente electo que podría ser distinto al presidente en ejercicio, así como un recorte brutal de los lapsos requeridos por el órgano electoral para la cabal organización de una elección que cumpliese con las debidas garantías, se debió al cálculo del PSUV de que su caudal electoral y su popularidad decrecían notablemente con el paso del tiempo.
  2. Ilegalización de los partidos políticos opositores. El CNE estableció, a partir de una solicitud del presidente Maduro, que aquellos partidos que no habían participado en la elección de autoridades municipales en 2017, debían someterse a un ‘proceso de validación’ de su militancia como requisito para participar en las elecciones de 2018. Este requisito, que no tiene basamento legal alguno, condujo a la imposibilidad de participación de los partidos Primero Justicia, Voluntad Popular, Mesa de la Unidad Democrática y Partido Unión y Entendimiento.
  3. Inhabilitación y persecución de los principales líderes opositores. Tanto Henrique Capriles Radonski como Leopoldo López, Antonio Ledezma y Freddy Guevara fueron objeto de medidas administrativas que les impidieron presentarse como candidatos a las elecciones.
  4. Uso intimidatorio del ‘carnet de la patria’, imposibilidad de acceso de los medios públicos de comunicación, uso abusivo de los recursos públicos en la campaña electoral, ausencia de observación electoral internacional y nacional.
  5. Limitación extrema de los lapsos para la inscripción de nuevos votantes.

Todos estos hechos, y muchos otros, llevaron a que tanto las Naciones Unidas, la Organización de Estados Americanos como la Unión Europea se negaran a acreditar observadores y, por el contrario, cuestionaran las condiciones en que se realizarían los comicios.(11)

Así, al anunciar el CNE la victoria de Nicolás Maduro no hubo sorpresa alguna. Con la más alta cifra de abstención registrada desde 1958, al inicio del período democrático, 53% de los venezolanos no acudió a votar. El candidato Henri Falcón cuestionó los resultados y solicitó la repetición del proceso, petición que, evidentemente, no prosperó.

En las condiciones planteadas, las elecciones perdieron por completo su carácter competitivo, vale decir, que el nivel de condicionamiento de la elección y la minusvalía impuesta a los opositores hizo completamente inviable su participación electoral y trajo consigo la denuncia activa del proceso tanto por los partidos políticos como por organismos internacionales e intergubernamentales.

La oposición decidió no participar en estos comicios, con la solitaria excepción del candidato Falcón, y denunciar internacionalmente las condiciones abiertamente ilegales en que se desarrollaron. Así, los partidos opositores con mayor representación parlamentaria asumieron la ruta política de la denuncia, y lograron evidenciar ante la comunidad internacional que el régimen de Maduro había, ahora sí, efectuado una violación del marco constitucional de tal alcance que le había permitido mantener el poder político al margen de la ley.

Entonces, al perderse por completo el carácter competitivo de la elección, no puede considerarse la negativa a participar como un caso de actuación radical de la oposición. Por el contrario, en un escenariocomo el aquí considerado, las opciones radicales probables serían otras: lucha armada, organización de focos de violencia, etcétera. Por el contrario, la vía asumida por la oposición agrupada en la Unidad Democrática fue la de centrar su política en la institucionalidad parlamentaria y a partir de allí construir la denuncia del régimen autoritario.

No obstante, un pequeño núcleo opositor, liderizado por el ex gobernador Henri Falcón y su partido Alianza Progresista, decidió participar en los comicios de 2018, con la complacencia del gobierno, que tendría así un elemento para intentar justificar que el certamen electoral contaba con opositores y que reunía condiciones razonables para todos los actores políticos.

Posteriormente, alrededor de la figura de Henri Falcón se han agrupado un grupo de políticos que, declarándose como opositores, se han planteado llevar adelante un esquema de negociación y diálogocon el régimen usurpador, al tiempo que sostienen encarnar una posición ‘moderada’. Sobre esto volveremos más adelante.

EPISODIOS RADICALES Y EPISODIOS MODERADOS

Hemos pasado revista a los episodios centrales en los que la oposición ha encauzado su accionar político de manera tendiente al radicalismo o la moderación desde el comienzo del período chavista/madurista y hasta junio de 2020. Hemos excluido de este análisis un conjunto de eventos muy relevantes, las distintas rondas de negociación entre las partes en conflicto, por considerar que deben ser objeto de un análisis específico.

Dentro del complejo conjunto de decisiones que ha tomado la oposición en dos décadas, hemos
considerado éstos como los puntos de inflexión que han determinado en lo fundamental el curso del debate político. Casi todos ellos están vinculados a procesos electorales, lo que constituye un factor importante de apego en general a la moderación.

El siguiente cuadro sintetiza el comportamiento de la oposición democrática en cada uno de esos eventos:

Moderación

en la oposición

Radicalismo

en la oposición

11 de abril 2001

x

Parlamentarias 2005

x

Presidenciales 2006

x

Referendo 2007

x

Elecciones 2012

x

Elecciones 2013

x

La Salida 2014

x

Parlamentarias 2015

x

Regionales 2017

x

Elecciones 2018

x

En relación con los sucesos del 11 de abril de 2002, siendo este un episodio en el que la actuación de las fuerzas opositoras se condujo bajo parámetros radicales, no fue una operación política dirigida por los partidos políticos opositores, a pesar de que participaron en algún grado de los hechos. Es por ello que sería incorrecto adjudicarles la dirección y el resultado de la situación por completo. No obstante, hemos considerado el evento dentro del marco del radicalismo, por cuanto privó la búsqueda de una solución de fuerza antes que institucional.

De igual modo, la decisión de los partidos opositores en 2005 de no participar en las elecciones
parlamentarias, a pesar de que su nivel de desarticulación era notorio para el momento, con partidos tradicionales ‘atontados’ por la aluvional aparición del chavismo y partidos nuevos con creciente pero insuficiente despliegue social, puede ser considerada una decisión orientada a la búsqueda de una solución rápida y definitiva que poco tomó en cuenta las consecuencias de su decisión en el mediano y largo plazo. Vale decir entonces, que se trató de una decisión orientada al radicalismo.

La presentación de la candidatura unitaria de Manuel Rosales en 2006 se produjo en un cuadro en el que la abstención del año anterior aún pesaba en el ambiente político. No obstante, la oposición decidió participar, superar el clima de opinión pública adverso y enfrentarse electoralmente. De la derrota que obtuvo surgieron importantes aprendizajes y comenzó a labrarse el camino de una unidad de objetivos que ha sido clave en la construcción del espacio democrático. Se trató, evidentemente, de una apuesta a la moderación.

La participación de la oposición en el referéndum constitucional de 2007 se produjo en el marco de fuertes discusiones en el seno de los partidos políticos enfrentados al chavismo. Al triunfar la tesis de la participación opositora, y la consecuente victoria de la opción que apoyó, negando la aprobación de las reformas planteadas por el gobierno, queda claro que la posición asumida por la oposición fue la posición moderada.

Por su parte, la participación de la oposición agrupada en torno a la Unidad Democrática en las
elecciones presidenciales, tanto las efectuadas en 2012 como la celebrada a raíz de la muerte de Chávez en 2013, evidencia una conducta moderada. A pesar de los obstáculos impuestos por el gobierno y las crecientes y notorias violaciones a la constitución y las leyes, la oposición mantuvo una línea de acumulación de fuerzas que fue clave para la posterior victoria electoral de las elecciones parlamentarias de 2015, donde se manifestó de nuevo una clara conducta moderada y al tiempo exitosa. Cabe destacar que el evento del año 2015, adicionalmente, estuvo precedido de un episodio de inspiración radical, como fue el llamado La Salida, por lo que el retorno a la moderación tiene un valor particular.

Las elecciones regionales de 2017, por su parte, las hemos clasificado igualmente como un momento de moderación, en el que se decidió participar en un evento en el que era previsible que el gobierno nuevamente controlara el proceso para limitar su carácter competitivo. La participación de la oposición fue una clara apuesta a la moderación, a pesar de que los resultados posteriores ratificaron todas las presunciones que permitían prefigurar un desenlace más que desalentador.

Llegadas las elecciones presidenciales de 2018, tal como hemos descrito, el gobierno decidió escalar aún más las inequidades que ya comenzó a poner en práctica el año anterior, y convocó un proceso electoral clara y definidamente no competitivo, vale decir, una contienda en la que no había posibilidad alguna de que la oposición, con independencia de su caudal electoral, obtuviera la victoria.

La moderación y el radicalismo son nociones que obviamente dependen sustancialmente del contexto en el que se desarrollan, y si bien hemos considerado que, en términos generales la participación en procesos electorales se asocia a la moderación, al agravarse de manera rotunda las condiciones electorales y perderse el carácter competitivo del certamen la no participación electoral debe considerarse una respuesta moderada.

Se evidencia que la abstención es una conducta moderada al considerar las opciones alternativas realmente radicales, como podrían serlo el cierre del espacio político para pasar a la ejecución de acciones violentas de insurgencia, lo cual no ha sido siquiera asomado por los demócratas enfrentados al régimen autoritario. Esto, tomando en cuenta que la situación venezolana está, desde hace un buen tiempo, poblada de asesinatos políticos, persecuciones y torturas, es muy descriptivo de la convicción de la Unidad Democrática que enfrenta al régimen.

Así, de los diez eventos analizados, ubicados entre 2002 y 2020, se desprende que en siete de
ellos la oposición optó por la alternativa moderada, y sólo en tres de ellos asumió posturas radicales. Por otra parte, de los tres eventos en los que prevaleció la opción radical, dos de ellos tuvieron lugar en el primer lustro del régimen revolucionario, y el más reciente en 2014.

Todo ello nos permite concluir que la oposición democrática venezolana se ha conducido
mayoritariamente en el campo de la moderación. Un análisis más profundo, que no se realiza en este texto, podría incluso buscar establecer los niveles de participación de los partidos políticos y sus líderes en cada uno de los eventos aquí considerados, para contrastar esta preponderancia de la moderación con actores individuales. Es probable que tal análisis permitiera constatar que la mayoría de los líderes políticos democráticos han sido consistentes en el carácter moderado de sus propuestas a lo largo del período 1999-2020.

LA PARADOJA DE LA MODERACIÓN

La moderación es condenada y alabada al mismo tiempo, por distintas razones y distintos actores. Los moderados reciben ataques desde distintos flancos. En un contexto en el que el chavismo/madurismo construyó una narrativa política militarista que privilegia el valor de la fuerza, de la valentía, de la acción como opuesta a la razón y que evidencia continuamente su desprecio por lo político, en el que un líder inicialmente electo democráticamente como Chávez, militar retirado, comúnmente utilizó uniforme militar para dirigirse a la nación y su sucesor, civil sin carrera militar, lo hace frecuentemente con indumentaria con apariencia de uniforme militar, se ha instalado un ánimo colectivo poco favorable a
la moderación. (12)

Así, el discurso político del chavismo/madurismo es frontal, desprovisto del más elemental respeto por quienes le objetan y a quienes ha privado de la condición de iguales. Este discurso, siempre maniqueo, siempre radical, coexiste con una maquinaria comunicacional que ha descubierto que el formidable carisma que de manera natural e intuitiva desarrolló Hugo Chávez se basaba en no poca medida en su capacidad de producir mensajes dicotómicos, simples, en los que cada acción y cada propuesta que asomaba traía consigo un enemigo al que ‘derrotar’, un enemigo de carne y hueso al que había que destruir. Ese discurso no planteó la discusión, la búsqueda de entendimiento, sino la ubicación de un enemigo rotatorio, un día era la banca, al otro los políticos y al siguiente, inexorablemente, un chavista que ya no era tal. Un traidor.

Por otra parte, un pequeño sector de la oposición liderado por María Corina Machado, sin
representación parlamentaria —más allá de algunos diputados suplentes—, ubica el enfrentamiento con el chavismo/madurismo en el terreno de la moral, de los ‘principios’, planteando así un cuestionamiento a “los políticos” en un área muy similar a la que —por otras vías— esgrime el chavismo/madurismo. Se trata pues, de un espacio que deviene en planteamientos antipolíticos que no busca construir sus posiciones sobre la base de los desplazamientos concretos del poder, sino más bien desde la óptica de un deber ser
radical, moralmente correcto y políticamente inútil. Este sector, pequeño y ruidoso, dificulta las posibilidades de una unidad de todos los sectores opuestos al régimen. Sus mensajes, sus posturas, son frecuentemente dicotómicas, binarias, y desprecian, al igual que el régimen, las iniciativas orientadas al logro de una transición que implique cualquier mecanismo de negociación o vía moderada. Todo o nada.

Son varios los autores que han tratado el tema de la ‘mente simplificadora’ que caracteriza al ser humano, que recibe mensajes que le permiten, como señala Manuel Arias Maldonado (13), ‘pensar barato’, rápido y a bajo costo, dado el carácter hipersimplificado de los mensajes, que, además, son en gran medida, mensajes emocionales más que mensajes que conlleven la necesidad de procesar información de mayor calado y, en consecuencia, que obliguen a un ‘pensar lento’, menos obvio y eventualmente contraintuitivo, pero con una mayor capacidad de aprehender la complejidad de la realidad.

Mientras el chavismo/madurismo desarrolla su mensaje militarista, poblado de imágenes que apelan a la fuerza, bien representado por el gesto que usó Chávez en sus campañas chocando un puño cerrado contra la palma de su mano, gesto de pelea física de baja ralea, sectores como el de María Corina Machado relanzan cada cierto tiempo el video en el que se dirige a Chávez en una sesión en el parlamento y le espeta “…expropiar es robar…” destacando que ella es ‘la única’ que le habló claro y sin cortapisas al extinto líder. Sin las ‘dudosas’ negociaciones y diálogos en los que otros líderes de oposición eventualmente participan.

Así, en este marco de informaciones sesgadas, falsas noticias y generación deliberada de contenidos manipuladores en las redes sociales, la moderación sufre un ataque constante de dos sectores: el régimen usurpador con su maquinaria propagandística y la esencia de su proyecto político naturalmente radical, por una parte, y por la otra, de los sectores antipolíticos que, siendo opuestos al chavismo/madurismo, lo son también de la moderación.

LOS LOBOS SOLITARIOS CONTRA LA MODERACIÓN

A partir de 2018 aparece un nuevo factor en la política venezolana, cuando Henri Falcón, exgobernador del estado Lara en las filas del chavismo, posteriormente separado del PSUV, decide presentar su candidatura presidencial, a contrapelo de la decisión mayoritaria en la oposición de no participar en dicho proceso.

Como ya hemos señalado, Falcón denuncia el fraude electoral sin obtener siquiera respuesta de los órganos oficiales. Sin embargo, comienza a conformar una plataforma política que busca promover una suerte de ‘nueva oposición’. Se ofrece a participar —y participa— en diálogos con el gobierno, que ya para entonces usurpa abiertamente el poder, y atrae para sí un conjunto de figuras en las que resalta una característica común: son lobos solitarios de la política que hoy deambulan opinando, vaticinando, sugiriendo, enviando mensajes que no tienen, más allá de su inspiración o intuición, base social o política que los sustente. No hay la construcción de una fuerza política orgánica, hay, eso sí, ‘personalidades’, políticos que por una u otra razón, no han encontrado espacio en los partidos políticos de la Unidad Democrática.

Este sector, vista su escasa base social y sus limitadas capacidades de influencia, depende in extremis de la buena voluntad del régimen usurpador para obtener cualquier resultado democratizador en sus gestiones ante este. Su afán por convertirse en un contrapeso que sea legitimado por el régimen carece justamente de peso, de fuerza política concreta. Carecen de legitimidad institucional, carecen de pueblo, carecen incluso de partidos políticos medianamente establecidos. Sin embargo, están en el ruedo y buscan desesperadamente abrirse un espacio político ¿Cuál es ese espacio? La moderación.

Para ocupar ese espacio, entonces, este sector liderado por Falcón busca desplazar a quienes hoy lo ocupan. Sólo desplazando a la mayoría parlamentaria que respalda al gobierno interino pueden aspirar a mejorar sus posibilidades de influir. De allí que sostienen un discurso que busca ‘enmarcar’ al gobierno interino como radical, extremista. Su discurso, adicionalmente, trata repetidamente de equiparar al régimen usurpador y al gobierno interino como si se tratase de dos fuerzas que comparten en términos exactamente iguales la responsabilidad de la grave situación que hoy atraviesa el país. No se trata de asumir ingenuamente que el gobierno interino no ha cometido errores, como todo actor necesariamente comete, pero el llamado a equiparar errores con la destrucción de la institucionalidad política que tanto costó a Venezuela edificar es un despropósito.

Henri Falcón recurre a una línea discursiva constante: Maduro y la oposición nucleada en torno a la unidad democrática son iguales, responsables en igual medida de la tragedia que vive el país. De hacerse una recopilación de los mensajes en redes sociales de este grupo, probablemente se encontraría que, con gran precisión, dedican un mensaje contra el régimen de maduro y uno contra el presidente Guaidó.
Mensajes simples, básicos y dicotómicos que apelan a la emoción en detrimento de la razón.

Este sector está orientado al fracaso, salvo que su objetivo sea el debilitar las opciones de una transición democrática. No comprende que para negociar se debe tener el respaldo de una fuerza concreta, amenazante y abierta al diálogo al mismo tiempo.

Así las cosas, la paradoja de la moderación perturba las posibilidades de un avance definitivo hacia la democratización del país. Los moderados son atacados, obviamente desde el régimen usurpador, y al mismo tiempo por los sectores antipolíticos que abiertamente la desprecian, como en el caso de María Corina Machado. Desde otra perspectiva, surge más recientemente el ataque de grupos como el que encabeza Henri Falcón, que carentes de espacio político propio, se enfrentan a los moderados agrupados en torno a la unidad democrática, buscando generar una suerte de ultramoderación de punta roma.

Notas

(9) El detalle de cada acta alterada puede verse en Informe de Observación, Elección de Gobernadores 2017, Observatorio Electoral Venezolano, pág. 70.

(10) Informe de Observación, Elección de Gobernadores 2017, Observatorio Electoral Venezolano.

(11) En total, 46 países desconocieron el proceso electoral. Informe de Observación Electoral, Elecciones Presidenciales y de Consejos Legislativos 2018, Observatorio Electoral Venezolano, (Parte II).

12) Cabe añadir que la ‘militarización de la política’ en el período chavista/madurista no se ha limitado a gestos dispersos. También este fenómeno ha estado acompañado de una militarización del lenguaje, en el que repetidamente se insta a la ciudadanía a constituirse en batallones o brigadas, a incorporarse a ‘contraataques’, a estar preparados para repeler —no al adversario, sino al enemigo— y afrontar un combate que se debe librar “rodilla en tierra”.

13) La Democracia Sentimental, política y emociones en el siglo XXI, Manuel Arias Maldonado, 2016.

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