El caso Navalny / LA CAMPAÑA DE DESINFORMACIÓN RUSA, por David Alandete

El envenenamiento de Alexei Navelny, líder contra Putin, denunciado por el gobierno alemán, ha generado una campa{a mediática afín al Kremlin.

El prominente opositor ruso Alexei Navalny fue llevado a Alemania en estado de coma el 22 de agosto para ser sometido urgentemente a un tratamiento médico. Se realizaron exámenes toxicológicos en un laboratorio militar alemán, que mostraron «pruebas inequívocas» del envenenamiento, según las autoridades alemanas.

Los medios estatales del Kremlin ni siquiera han tenido que crear una nueva estrategia para cumplir su labor ante el caso del envenenamiento del líder opositor ruso Alexei Navalny, trasladado de Siberia a Alemania, donde recibe tratamiento gracias a la iniciativa de la canciller Angela Merkel. La gran estrategia de engaño, confusión y blanqueamiento del régimen ruso en otro oscuro episodio de agresión a un crítico del presidente Vladimir Putin sigue un viejo patrón diseñado hace años y puesto en marcha tras el derribo de vuelo 17 de Malaysia Airlines en 2014 y el envenenamiento del espía Sergei Skripal en el Reino Unido en 2018, entre otras crisis humillantes para Moscú.

Son abundantes los ejemplos de notas en RT, Sputnik y el resto de medios afines al Kremlin que se dedican a sembrar dudas sobre el envenenamiento mismo y sobre las verdaderas intenciones del gobierno alemán para evacuar y tratar a Navalny. En esas informaciones se sigue el patrón adquirido en tantas y tantas campañas de desinformación: fuentes dudosas que dan lugar a titulares grandilocuentes y engañosos, ausencia de firma y confusión de géneros. Tomemos por ejemplo la nota de RT en español: «Médico ruso cuestiona el presunto envenenamiento de Navalny: Sus riñones, pulmones e hígado no estaban dañados».

Ese médico que cita el titular es «el toxicólogo jefe del Distrito Federal de Siberia, Alexánder Sabáyev», miembro del equipo que trató a Navalny en el hospital de Omsk y además funcionario del Estado ruso. Es decir, es una fuente de parte, ya que los médicos del hospital de Omsk, incluido él, sí trataron a Navalny por envenenamiento —le dieron tres miligramos de atropina, un antídoto para gases nerviosos— y, una vez el paciente estuvo estable por el efecto de ese tratamiento, afirmaron que no había rastros de un veneno que sí detectaron en sangre los médicos alemanes.

Es decir, ese médico ruso del titular de RT simplemente repite la que ha sido la línea de defensa del régimen ruso, del que él mismo depende. Aun así, sin contextualizar, el medio estatal ruso le atribuye, con todas las cautelas —«cuestiona el presunto envenenamiento»— una afirmación engañosa: «Sus riñones, pulmones e hígado no estaban dañados». Probablemente no estaban dañados porque el propio doctor Sabáyev le administró la atropina a tiempo, para luego negar, en contra de toda evidencia, que esta fuera útil.

Después esta nota de RT, que como muchas de las que publica ese medio carece de firma, rompe otra norma periodística: emplea a esa misma fuente de parte para reproducir conjeturas, opiniones, medias verdades: «En su opinión, la condición de Navalny podría haber sido provocada por algún factor externo. “Esta situación pudo haber sido provocada no solo por las dietas, pudo haber sido desencadenada tal vez por algunos excesos de alcohol que no conocemos. Podría haber sido desencadenada por un estado de estrés, un exceso de trabajo”, detalló el médico». Es decir, puede que Navalny fuera un alcohólico, y estas sean las consecuencias de su estilo de vida.

Todos los detalles y matices quedan fuera de este tipo de notas. Sí se molesta el autor de la información en hacer referencia a un experto que ha salido a relucir abundantemente en los medios del Kremlin durante toda esta crisis: Leonid Rink, a quien se identifica como «uno de los padres de los agentes nerviosos del grupo Novichok», que fueron los que según Alemania se emplearon con el opositor. «Rink afirmó que Navalny no pudo haber sido envenenado con esa sustancia. Según sus palabras, si el opositor ruso hubiera sido intoxicado con ese agente nervioso, “habría estado descansando en el cementerio desde hace mucho tiempo”, en lugar de haber entrado en coma».

Rink, como el doctor Sabáyev, cumple un papel esencial como fuente informativa: sembrar dudas de que Navalny fuera envenenado y librar de culpas al Kremlin ya no sólo de una posible autoría del envenenamiento sino también, y más oneroso, de su negativa a abrir una investigación. Calla ese experto, como callan los medios que lo citan, que en 2018 dos espías rusos emplearon Novichok en el envenenamiento del espía Skripal y su hija, y que ambos entraron en coma y sobrevivieron.

Como en aquella crisis, que la entonces primera ministra británica Theresa May gestionó con la misma determinación que hoy Angela Merkel en Alemania, las notas que emanan del Kremlin por medio de sus medios también apuntan a una conspiración para culpar a Rusia de algo que le es totalmente ajeno. Algunos ejemplos tomados de esos mismos medios: «Moscú no descarta que Berlín use a Navalny para justificar las sanciones antirrusas ya preparadas», «Expertos internacionales explican por qué son deficientes las teorías de que las autoridades rusas querían envenenar a Navalny», «Rusia afirma que “no se beneficiaría” si Navalny fuera envenenado deliberadamente y tacha de “ofensivas” las acusaciones de Occidente».

Como en los casos de Skripal y el vuelo de Malaysia Airlines, el objetivo es ofrecerle al lector tantas versiones y tantos matices que al final lo único cierto es que no hay ninguna certeza. Según esos medios de propaganda, en la neblina de la ignorancia, nunca se sabrá qué le pasó en realidad a Navalny, que, según las muchas versiones de los medios rusos, podía ser un alcohólico, podía haber sufrir una indigestión o tenía una dolencia rara del metabolismo. Es el antiperiodismo disfrazado de periodismo, la esencia misma de la desinformación.

David Alandete

David Alandete

David Alandete. Periodista y editor español de medios escritos, radio y televisión. Corresponsal del diario ABC de España en Washington. Fue director de redacción del diario El País de Madrid y su primer editor en jefe digital. Máster en Periodismo (Madrid) y en Política Internacional (Universidad George Washington). Experto en desinformación y ciberseguridad. Autor de Fake News, la nueva arma de destrucción masiva (Ediciones Deusto, 2019).

Publicado originalmente en https://dialogopolitico.org/

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