Ante una polémica pública / EN DEFENSA DEL REALISMO MÁGICO, por Antonio Llerandi

Yo creo que el papel que hicieron ambos, sendos dos, fue, para decirlo de una manera suave, por lo menos deslucido.

Esa parte de la humanidad que deambula por los alrededores de ese sitio que a falta de mejor nombre hemos dado por llamar Venezuela, hemos sido testigos ¡Oh! culares, virtuales, chatísticos mas no presenciales, de un pleito entre una pareja de dos donde de alguna forma el país y nosotros salimos a relucir.

El eminente señor Elliot Abrams, responsable (¿?) de la administración de EEUU para Venezuela y ahora encima de Irán —pobre hombre, no lo envidio—  y la estimada señora María Corina Machado, dirigente política de un partido llamado Veinte Venezuela, se han sacado los trapos sucios y los han ventilado a diestra y siniestra, y como los trapos cuando están sucios y los sacuden mucho terminan salpicando a un gentío, es bueno que el asunto se controle.

Para tratar de entender la cuestión voy a usar un símil, sin que esto, válgame Dios, signifique ninguna insinuación malsana ni nada por el estilo. Supongamos que el señor Abrams y la señora Machado son un matrimonio. O fueron un matrimonio para ser más exactos.  Tenemos elementos que nos hicieron pensar así, ya que hubo carantoñas de lado y lado, que hay que presionar al máximo, que si el hombre está que de un empujito se cae, que si probamos con unos enviados a ver cuán fuerte está, que si todas las opciones estaban sobre la mesa, o debajo, y todos aquellos que hemos estado casados sabemos la cantidad de cosas que se pueden hacer sobre o debajo de una mesa.

La cosa pasó a mayores cuando se separaron, como todo matrimonio mal avenido. Triunfó la definición del casamiento como un árbol de acacia, primero son puras flores y después puras vainas. Y el señor Abrams le dijo de todo a la señora Machado, lo único que le faltó fue compararla con la otra Corina, la que metió en un peo al ex Rey de España. Y ella, ni perezosa ni corta, le dijo que fuera a meterse con otra, que qué vaina era esa de estar opinando sobre este país que se respeta, carajo, porque una vaina es opinar —que eso no debe hacerse— y otra es invadir, que eso si debe hacerse. Y encima, como todo pleito matrimonial, que tú me engañaste, que me dijiste que me querías y ahora me sales con eso, y un largo etcétera, sobre el cual todos hemos sido educados sustancialmente por las teleculebras latinoamericanas.

Yo creo que el papel que hicieron ambos, sendos dos fue, para decirlo de una manera suave, por lo menos deslucido. Cuando uno ha estado cerca del otro y le conoce sus intimidades no es de buena educación sacárselas después, y convertirlo en pasto de las llamas de los incendiarios. Hubieran podido conseguir algún mediador, algún psicólogo o psiquiatra que los ayudara. Lástima que el Dr. Chirinos falleció, aunque Héctor Manrique que lo imita tan bien y además sabe de política los hubiera podido ayudar, yo estoy seguro que si se lo pedían no se hubiera negado.

En el colmo del paroxismo verbal, el gringo ese —a María Corina sólo le faltó llamarlo así— le dijo que lo que ella proponía era “surrealista y que le recordaba a Gabriel García Márquez y el realismo mágico”. En primer lugar, en muchos escritos en EEUU colocaron Marqués, así con s y el acento mal puesto, pero bueno eso es lo de menos, porque los gringos no saben mucho de idioma y muchísimo menos de acento porque no los usan.

En todo caso, de ese lado de la contienda, o del ring de boxeo, la cosa quedo bastante feíta que digamos, no sólo con el Marqués ese, sino porque demuestra que el alto representante no es tan alto ni tan representante, porque no tiene mucha noción de lo que es surrealista, a lo mejor se lo preguntó a Trump y este lamentablemente le dio una explicación equivocada. Pero bueno, defender el surrealismo de tanto mal uso ya es demasiado común en el mundo, y además eso se originó en Europa y los europeos que defiendan sus vainas.

Yo voy con lo que me interesa y me duele. Mi realismo mágico se respeta, carajo. Una vaina tan importante como lo que eso ha significado no va usted, por muy guapo y apoyao que se crea, a enlodármelo de esa manera. Que bastante sangre, sudor y lágrimas le costaron a un puño de escritores de estos lados por lograr ese escalón en la literatura mundial, para que venga usted ahora, por un vulgar pleito de pareja, a mal usarlo de esa manera. Una guerrilla de tuiteros, muy bien formada y entrenada en sopotocientas mariqueras menos importantes, estamos dispuestos no solo a desgarrarnos las vestiduras, sino a enfrentarnos cual negritos de black lives matter, al cargote ese que usted ostenta y que no sabemos quién coño le dio velas en este entierro y mucho menos a enlodar con esa pelea de solar a nuestro ilustrísimo movimiento literario.

Si de algo está lejos la señora Machado es del realismo mágico, su falta de arrabal es notoria. Así que el símil, si es que pretendía que su bocanada de odio la vapuleara, eso ni coquito.  Nada más lejos la señora Machado del realismo y muchísimo menos del mágico.

Espero que el asunto se apacigüe, por el bienestar de los contendientes por una parte y por la otra darnos el chance a los observadores del pleito de ocuparnos de otras pendejadas tan poco importantes como esta, pero más divertidas por lo menos. Usted, señor Abrams, a ocuparse de Irán, a ver si por allá no la caga tanto como por acá, aunque la justicia norteamericana una vez lo condenó por lo que hizo hace unos años, aunque después Bush lo indultó, y a la señora Machado, a seguir dirigiendo a sus Veinte Venezolanos por Venezuela para ayudar a nuestra liberación. Y a ambos, con toda mi sinceridad le recomiendo una sesión de boleros latinoamericanos, que son el mejor antídoto para el guayabo, o despecho, como lo llamamos los propiciadores de esa vaina tan buena que ha alcanzado altura universal: el realismo mágico.

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