Un día perfecto / MAMBRÚ SE FUE A LA GUERRA, por Alfonso Molina

El film de León de Aranoa tiene un desarrollo narrativo muy coherente y un final sorprendente pero muy lógico.

Es verdad que Netflix y Amazon y otras plataformas ofrecen producciones absolutamente prescindibles, pero quien busca con insistencia y buen ojo logra encontrar filmes y series de importancia. Eso me sucedió con Un día perfecto cuando descubrí que había sido dirigida por Fernando León de Aranoa —autor de las excelentes Barrio (1998), Los lunes al sol (2002) y Princesas (2005) aunque también de la irregular Escobar, la traición (2017) y otras piezas— y que entre su elenco se encuentran Benicio del Toro y Tim Robbins.

Hallé una comedia negra ambientada “en algún lugar de los Balcanes” a mediados de los años noventa, cuando se esperaba el tratado de paz entre Bosnia, Serbia y Croacia, y los Cascos Azules de la ONU había ocupado la amplia región bélica y algunas ONG actuaban llevando solidaridad y ayuda. En este marco se ubican el puertorriqueño Mambrú (Benicio del Toro), el norteamericano B (Tim Robbins), la francesa Sophie (Mélanie Thierry), la rusa Katya (Olga Kurylenko) y el bosnio Damir (Fedja Stukan). Los cinco son cooperantes de una ONG ficticia. Cada uno tiene su drama personal. El ‘día perfecto’ de estos personajes comienza cuando deben sacar el cadáver de un hombre de un pozo de agua para que los lugareños no se contaminen. Allí comienzan los conflictos que se extienden hasta el día siguiente y por todo ese territorio inhóspito y destruido. Así es la guerra y los organismos internacionales poco pueden hacer.

Mambrú tiene varios años en la guerra de Bosnia y quiere regresar a casa. B está más loco que una cabra y no tiene rumbo definido. Sophie acaba de llegar a la zona y simplemente quiere ayudar a los seres humanos. Olga intenta retomar una vieja relación con Mambrú. Damir quiere que se acabe la guerra. Y el niño Nikola solo quiere un balón de fútbol. Con se cuadro humano León de Aranoa construye una comedia con visos de drama que no busca que el espectador suelte la carcajada sino más bien estimula su comprensión de estos pequeños drama en el marco de la tragedia bélica.

El director madrileño abandona España y realiza una película hablada en inglés, con algunos diálogos en bosnio, francés y castellano y con un excelente elenco internacional. Parte de un hecho sencillo —buscar una soga para sacar el cadáver del pozo— para ampliar su trama hacia otras complejidades que revela el absurdo de la guerra, el oportunismo, la indiferencia y la frustración.

De varias maneras, Un día perfecto recuerda aquella célebre MASH (1970) de Robert Altman, magnífica comedia negra sobre un campamento médico norteamericano en la Guerra de Corea. Pero el film español tiene una visión multinacional y expone diversas ópticas sobre una misma realidad. Ya por razones étnicas, religiosas, culturales o ideológicas, todas las guerras tienen una carga de lo absurdo, incluso la Segunda Guerra Mundial que supuso la liberación del mundo de la hegemonía nazi o fascista. La antigua Yugoslavia buscó su independencia de la órbita soviética y devino territorio de devastación.

El film de León de Aranoa tiene un desarrollo narrativo muy coherente y un final sorprendente pero muy lógico, como pregona Jean-Claude Carrière en sus lecciones de guion. Desde luego no lo comento, pero me parece perfecto. Véanla. Cine del bueno.

UN DÍA PERFECTO (A perfect day), España, 2015. Dirección: Fernando Léon de Aranoa. Guion: Fernando Léon de Aranoa y Diego Farias, sobre la novela Dejarse llover de Paula Farias. Fotografía: Alex Catalán. Música: Arnau Bataller. Elenco: Tim Robbins, Benicio del Toro, Olga Kurylenko, Mélanie Thierry, Fedja Stukan, Eldar Residovic, Sergi López. Disponible en Netflix.

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